Un asunto no sólo local

Con toda seguridad tiene razón el gobernador Alberto Weretilneck cuando atribuye el triunfo en las elecciones municipales de Bariloche, el domingo pasado, de su aliado, el vecinalista Gustavo Gennuso, que superó por un margen muy amplio a su rival kirchnerista María Eugenia Martini, a la voluntad de los barilochenses de privilegiar los intereses de la ciudad por encima de lo partidario, pero sabrá muy bien que en el resultado incidió algo más que los asuntos locales o las imágenes respectivas de los principales candidatos. Lo mismo que su propia victoria en las elecciones a gobernador de mediados de junio, en las que derrotó de manera contundente al senador Miguel Pichetto, la de Gennuso se debió en parte al desprestigio del kirchnerismo en Río Negro, donde la economía provincial se ha visto gravemente perjudicada por la reciente evolución del “modelo” improvisado por el presidente Néstor Kirchner y su esposa, Cristina Fernández de Kirchner. Como es notorio, dicho “modelo” se basó en la noción absurdamente optimista de que los precios internacionales de los commodities se mantendrían muy altos por varias décadas más, de suerte que en adelante los gobiernos nacionales no tendrían que preocuparse por detalles como el déficit fiscal, el aumento ilimitado del gasto público y la inflación. Funcionó mientras duraron los buenos tiempos, pero no bien terminaron entró en recesión. Las consecuencias de la miopía populista no tardaron en hacerse sentir no sólo en Río Negro, donde el sector frutícola se ha visto devastado, sino también en otras provincias que para prosperar necesitan exportar sus productos. Todas están en crisis y, por desgracia, no existen motivos para suponer que cambie mucho en el futuro inmediato. Aun cuando el próximo gobierno optara por tomar en serio los problemas enfrentados por las economías regionales, no le sería dado privar de golpe al resto del país de los subsidios a los que tantos se han acostumbrado. Las dificultades que está experimentando buena parte del interior se deben casi por completo al atraso cambiario que el gobierno se niega a abandonar por tratarse de un “ancla” antiinflacionaria. Mientras que otros países “emergentes”, como Brasil, no han vacilado en devaluar sus monedas –la semana pasada el real brasileño perdió otro 6% de su valor–, nuestro gobierno no quiere emularlos por entender que en tal caso los precios al consumidor se ajustarían enseguida a la nueva realidad. Asimismo, los kirchneristas saben muy bien que al candidato oficialista Daniel Scioli no le convendría en absoluto que las vicisitudes del peso o, si se prefiere, del dólar estadounidense repercutieran en la campaña electoral, ya que la ciudadanía tomaría cualquier movimiento por una señal de que el país se desliza hacia una nueva tormenta financiera. Lo que quiere el gobierno es que otros, comenzando con los que dependen de las economías regionales, se encarguen de los costos de mantener relativamente tranquilo el mercado cambiario. Por lo tanto, los kirchneristas no tienen derecho a sentirse sorprendidos cuando, en las provincias más golpeadas, los votantes deciden que el “relato” triunfalista de Cristina no es para ellos. Por cierto, en Río Negro los intentos de ciertos candidatos por conseguir votos llamando la atención sobre su propia relación con la presidenta no han tenido éxito. Las perspectivas frente a las economías regionales distan de ser brillantes. En buena lógica, algunas deberían estar en condiciones de prosperar incluso cuando en los mercados internacionales caen los precios de productos como manzanas y vinos, pero puesto que el gobierno nacional se siente sin otra alternativa que la de subordinar los intereses del interior a los propios, es más que probable que el que tome el relevo del encabezado por Cristina se sienta incapaz de brindarles el alivio que claramente necesitan. Aunque el país en su conjunto se beneficiaría si lo gobernaran federalistas convencidos, en los últimos años se ha hecho cada vez más unitario al usar los kirchneristas el poder de “la caja” para disciplinar a los mandatarios provinciales e incluso municipales. Se trata de una práctica que han criticado muchos opositores pero que, de instalarse uno en el poder, no le sería fácil modificar, ya que desde su propio punto de vista resultaría contraproducente.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.196.592 Editor responsable: Guillermo Berto Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA Jueves 10 de septiembre de 2015


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