Un vínculo complejo

ROCA

La relación entre el juez Juan Pablo Chirinos y el Superior Tribunal de Justicia transita un camino sinuoso desde hace meses.

Titular del Juzgado de Ejecución Penal de Roca, Chirinos busca desde hace meses dejar la Justicia rionegrina. Por eso se inscribió y quedó a las puertas de asumir como juez en Neuquén.

Cuando ya se sabía que estaba primero en el orden de mérito del concurso, dijo públicamente que quería irse porque en Neuquén –donde se aplica el Código Procesal Penal reformado– iba a “trabajar de juez”, mientras que en Río Negro oficiaba de “gerente” de su juzgado, porque el desborde de causas sólo le permitía administrar lo que en realidad escribían otros.

Ese sinceramiento, además de otras actitudes frontales del magistrado, generaron rispideces en el vínculo con la cúpula judicial.

A partir de ahí explicaban ayer funcionarios judiciales desde Viedma la dureza en los términos de la sentencia del STJ, más allá del análisis técnico sobre el fallo de primera instancia.

Lo que no estaba en los planes de Chirinos es que la convivencia con los miembros del STJ se iba a extender tanto.

Ocurre que su designación en Neuquén quedó congelada en octubre pasado, porque a pesar de su puntaje en los exámenes no reunió los votos necesarios en la entrevista para que su pliego llegue al recinto de la Legislatura, algo inédito en la provincia.

Buena parte de esa historia se definirá hoy, cuando la Comisión de Asuntos Constitucionales neuquina se reúna para sacar el caso del limbo.

JUAN PABLO CHIRINOS

Juez de ejecución penal


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