Una especie amenazada
apuntes para la semana
El meneado segundo semestre del año arrancó con una esperada novedad: la puesta en circulación de los nuevos billetes de 500 pesos, de color verde y con la imagen de un yaguareté. Una especie animal que, según los especialistas, está amenazada por el deterioro de su hábitat natural, principalmente en el norte del país. Algo similar a lo que podría ocurrir con el poder adquisitivo de este billete, si no se modifica cuanto antes el hábitat inflacionario en el que acaba de nacer.
En realidad, contar con billetes de mayor denominación para facilitar las transacciones en efectivo era una necesidad desde hace varios años. Con la inflación de dos dígitos anuales que padece la Argentina desde el 2006, los de $ 100 (con la imagen del general Julio Argentino Roca o de Eva Perón) sufrieron una formidable desvalorización. Si esto no ocurrió antes, fue por la sistemática negación de esa realidad por parte del gobierno de Cristina Kirchner, que además se dedicó a camuflarla con las inverosímiles estadísticas del Indec. Para el kirchnerismo, imprimir billetes de $ 200 o $ 500 hubiera significado reconocer implícitamente dicho fenómeno inflacionario, que afecta a un puñado de quince países en el mundo sobre un total de 180. Ahora, tanto el Banco Central como el Indec acaban de sincerarlo, aunque con una inflación y un dólar más altos.
Con este contexto, el nuevo billete de $ 500 nace con una equivalencia de 33 dólares al actual tipo de cambio oficial, que quintuplica al de $ 100 con el cual apenas pueden adquirirse 6,60 dólares.
Si se hace memoria, cuando en 1991 aparecieron los billetes con la imagen del general Roca, simultáneamente con la convertibilidad (1 a 1), cada uno de ellos equivalía a 100 dólares. Esa paridad se mantuvo a duras penas durante diez años, hasta que el estallido del régimen de tipo de cambio fijo a fin del 2001 llevó luego al dólar hasta los $ 4 y al billete de $ 100 al equivalente de 25 dólares. Posteriormente se estabilizó en torno de los $ 3 durante algunos años, con lo cual entre el 2004 y el 2008 con $ 100 se podían comprar 33 dólares. O sea lo mismo que ahora con el nuevo de $ 500. A la inversa, se necesitarían tres billetes con la imagen del yaguareté para adquirir 100 dólares. O algo más de quince billetes de $ 100.
Más allá de los altibajos cambiarios, la desvalorización del peso puede medirse en otra dimensión si se considera la mayor inflación acumulada en los últimos seis meses, que se ubicó en un rango de 25 a 27%, similar al del 2015 y al que el gobierno de Mauricio Macri esperaba inicialmente para todo el 2016. De ahí que, en términos reales, el nuevo billete de $ 500 ya haya perdido prácticamente una cuarta parte de su valor desde que el BCRA anunció en enero su lanzamiento. Dicho de otra manera, tienen hoy un poder adquisitivo que equivaldría a $ 375 si se toma como base el nivel de precios de diciembre del año anterior.
Este mal bautismo del nuevo billete refuerza la necesidad de desacelerar la inflación, para evitar que con el tiempo corra la misma suerte de sus antecesores. Para el 2016, la mayoría de las estimaciones privadas prevé un alza entre puntas de 37 a 39%, aunque disminuyendo en los últimos meses del año, para los cuales el BCRA fijó a partir de septiembre un objetivo de 1,5% mensual (que, anualizado, equivale a 19,5%). Pero todavía resulta una incógnita vaticinar si en el 2017 podrá cumplirse la pauta oficial de 17 a 20% anual; por lo menos, hasta que no quede clara la inercia inflacionaria que dejará este año y cómo repercutirá sobre los precios, tarifas, salarios y tipo de cambio del próximo.
De todas formas, la principal razón oficial para lanzar la nueva línea de billetes es aumentar la capacidad de entrega de dinero por cajeros automáticos y facilitar las transacciones en efectivo. Hasta ahora sólo podían realizarse con los de $ 100, cuya circulación aumentó fuertemente en los últimos años hasta desplazar virtualmente a los demás. Según el último informe del BCRA, a mediados de mayo había nada menos que 4.185 millones de unidades de $ 100 en circulación, cifra que representa casi el 70% del total de billetes (6.086 millones), supera en nueve veces a los de
$ 50 (462 millones) y en más de cuarenta a los de $ 20 (98,8 millones).
El uso casi excluyente de los billetes de $ 100, a falta de mayores denominaciones, obligó hasta ahora a las entidades financieras a recargar con más frecuencia los cajeros automáticos, con lo cual aumentan las fallas técnicas y se encarece el transporte de caudales; sobre todo hacia los Tesoros del BCRA en las provincias.
Aun así, en los próximos meses los cajeros automáticos dispondrán de billetes de $ 500 y de $ 100, lo cual permitirá la entrega de unos y otros. Por lo menos, hasta que sean lanzados los nuevos billetes de $ 200 antes de fin de año para ofrecer más opciones de cambio. Quizás hubiera sido más lógico invertir el orden de aparición; pero en este caso debe recordarse que el diseño original tenía un error en la ilustración de la ballena franca austral que habrá de incluir y debió ser corregido.
En su momento el titular del BCRA, Federico Sturzenegger, estimó en 80% el ahorro de costos de impresión de los nuevos billetes de $ 500, que volverán a reducirse en el 2017 cuando se lancen los de $ 1.000, que llevarán la imagen del hornero, ave típica del centro del país.
Quizás esta nueva línea de billetes, que en su momento generó cierta polémica por incluir especies de la fauna autóctona, marque una etapa de transición hasta que se logre curar la fiebre inflacionaria. Por lo pronto, no parece que la mejor forma de rendir homenaje a los próceres y figuras políticas haya sido colocar su imagen en billetes cada vez más desvalorizados y desgastados, cuyo papel prácticamente se deshace por el aumento de la circulación. El problema, sin embargo, no está en los billetes sino en la alta inflación, que en el período 2002/2016 acumula un alza superior al 1.000%, provoca enormes distorsiones en la distribución del ingreso, dificulta luchar contra la pobreza, desalienta el ahorro y el crédito a largo plazo y conspira contra un crecimiento sostenible en el tiempo. Al menos, mientras no exista consenso en que defender el valor de la moneda es también una forma de ejercer la soberanía.
* nestorscibona@gmail.com
El billete nace con una equivalencia de 33 dólares al actual tipo de cambio oficial, que quintuplica al de 100 pesos con el cual apenas pueden adquirirse 6,60 dólares.
En términos reales, el nuevo billete de 500 pesos ya ha perdido prácticamente una cuarta parte de su valor desde que el BCRA anunció en enero su lanzamiento.
Datos
- El billete nace con una equivalencia de 33 dólares al actual tipo de cambio oficial, que quintuplica al de 100 pesos con el cual apenas pueden adquirirse 6,60 dólares.
- En términos reales, el nuevo billete de 500 pesos ya ha perdido prácticamente una cuarta parte de su valor desde que el BCRA anunció en enero su lanzamiento.