“Tú no vas a Cuba solo; ni lo sueñes, mi negro”
Andrea Rodríguez AP
Con la visita del presidente Barack Obama a la vuelta de la esquina, La Habana no quiere que la tomen por sorpresa. Las calles céntricas fueron reasfaltadas, cuadrillas de obreros pintaron las fachadas de edificios importantes, se pusieron plantas en las macetas y se remarcó el borde de las aceras del Malecón con pintura blanca y negra, lugares por donde se espera que pase la comitiva presidencial. El ambiente en la isla es de expectativa por este viaje, el primero de un mandatario estadounidense en casi 90 años; pero fuera del entusiasmo que genera la visita, la presencia de Obama tendrá sentido si sirve para lograr el levantamiento del embargo impuesto para presionar un cambio de modelo político que agobia a los cubanos. “Hay mucho, mucho movimiento y mucha expectativa, pero todo va a salir bien”, dijo la artesana Buby Canosa, cuyo puesto en una feria de artesanía capitalino vende pequeños imanes con la foto de Obama fumando un puro y otras con chistes de él y su esposa. “Trato de actualizar siempre con los acontecimientos nacionales e internacionales. Es un poco en son de broma pero con un sentido político”. Cuba cuantifica en millones de dólares las pérdidas anuales por las sanciones, cifras relevantes para la economía de un pequeño país subdesarrollado; aunque críticos del modelo también acusan al gobierno de ser un administrador poco eficiente de los escasos recursos en un sistema lleno de subsidios y gratuidades. “Creo que ya se abre un camino y es el mejor. Los chinos y los vietnamitas tienen relaciones con Estados Unidos”, comentó Miguel Delgado, un cuidador de automóviles. “Pero si no se levanta el bloqueo, esto no ha terminado por más que venga Obama”. Obama y el presidente Raúl Castro anunciaron en diciembre del 2014 el inicio de un proceso de normalización de las relaciones, al tiempo que el mandatario estadounidense reconoció que la política de aislamiento de la isla había fallado. En el 2015 se reabrieron embajadas. Obama, además, usó su poder ejecutivo para flexibilizar las sanciones, la última vez el martes, con una flexibilización de las normas que rigen los viajes de los estadounidenses a la isla y la posibilidad de que Cuba pueda operar la banca internacional y los dólares en sus transacciones, una de las principales quejas de los caribeños por los costos comerciales que implicaba. En Cuba, incluso los más entusiastas ciudadanos parecieron conscientes de las dificultades reales para una normalización completa más allá del viaje presidencial. “Esto no es algo de la noche a la mañana”, dijo Delgado moviendo la cabeza de un lado a otro, para quien Obama fue un “valiente” al romper con la dinámica de las sanciones. Otro grupo de cubanos expresó sin embargo una franca desconfianza en el proceso. “Este hombre es el lobo en la piel de un cordero. A la larga yo no me fiaría de Obama”, dijo un empleado estatal que se identificó como Grullo y temió que la nueva época traiga desigualdad para Cuba o la pérdida de algunas conquistas de la revolución, sobre todo en sectores como la salud y la educación. Sea a favor o en contra, la próxima visita ya sacó a relucir el colorido sentido estético tropical de los cubanos. La antes distante bandera estadounidense, o las letras USA, se pusieron de moda y centenares de cubanos lucen por estos días camisetas, sombreros o zapatillas con su diseño. Por lo pronto, a la artesana Canosa no le fue nada mal con sus imanes. Los tiene de Barack Obama vestido de blanco, con una boina vasca al estilo de los practicantes de la santería (la religión mayoritaria en la isla) y también de la primera dama, Michelle, diciéndole a su poderoso marido, con un dedo índice levantado: “Tú no vas a Cuba solo; ni lo sueñes, mi negro’’.
Opiniones
Andrew McAfee, economista e investigador, autor de “La segunda era de las máquinas”