Tu próximo trabajo: la importancia de «hablar con las máquinas” (o el futuro del empleo tech)

Aunque las empresas y los avances tecnológicos sean una gran promesa para el trabajo y la economía, el sector también tiene sus traspiés y se ve obligado a aprender de sus errores. Para conocer algo de este trayecto en los últimos años y el panorama actual, hablamos con la diseñadora UX Sofía Cáffaro y el programador Augusto Figueroa.


Las empresas tecnológicas tuvieron un récord de contrataciones en Argentina durante el primer semestre de 2023, incorporando a casi 30.000 nuevos trabajadores registrados. Según publicó el diario Clarín, el rubro emplea a 486.000 trabajadores calificados y representa el 7,4% del total del empleo privado nacional. Aunque muchas veces son calificadas como «el motor laboral del futuro» y su desarrollo es prometedor, el sector también tiene sus recesiones, en particular en términos de contratación: actualmente, empresas como Google, Amazon, Facebook y Twitter atraviesan un momento de despidos sin precedentes.

Sofía Cáfaro y Augusto Figueroa son una pareja que lleva años trabajando en el universo de la tecnología de la información (rubro conocido por sus siglas en inglés, «IT»). Sofía se formó como Diseñadora Gráfica en la Universidad de Buenos Aires y se desempeña como diseñadora UX (por sus siglas en inglés, user experience), disciplina que enseña en su misma facultad. A grandes rasgos, se trata del proceso de definir la experiencia que vive un usuario al interactuar con una empresa, sus servicios y sus productos. Augusto por su parte, es programador, tal como nos contó sobre su desarrollo profesional en esta nota.

En todos los años que llevan en estas profesiones de último milenio, una sola cosa es segura: el escenario cambia todo el tiempo. No es de extrañar, si -en un mundo que se mueve al paso de la informática y fue radicalmente transformado desde la existencia de internet- la aceleración del cambio es la nueva regla. Hablamos con Sofía y Augusto sobre la evolución del trabajo en tecnología.

Augusto Figueroa y Sofía Cáffaro.

¿Cómo viene evolucionando la demanda de trabajadores en el ámbito tecnológico?

Augusto: Venimos de diez años de una burbuja tecnológica muy grande; hubo una inyección de plata en ese ámbito y la pandemia lo potenció. Eso lo volvió un terreno muy atractivo para formarse profesionalmente, cosa que muchísima gente hizo. Pero esa misma inyección de capital hace que aparezca mucha gente que vende humo.

¿En qué sentido»?

Augusto: En inteligencia artificial hay un concepto que se llama “inner alignment problem”: cuando uno le pide a una IA que resuelva un problema, interfieren cómo uno lo baja al lenguaje y cómo interpreta ese lenguaje la IA. Lo mismo pasa en el mundo real: los inversores dicen “quiero multiplicar mi plata”, toman como objetivo maximizar cantidad de usuarios, porque eso es representativo de las cosas que hacen plata. Lo que generaron, sin embargo, no fue una plataforma que resuelva problemas para las personas, y por ende genere valor. Sólo generon cantidad de usuarios. A eso me refiero con “vender humo”: para generar valor, hay que darle algo a las personas a cambio de su plata (o tiempo, o atención). 

¿Cómo impactó esto a las empresas y sus modelos de trabajo?

Augusto: Ahora estamos en un momento en donde se está sacando la plata ahí. Están despidiendo a muchas personas, y eso tiene que ver con que a los inversores les vendieron la idea del crecimiento ilimitado, pero llegó el punto en el que esa idea se cayó. Por ejemplo, puede que logren tener 200 millones de usuarios registrados en una aplicación, pero sin haber cómo generar con ellos un ingreso. Ese modelo de negocios prevaleció mucho: la idea de captar una enorme cantidad de clientes  y después ver cómo hacer plata con ellos. Lo hicieron muchas empresas a la vez, quizás cumplieron cinco años y todavía no saben cómo generar el ingreso, por lo que van a pérdida y los inversores retiran su apoyo. 

