Tanto y tan poco
La profusión de datos meteorológicos llegó para quedarse y acapara espacio creciente en el menú informativo. La ansiedad popular se multiplica ante cada fenómeno fuera de norma. Los pueblos originarios no tenían pronósticos y se puede entender que relacionaran los vaivenes del clima con algún capricho de los dioses. Tentación esta que se actualiza hoy ante la ausencia de nieve que nos afecta en pleno invierno. Como hace milenios, sólo queda mirar el cielo en busca de explicaciones. Y tal vez sea la hora de reformular planes de estudio para que las carreras de Meteorología y Teología compartan algunas materias.