Sin “General”, sin “Ella”

ANÁLISIS

Carlos Torrengo carlostorrengo@hotmail.com

Decía Félix Luna que el peronismo nació sin prehistoria. “Y como no tenía prehistoria, no podía tener historia”. Y luego –acotaba “Falucho”– se encargó de tejer su vida. Pero anoche, en el Coliseo, el peronismo sí fue prehistoria. El kirchnerismo lo colocó en ese espacio en beneficio propio. Ratificando su determinación que, para sus designios de poder, el peronismo es un lastre. Con sus brutalidades. Con sus grandezas. Con su polifonía. Con sus liturgias. Con su folclore. Con su pasado épico. Y también lacrimógeno. Con sus muertos. Y con los que mató. Con el General montando en su pinto. O rajando rumbo a la cañonera. Con Evita despiadadamente carcomida por el cáncer. Con la centralidad que el cuerpo de Evita tuvo por largo rato en la historia del país… “Eva, Eva, la historia con nombre de hembra, la historia con polleras, sexo y vagina”, la Eva de Beatriz Guido en “El incendio y las vísperas”. De todo ese pasado siguió anoche tomando distancia el planeta K. La única Evita presente en el teatro fue Esther Goris, quien aplaudió con firmeza de claque cada reflexión de la presidenta. Lo único parecido a Perón que hubo se lo pudo encontrar en el afuera del teatro: Víctor Laplace. Junto a Goris años atrás fungieron del General y su esposa en una muy buena película. Por lo demás, nada de marcha. Y si no hay marcha, no cuenta Hugo del Carril. Cero en escudos. Y también en materia de caballo pinto. Poda total de simbología. Del pasado como convergencia común que identifica. Sólo “ella”. Pero no la “Ella” de aquel cuento que sirvió a Juan Carlos Onetti para ficcionar, mediante una interesante técnica, sobre la exhibición pública del cadáver de Evita. Otra “ella”: Cristina. Ni una palabra sobre “Ella”. Prehistoria. Y nada del “General”. “Hizo bien en morirse, porque si hubiese estado vivo lo estaríamos procesando por usar uniforme”, suele decir un conocido intelectual peronista de profesión filósofo. Pero si estaba presente “él”. Muy presente en el discurso de su esposa, la presidenta. También en banderas. Pancartas. En toda la significación del acto en el Coliseo. Ahí estuvo “él”, Néstor Kirchner. Un teatro en el que anoche no se sintió la ausencia de un actor: el peronismo.


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