Sofía: Es una cuestión de estrategia, en realidad. El problema también venía de cómo se concibió la idea de usuario. Que una persona se descargue una aplicación no significa nada, en realidad. Las empresas se inflaron con proyectos que eran pruebas y experimentación. Una vez que una startup consigue financiación, puede sobrevivir uno o dos años. El gran problema era que, como el objetivo no iba más allá de generar usuarios, las empresas les regalaban cosas. Después, esas personas no estaban dispuestas a pagarlas.

Había mucha gente trabajando en proyectos gigantes, empleados con sueldos altos, y cuando la pandemia se atenuó salieron a la luz todos los que no funcionaban. Hace un año hay una ola de despidos masivos, y se remonta en gran parte a ese modelo. Ahora estamos en una meseta en cuanto a la demanda de trabajadores en tecnología; si bien hay trabajo, el proceso de contratación es mucho más quisquilloso. 

¿Cuál es la solución o estrategia de parte de estos sectores?

Sofía: A grandes rasgos ese modelo cambió a una estrategia contraria: los productos digitales tienen un precio que representa lo que vale y el trabajo que se invirtió en él. Lo más importante es tener pocos usuarios que lo paguen y que se queden. A eso se le llama “retención”. Pero es una tendencia que hace que haya menos oferta de trabajo.

Augusto: Trabajo en tecnología va a haber siempre, lo que cambia es lo que se necesita para entrar. Antes puede que bastara solo con saber programar para entrar a tener un puesto, los empleadores estaban dispuestos a contratar gente junior que aprendiera sobre la marcha.

Cuando nada de todo eso que estábamos haciendo sirve, hay que hacer pensar cómo implementar otras cosas más elaboradas, para lo que no hay tanta gente capacitada. Pasamos de un mercado lleno de gente sin tanta habilidad real ni tanta experiencia en el campo, donde todo el mundo podía entrar a trabajar ganando muchísimo (a diferencia de todas las otras industrias, donde se empieza a ganar bien solo una vez que estás muy adentro en la carrera).

Éste es un buen momento para quienes pudieron aprovechar esa etapa, desarrollarse y adquirir experiencia en el campo. Quienes armaron algo, lo probaron en el mundo real y entienden bien cómo funciona su actividad, hoy valen un montón para el mercado laboral.

En definitiva, ¿ya no basta con hacer un curso para empezar a trabajar en el sector tecnológico?

Sofía: Muchos de estos cursos son llamados «bootcamps» y  tienen un gran problema: en tecnología se trabaja siempre en equipo, y la mayoría de las veces ahí aprendes a trabajar de manera individual. Nunca vas a resolver un problema sólo, no tiene sentido. Además de manejar las herramientas, uno necesita aprender a exteriorizar bien su pensamiento, comprender a las otras personas.

Ahí es donde entran en juego las soft skills (comunicación e inteligencia social y emocional para moverse en un entorno), que se ganan en la práctica. Lo que uno aprende haciendo es muy difícil de adquirir solo estudiando (sumado a que muchos de estos cursos son asincrónicos, muy distintos a la realidad del trabajo). En la práctica nadie hace nada igual y nadie sabe lo que está haciendo, es lo que se trata precisamente de averiguar: conocer cuál es el problema.

Augusto: Exactamente, yo creo que hay tres elementos clave: tener en claro que hay algo que aprender, aprenderlo rápido y documentar el proceso. Esto es más que nada porque cada tres años o dos, el mundo de I.T, todo cambia, cada vez más rápido. Por eso, la capacidad de aprender es mucho más relevante que los saberes fijos.

¿Cómo fueron cambiando los métodos de trabajo y las relaciones entre distintos equipos en el ambiente?

