Un presidente que marcó una era de bienestar económico

Por Leandro Cabezuelo

l presidente Bill Clinton concluyó el sábado su mandato tras dos períodos en los que se combinaron grandes logros, algunos fracasos y el mayor escándalo sexual de la historia del país, el cual lo puso al borde de la destitución en 1998.

Con sólo 54 años, Clinton dejó el poder sin posibilidades de volver a la presidencia, conforme a una costumbre establecida por el ex presidente George Washington -quien rehusó presentarse para un tercer período- y luego legalizada por la XXII enmienda de 1947.

Nacido en un pueblo llamado Hope (“Esperanza” en castellano), en Arkansas, el 19 de agosto de 1946, William Jefferson Blythe III adoptó el apellido actual en su adolescencia a raíz del segundo matrimonio de su madre, Virginia Cassidy, con George Clinton.

Un hecho que marcó al joven William fue cuando le estrechó la mano al presidente John F. Kennedy en la Casa Blanca, luego de ser seleccionado para viajar a Washington a una conferencia de líderes juveniles. Allí se dio cuenta, según su biografía oficial, de que quería llegar a la presidencia de Estados Unidos.

Obtuvo una licenciatura en Asuntos Internacionales en 1968 en Georgetown y hasta 1970 cursó estudios en la Universidad de Oxford luego de ganar una beca Rodhes.

A su regreso a Estados Unidos comenzó la carrera de abogacía en la Universidad de Yale, donde se graduó en 1973, para finalmente volver a Arkansas y descollar en la política.

Electo seis veces gobernador de su Estado y dos veces presidente de Estados Unidos, su carrera política comenzó, sin embargo, con una derrota en una elección para el puesto de diputado en 1974.

Su historia de éxitos en la función pública comenzó recién en 1976, cuando fue elegido fiscal general de Arkansas y continuó en 1978, al convertirse en el gobernador más joven del país, con sólo 32 años, cargo que desempeñó hasta fines de los ’80, con excepción del período 1980-1982.

Finalmente, el 3 de noviembre de 1992 Bill Clinton llegó a la cúspide de su carrera política al ser elegido como el 42 presidente norteamericano, con Albert Gore como compañero de fórmula, dupla que fue reelecta en 1996.

De figura proporcionada y sonrisa compradora, Clinton hizo de la seducción su principal capital político y dejó rodar la fantasía para que cada uno de los que estrecharon su mano sintiera una dedicación especial, incluso los líderes políticos del mundo.

Cuando el término “globalización” no estaba aún de moda, Clinton lo vinculó estrechamente al de democracia y lo predicó hasta el hartazgo, despertando amores y odios dentro y fuera de su país, pero terminó por convencer a gran parte del planeta.

Casado con Hillary Rodham desde 1975 y con una única hija nacida en 1980, Chelsea, Clinton atravesó junto con su familia por todas las tormentas políticas y los escándalos personales.

Durante su carrera se lo vinculó varias veces con relaciones extramatrimoniales, pero el escándalo por sus encuentros sexuales en el Salón Oval de la Casa Blanca con la joven becaria Mónica Lewinsky lo puso al borde de la destitución mediante un juicio político, con un Congreso dominado por los republicanos.

El mundo entero vio por televisión cómo el presidente mintió al negar bajo juramento su vínculo sexual con Lewinsky.

Nadie le creyó, pero el mandatario logró salir de esa gran crisis gracias al respaldo de Hillary y de la población a la cual, al final de las investigaciones y después de su confesión, le importaron más otras razones, como el bienestar económico.

En política exterior, intervino con éxito en la desnuclearización de las ex repúblicas soviéticas y en la desintegración de la ex Yugoslavia e irrumpió en Latinoamérica con el espectacular salvataje a la crisis mexicana en 1995, en una jugada prácticamente personal que podría haberle costado la carrera.

En el plano interno, transformó al Partido Demócrata moviéndolo hacia el centro, lo que le valió duras críticas.

En el aspecto social, no consiguió conformar plenamente a los norteamericanos, pese a que su presidencia coincidió con el período más largo de bonanza económica, con niveles bajísimos de desocupación e inflación.

Entre sus aspiraciones incumplidas sobresale su último esfuerzo por lograr, antes de concluir su mandato, un acuerdo de paz para la región.

Clinton esperaba, con ese acuerdo de paz que no pudo ser, ponerle un broche a su carrera para ser recordado por un hito histórico y no por el escándalo con Lewinsky.

Admirador de Martin Luther King y de Nelson Mandela, a quien además considera un amigo, por haberle dado sabios consejos durante los momentos más difíciles de su vida; gran lector y aficionado a la música -especialmente al saxo-, Clinton fue un símbolo de una moderación alejada de los extremos.

Un aún joven Bill Clinton comenzó el sábado a descender de la cima del poder, seguramente con una conferencia y una entrevista a cada paso. Tal vez decida dedicarse a las problemáticas internacionales siguiendo los pasos de Jimmy Carter y esperará el momento en que la historia evalúe el alcance de su gestión. (Télam)


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