El resurgimiento de las escuelas agropecuarias
Son el semillero de los nuevos técnicos agrícolas.
«Me atrevo a decir que, en las últimas décadas, la Argentina consideró que no necesitaba a la educación para reestructurar un país y un modelo que debe generar crecimiento y equidad», dijo, semanas atrás, el ministro de Educación de la Nación, Daniel Filmus. En este contexto, «hoy la educación está volviendo a tener un papel central porque enfrentamos la oportunidad histórica de un cambio de modelo», agregó.
Por ello, en parte, se explica el resurgir de las 297 escuelas agrotécnicas que hay en todo el país y la puesta en marcha de otras 100 en los próximos tiempos, entre ellas dos en Roca, que se irán transformando todas ellas en el semillero de la nueva generación de técnicos agropecuarios de la Argentina. Este boom también se constata en la cobertura periodística que está recibiendo en diarios, semanarios y revistas especializadas que la última semana incluso lo llevaron a tema de tapa.
A estas escuelas, los chicos concurren para aprender los secretos de la vida y el trabajo que el campo y la chacra exige. Es que las escuelas agrotécnicas nacionales fueron formadoras de gente de toda Latinoamérica, bajo el modelo francés: aprender haciendo, donde el alumno se informa, interioriza y maneja la realidad del sistema productivo. De este modo, la explotación productiva es la metodología de la enseñanza-aprendizaje.
«Una de las características de la escuela agrotécnica es que requiere de muchas horas por parte de los chicos. Como ven las dos cosas, lo formal y lo técnico, tienen que tener un horario escolar muy amplio. Entran antes de las 8
y se van bien entrada la tarde, repartiendo el tiempo entre el aula, los laboratorios y la tierra, fabricando quesos, cuidando cerdos o conejos, manejando maquinarias agrícolas o reparando tractores en el taller», dijo Guillermo Bayo, presidente de la Federación de Institutos Agrotécnicos Privados de la República Argentina (Fediap), una ong que agrupa a todas las instituciones públicas de gestión privada que brindan educación en las zonas rurales.
Con esta rutina, «los chicos pueden ver todo lo necesario para su futura actividad como productores», agrega Bayo, quien informa además que de acuerdo a las edades, los chicos tienen mayor o menor responsabilidad en las actividades, pero casi todos -alguna vez- rotan la jefatura de un área, para darle más realismo y proximidad a lo que alguna vez será su futuro trabajo.
«Queremos que los chicos asuman responsabilidades aunque se equivoquen, para ejercitarse en el mundo laboral. Cuando quiere contratar un chico, lo primero que pide el productor son condiciones personales, no técnicas. Porque él no puede estar enseñándole a ser responsable en el trabajo», acota un docente próximo a Bayo.
De esta práctica, saben por supuesto, escuelas de este tipo que funcionan desde hace años en la región, como la de Conesa, en Río Negro; Plottier o Junín de los Andes, en Neuquén. Y desde este año, en Roca, ciudad que presenta una alta dependencia de la producción y que paradójicamente no tenía hasta ahora una escuela agrotécnica (realidades que solo se explican en Río Negro).
Aprender trabajando
La antinómica frase existencial «¿trabajás o estudiás?», clásica de los reclamos paternos, parece haberse superado en la Agrotécnica de Tandil, escuela que es modelo en su tipo para toda la Argentina.
«A estos chicos nadie les tiene que contar cómo es el mundo del trabajo, porque trabajan y esto les permite adquirir un criterio técnico; y este se logra manejando un tractor, reparando una máquina, dándole de comer al animal, criándolo todos los días, pesándolo, vacunándolo, ordeñándolo», sostiene su director, Guillermo Martignoni, quien está orgulloso de sus 500 alumnos (donde el 30% son mujeres).
Estas experiencias, según Flavia Terigi, académica de Nación, revierten el poco o nada intercambio que existen en general entre la escuela y el sistema productivo. «Cada ámbito tiene su dinámica pero urge una mayor interacción. Hay objetivos que podrían crear puentes», dice la especialista, que enumera:
– en lo escolar:
* que la educación formal se dirija a la adquisición de competencias, como la capacidad para resolver problemas aplicando conocimientos y asumiendo responsabilidades y,
* que la escuela, en especial la secundaria,antesala del mundo laboral para muchos jóvenes, tenga posibilidades de perfeccionamiento como institución, con dirigentes capaces, profesores motivados, alumnos conscientes de su futuro y objetivos realistas.
– y en lo productivo:
* promover la alianza escuela-empresa fomentando actividades en comunes con fines educativos,
* revivir las escuelas técnicas y que
* las empresas dialoguen con las escuelas sobre las habilidades básicas y competencias técnicas exigidas a los egresados.
Horacio Lara
hlara@rionegro.com.ar
Fuentes:
-«El monitor de la escuela», de ministerio de Educación.
– «Escuela de campo», de «El Federal», marzo del 2005.
Nota asociada: Una experiencia inédita comienza a gestarse en Roca «Falta invertir en conocimiento»
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"Me atrevo a decir que, en las últimas décadas, la Argentina consideró que no necesitaba a la educación para reestructurar un país y un modelo que debe generar crecimiento y equidad", dijo, semanas atrás, el ministro de Educación de la Nación, Daniel Filmus. En este contexto, "hoy la educación está volviendo a tener un papel central porque enfrentamos la oportunidad histórica de un cambio de modelo", agregó.
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