«Sabía que a su amigo lo mataban y no pudo hacer nada»

Los docentes escucharon la dramática confesión sobre un crimen con muchos puntos oscuros

Apareció en las páginas de los diarios como un asesinato más. Una discusión, alcohol de por medio, armas que salen a relucir y los consecuentes disparos que horas más tarde terminan con la vida de un joven.

Sin embargo, ya en su edición del 26 de agosto pasado «Río Negro» anticipaba que el ataque a Gustavo Carimán en el «minishoping De María» de Barrio Nuevo tenía puntos oscuros. Armas desaparecidas, testigos mudos y el dermonitrotest positivo (que evidencia rastros de pólvora) en una persona que no fue detenida inmediatamente pero que hoy está procesada tras las rejas en la Alcaidía local.

La conexión del crimen de Carimán con un ajuste de cuentas dentro de una banda dedicada a comercializar estupefacientes se estableció en los pasillos de un secundario roquense. Fuentes reservadas aseguraron que un joven se presentó desesperado ante un grupo de profesores y pidió ayuda para salir del submundo en el que estaba sometido. Allí comentó que «a un amigo suyo le habían pegado dos tiros por buchonear algo» y que a él también «lo apretaron» para que no dijera nada. La dramática confesión fue más allá y reveló para los docentes un escenario que sospechaban pero que no creían poder palpar tan cerca. Su joven alumno formaba parte de una organización que vendía drogas en la puerta del colegio a compañeros consumidores.

La información que las fuentes confiaron a este diario fue confirmada por otros docentes que escucharon el relato del joven. «El sabía que a su amigo lo iban a matar, pero no pudo hacer nada».

Pasaron los días y la investigación policial pudo avanzar poco. Había una víctima, un escenario y muchas incertidumbres. O no.

De acuerdo a lo informado por la policía pocas horas después del episodio, en el momento que los proyectiles -que serían de bajo calibre- ingresaron en la cara y la nuca de Carimán, en el local de San Juan 3.465 estaban varias personas. Todas fueron trasladadas hacia la comisaría 21, donde se les tomó declaración testimonial antes de que algunos fueran sometidos al dermonitrotest por personal de Criminalística.

La misma tarde del 25 de agosto, un agente de esa dependencia informó a «Río Negro» que una de las pruebas dio positivo. Sin embargo, ningún sospechoso fue detenido. Y cuando se libró la única orden de captura de la causa, una de las implicadas en el hecho, María Rosa Pena, ya no estaba en Roca.

¿Por qué la Policía no demoró a ninguno de los presuntos implicados o testigos hasta conocer el resultado de las pruebas? Esta es una de las tantas preguntas que surgen en el caso.

Lo cierto es que la mujer se presentó espontáneamente ante el juez Pablo Iribarren el 24 de septiembre pasado. Con el examen de pólvora y unas pocas afirmaciones de testigos, el magistrado dictó su procesamiento y prisión preventiva, presumiendo que fue quien disparó a Carimán.

También se supo que los motivos que la llevaron a asesinar al joven aún son poco claros para la Justicia, porque en su declaración Pena negó la autoría del hecho y el silencio manda entre la mayoría de los que presenciaron el final para la vida de Carimán. Hasta el momento, la vinculación entre la banda y el crimen es la establecida por el joven que confesó ante los docentes.

Mientras tanto, el amigo de la víctima busca un refugio en otra ciudad para alejarse del terror que lo invade. Los docentes que escucharon su confesión dicen que está solo, no tiene familia en Roca y los caminos para ayudarlo no abundan.


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