Una declaración histórica

Por Redacción

Días atrás el Parlamento Federal alemán efectuó una histórica declaración sobre el genocidio armenio. De ese modo, omitió las advertencias de Turquía y aprobó casi por unanimidad una resolución que calificó de “genocidio” la masacre de las minorías cristianas de Armenia en las matanzas de 1915.

Todos los diputados, con excepción de un voto en contra y una abstención, apoyaron la declaración consensuada entre los opositores verdes y las tres fuerzas que forman el gobierno: la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Angela Merkel, su versión bávara (CSU) y los socialdemócratas (SPD).

Dicha declaración se produjo a pesar de las presiones y amenazas del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, contrario a cualquier forma de reconocimiento del genocidio armenio. El Estado turco sostiene que las muertes de cientos de miles de armenios fueron parte de un contexto de violencia generalizada que se apoderó de la región en tiempos de la Primera Guerra Mundial.

Sin embargo, el Parlamento Federal alemán secundó la llamada al reconocimiento formulada por el papa Francisco y se alineó con el presidente de Alemania, Joachim Gauck, quien durante un acto ecuménico conmemorativo afirmó que “el destino de los armenios es parte de la historia de exterminios masivos, limpiezas étnicas y deportaciones que marcaron tan terriblemente el siglo XX”.

En efecto, bajo las órdenes del gobierno de los Jóvenes Turcos, la deportación y el exterminio planificado de más un millón de armenios comenzó en la ciudad otomana de Constantinopla el 24 de abril de 1915.

El Parlamento expresó su arrepentimiento en torno al vergonzoso rol jugado por el entonces Imperio Alemán, el cual, como aliado principal del Imperio Otomano, no intentó detener esos crímenes a pesar de la información explícita acerca de la deportación y el exterminio planificado de armenios.

También le dio la bienvenida al creciente número de iniciativas y contribuciones en el campo de la ciencia, la sociedad civil, el arte y la cultura, en Turquía, que pretenden rever los crímenes contra los armenios y la reconciliación entre estos y los turcos.

Contrariando los hechos, Turquía niega hasta este día que la deportación, la persecución y la matanza de los armenios haya estado basada en un plan sistemático o que el exterminio masivo durante las medidas de relocalización y las masacres cometidas fueran intencionales por parte del gobierno otomano.

La declaración destaca que la reconciliación entre Alemania y Turquía sólo puede ser posible si los eventos ocurridos hace cien años son aclarados y los hechos dejan de ser negados. Lo cual requiere que académicos y periodistas en Turquía, quienes investigan la historia de las deportaciones y las matanzas de los armenios, puedan trabajar libremente sin el temor de las represalias.

El presidente del Parlamento Federal alemán, Norbert Lammert, subrayó que “un parlamento no es una comisión de historiadores y mucho menos un tribunal”. Y aseguró que no tiene intención de evitar “cuestiones incómodas”, sobre todo cuando el genocidio contra los armenios y otras minorías cristianas también comprometió la responsabilidad del Imperio alemán.

Por su parte, Armenia aplaudió la resolución parlamentaria. “Es la valiosa contribución de Alemania no sólo al reconocimiento y condena del genocidio armenio, sino a la lucha universal contra los genocidios y la prevención de los crímenes contra la humanidad”, dijo Eduard Nalbandyan, ministro de Relaciones Exteriores armenio.

Sin embargo, la sistemática actitud de Turquía nos recuerda que en materia de genocidios el negacionismo no es un accidente de la historia sino la última etapa de su construcción.

Tanto es así que un genocidio no culmina realmente hasta que el criminal logra, si no eliminar a todas las víctimas potenciales, al menos eliminar un número lo suficientemente grande y, conjuntamente, toda huella, todo recuerdo del crimen perpetrado.

* Catedrático Unesco. Profesor de la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN)

La declaración destaca que la reconciliación sólo puede ser posible si los eventos ocurridos hace cien años son aclarados y los hechos dejan de ser negados.

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La declaración destaca que la reconciliación sólo puede ser posible si los eventos ocurridos hace cien años son aclarados y los hechos dejan de ser negados.

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