Violencia y prevención

Por Rita Santarelli (*)

Hace pocos días se dictaminó la sentencia a raíz de la violación seguida de muerte sufrida por Franquito, un chico de dos años y medio que ya no está entre nosotros. Tamaña brutalidad fue realizada por el padrastro del niño con la ayuda y complicidad de su madre.

No es mi intención emitir opinión sobre la sentencia y el accionar del Poder Judicial. Pero sí querría reflexionar sobre la manifestación que ocurrió al dictarse la misma y la necesidad de expresarse de los vecinos, que volvieron a marchar, motivados por el impacto que produce un hecho de esta naturaleza y cuando estamos saturados de soportar tanta «violencia», conteniendo la emoción que sentimos ante hechos dolorosos y crímenes horrendos, lo que justifica que salgamos a decir «¡Basta de injusticia!».

Cabe preguntarnos si esta manifestación es producto del seguimiento de los hechos o ajena al recorrido que éstos siguen. Aunque no hay dudas de que responden a la necesidad de expresar la bronca, la rabia y la impotencia.

Pero también tenemos que preguntarnos por qué no nos convocamos para pedir que se haga prevención para evitar que ocurran los abusos sexuales y violaciones a niños/as y adolescentes. ¿Y qué es prevención? ¿Es acaso tener más policía en la calle?, ¿más leyes intimidatorias elaboradas en 24 horas?, ¿es meter a todos los violadores en la cárcel?

Prevenir es tomar medidas antes de que los hechos sucedan. Es actuar desde la implementación de políticas públicas universales, con alcance para todos, en los ámbitos de la salud, la educación, los servicios sociales, la cultura, el deporte.

Como diputada provincial impulsé, durante la gestión 1999-2003, una modificación de la ley 2.212 -ley de Violencia Familiar-, consistente en el agregado de un artículo (el 5) en el capítulo II de Prevención que formula la obligatoriedad de implementar en los institutos de Formación Docente de nuestra provincia una materia que justamente sea la mejor herramienta de prevención para evitar la violencia y educar a los futuros docentes en el terreno de los derechos humanos para que éstos no sean vulnerados, comenzando por el espacio familiar.

Esta es una verdadera estrategia global de prevención de las distintas formas de maltrato y abuso dentro de la familia y sus graves consecuencias psicológicas y sociales.

Cuanto mayor sea el número de docentes y profesionales capacitados para difundir, reconocer, concientizar y educar a la comunidad, más se potenciará la eficacia preventiva.

Tal vez así podamos evitar que situaciones tan dolorosas como la de Franquito se repitan.

Por esto insisto en que los vecinos debiéramos convocarnos para discutir estos temas, para peticionar a nuestras autoridades la aplicación de leyes y de las políticas sociales que reivindiquen permanentemente los derechos humanos de grandes y niños, antes de que produzcan daños irreparables en las personas, sobre todo en los chicos, para que no reproduzcan conductas violentas. Porque cuando estas cosas pasan y ya no tienen remedio, de nada vale exigir mayor seguridad, de nada vale cuando ya se llegó al ámbito judicial si no se han realizado todas las acciones posibles para que los derechos no sean vulnerados.

Tenemos que preguntarnos el porqué de la violencia familiar instalada y lo familiar de la violencia en nuestra sociedad y por otro lado, en este contexto de lo familiar de la violencia, qué políticas públicas preventivas se están implementando en nuestras comunidades para que la violencia doméstica, el abuso sexual y las violaciones no ocurran.

Las políticas de prevención son el conjunto de acciones dirigidas a disminuir o eliminar los factores de riesgo que afectan a las familias y predisponen a niños y niñas al maltrato y a la vulneración de sus derechos.

Los factores que intervienen en la configuración del comportamiento violento en nuestra sociedad son múltiples, desde el contexto social y cultural, los modelos de aprendizaje, los medios de comunicación, las instituciones socializadoras que transmiten cultura, la familia y lo individual de cada sujeto.

La tarea preventiva es indispensable para modificar conductas y evitar, sobre todo en niños y niñas, los efectos profundamente perturbadores que producen en ellos el maltrato en todas sus formas y en todos los campos del desenvolvimiento humano.

La violencia se transmite lentamente en el modo habitual de expresar los distintos estados emocionales, como el enojo, frustración o miedo. Una respuesta abarcativa deberá considerar variables de diversos órdenes: políticas, económicas, jurídicas, sociales, etc. Pero más allá de esta complejidad causal, el fenómeno existe en el ámbito doméstico, caracterizado por la relación asimétrica de poder que durante mucho tiempo permaneció oculta porque era privativo del ámbito familiar.

El 50% de las familias sufre o ha sufrido alguna forma de maltrato, ya sea a través del empleo de la fuerza o a través de la palabra (insultos, descalificaciones, amenazas, desconfirmaciones) y también abuso sexual.

Es en el ámbito de la familia donde primero se adquieren los modelos de comunicación que reproducirá en los niños el modelo autoritario.

Es por esto que reviste importancia la existencia de políticas de prevención que faciliten en primer lugar que las mujeres conozcan y ejerzan sus derechos a ser tratadas sin ningún tipo de violencia, lo que les permitirá proteger a sus niños o no someterlos a la violencia.

Mucho hay por hacer todavía para impedir abusos de este tipo, pero vale la pena y vaya en memoria de un niño pequeño que, a diferencia de los adultos, ni siquiera tuvo la oportunidad de defenderse, de pedir ayuda y de encontrar a alguien que le tendiera su mano con amor.

 

(*) Ex diputada provincial UCR


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