La economía argentina en 2026: entre el dólar, las reservas y un nuevo ancla macro
Con el pago del vencimiento de enero ya garantizado, el plan económico cambia de foco al inicio del año. La acumulación de reservas pasa a ser un objetivo primordial a fin de reflejar credibilidad hacia los mercados y hacer más robusto el programa.
Por Lucía Narbaits (PIN Capital)
El inicio de 2026 encuentra a la economía argentina atravesando una transición clave en su esquema macroeconómico. Con los pagos de deuda del mes de enero asegurados y un nuevo esquema cambiario en marcha, la economía argentina entra al nuevo año con un objetivo central: dejar atrás la urgencia financiera y pasar a una etapa donde el dólar, las reservas y la confianza se ordenen bajo reglas más previsibles.
Tras un cierre de 2025 marcado por tensiones cambiarias puntuales, el Gobierno decidió intervenir preventivamente en el mercado de cambios para moderar la volatilidad del dólar y llegar al cambio de régimen con mayor estabilidad.
El objetivo inmediato fue claro: evitar desorden cambiario en la antesala de una nueva etapa, en un contexto estacionalmente sensible para la demanda de divisas. En este sentido, es importante remarcar que el pago de los cupones de los bonos soberanos del próximo 9 de enero ya se encuentra plenamente asegurado, despejando uno de los principales focos de incertidumbre financiera de corto plazo.
Este punto no es menor: elimina riesgos de estrés inmediato en la curva de deuda y permite que la atención del mercado se desplace hacia el verdadero desafío que enfrenta la macro argentina en 2026.
Ese desafío ya no pasa por un acceso urgente a los mercados internacionales, sino por la acumulación sostenida de reservas, que se consolida como el eje central del nuevo programa económico.
El mercado comienza a leer que la estabilidad cambiaria ya no depende de intervenciones puntuales, sino de reglas claras.
Durante 2025, la escasez de dólares del Banco Central (BCRA) fue uno de los principales límites del esquema, reduciendo el margen de maniobra y manteniendo latente la presión cambiaria.
A partir de enero, el régimen entra en una nueva fase: las bandas de flotación del dólar comenzarán a ajustarse automáticamente según la inflación, incorporando un ancla más previsible y transparente para el tipo de cambio.
La meta es permitir un movimiento ordenado del dólar, reducir la discrecionalidad y favorecer la compra de divisas cuando el mercado lo habilite, sin recurrir a intervenciones defensivas ni a saltos abruptos. En conjunto, superávit fiscal, menor emisión y un tipo de cambio que acompaña la dinámica inflacionaria apuntan a recomponer reservas de manera más genuina y sostenible.
La estrategia oficial apunta a que, con un régimen de bandas móviles indexadas por IPC, una política fiscal estricta y menor emisión monetaria, el Banco Central pueda comprar dólares de manera genuina, fortaleciendo su balance y reduciendo gradualmente la vulnerabilidad externa.
Con este marco, el mercado comienza a leer que la estabilidad cambiaria ya no depende exclusivamente de intervenciones puntuales, sino de reglas claras que ordenen el flujo de divisas en el tiempo.
En este contexto, el nivel de confianza en el rumbo económico funciona como un ancla adicional para el esquema en marcha.
El inicio de 2026 marca un cambio de foco: del cumplimiento financiero de corto plazo hacia la construcción de un esquema macro más robusto.
Hacia el cierre del año se observó un reacomodamiento en los indicadores de percepción pública: si bien hubo una leve corrección respecto de los máximos previos, los valores siguen siendo elevados en términos históricos. Este clima de confianza resulta clave para ordenar expectativas, reducir comportamientos defensivos frente al dólar y permitir que el nuevo régimen cambiario consolide credibilidad.
En esa línea, el Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) de la Universidad Di Tella mostró en diciembre una leve baja frente a noviembre, aunque se mantuvo dentro de un rango alto en comparación con gestiones anteriores. El informe destaca que el indicador se movió durante el año en un margen relativamente acotado —con picos a comienzos de 2025 y mínimos hacia septiembre— y que, aún tras el retroceso de fin de año, permanece claramente por encima de los niveles más bajos registrados en el período.
De esta manera, el arranque del año 2026 marca un cambio de foco: del cumplimiento financiero de corto plazo —ya despejado— hacia la construcción de un esquema macro más robusto, donde la acumulación de reservas, la previsibilidad cambiaria y la consistencia fiscal se convierten en los pilares centrales.
El éxito de esta etapa dependerá menos de anuncios espectaculares y más de la capacidad de sostener reglas claras y resultados concretos en el tiempo.
Por Lucía Narbaits (PIN Capital)
El inicio de 2026 encuentra a la economía argentina atravesando una transición clave en su esquema macroeconómico. Con los pagos de deuda del mes de enero asegurados y un nuevo esquema cambiario en marcha, la economía argentina entra al nuevo año con un objetivo central: dejar atrás la urgencia financiera y pasar a una etapa donde el dólar, las reservas y la confianza se ordenen bajo reglas más previsibles.
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