Sofía: En este momento, es una prioridad que haya comunicación fluida entre los distintos equipos. Por ejemplo, muchas veces los desarrolladores se pasan bastante tiempo quemándose las pestañas por resolver algo que después no entrega valor, porque no estaba bien establecido el problema a resolver para el usuario.

En cuanto a metodologías, eso se refleja en dos modelos distintos. Antes, las tareas se hacían en silos, que son unidades profesionales (un departamento de cuentas, otro departamento de diseñadores, otro departamento de programadores). Eso implicaba que todos los procesos llevaran mucho tiempo, porque cada persona trabajaba por separado.

Augusto: Lo que pasa con ese modelo es que se vuelve un sistema lento y burocrático en el que las comunicaciones nunca llegan cuando deberían. Uno le habla al otro, que le tiene que hablar al que sigue y así sucesivamente. Es un teléfono descompuesto; por ejemplo, si los que hacen cuentas ven que algo no funciona, le dicen a los diseñadores, que re-diseñan las cosas y avisan a los programadores para que corrijan su trabajo.

Sofía: Además, se planificaba con Gantts, que es un esquema de trabajo en cascada en donde, hasta que una cosa no está terminada, el otro equipo no empieza. Eso, en primer lugar, genera inconsistencias por todos lados, porque nunca nada está terminado. Después, todos los procesos se atrasan mucho. Por eso, ahora los problemas se trabajan multidisciplinariamente, iterando los productos a medida que van avanzando. Antes, te bajabas un programa y quedaba igual para siempre. Ahora eso es obsoleto, y se mejoran todo el tiempo mediante actualizaciones (sin parar). Por ejemplo, Adobe saca el Illustrator 1, 2, 3, 4, 5, etc. Si no lo hacen, los programas mueren.

Aunque tenga sus recesos, parece ser un sector que crece en el largo plazo, ¿cómo perciben la demanda de estas habilidades a futuro?

Augusto: Yo creo que, en cierto sentido, es una profesión como ser mecánico. Siempre van a ser necesarios y es un especialista más.

Sofía: En realidad, yo lo definiría como un lenguaje más. Es el que te permite hablar con las máquinas. Si vos, en el futuro, no sabes cómo hablar con las máquinas, va a haber un problema. La gente que sabe va a valer mucho, que es lo que está pasando ahora. Hoy ChatGPT lo usa cualquiera. En unos años, con cómo se proyecta el avance tecnológico, creo que sería comparable a que no sepas inglés: te limita una porción del mundo que existe, que es gigante, ¡y encima no se ve! La gente que no trabaja en tecnología no tiene idea de lo que hablamos. Es otro planeta, virtual. 

Augusto: De hecho, creo que esto es un problema del presente y no del futuro. Hay muy poca gente que sabe dialogar con las máquinas, muy poca gente que sabe dialogar con la tecnología en general. Incluso pensando en algo tan básico como la electricidad de tu casa: saber interactuar con las llaves de luz, saber que, si quisieras, la podrías cambiar por un dimmer [regulador de intesidad].

Para cerrar con el costado más personal, ¿qué aprenden el uno del otro al trabajar en el mismo rubro (I.T.) pero en distintos aspectos?

Augusto: Nos dimos cuenta que nos complementamos mucho. Tiene mucho sentido; podemos ver al mismo tiempo la parte abstracta de la programación y la parte sensible de la experiencia de usuario. Ambos tienen que ver con la capacidad de empatizar (para crear cosas para otros seres humanos). Ella ve la resolución de problemas desde un lado: qué le pasa a la persona y cómo se traduce a una definición de problema. Después, yo estoy al tanto de cómo se traduce el problema a la computadora.

Sofía: Así funciona hoy, pero, en un caso ideal, yo tendría que estar sentada con él o su equipo, y que el proceso se base menos en el traspaso de información y traducciones.


Este contenido fue originalmente publicado en RED/ACCIÓN y se republica como parte del programa «Periodismo Humano», una alianza por el periodismo de calidad entre RÍO NEGRO y RED/ACCIÓN.



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