Así era la espectacular casa de Cindy Crawford en Malibú donde crecieron Presley y Kaia Gerber
La residencia de Malibú donde vivió la familia de Cindy Crawford combinaba arquitectura mediterránea contemporánea, interiores en tonos neutros, enormes ventanales y acceso al océano. Llegó a ofrecerse por US$60 millones.
Cindy Crawford y Rande Gerber hicieron de Malibú uno de los lugares centrales de su vida familiar. Una de sus propiedades más impactantes combinaba interiores cálidos, enormes ventanales, piscina, terrazas y vistas abiertas al océano. Llegó a ofrecerse por 60 millones de dólares y terminó vendiéndose por 45 millones.
Malibú fue durante años mucho más que un destino de vacaciones para Cindy Crawford y Rande Gerber. Allí criaron a sus hijos, Presley y Kaia, y construyeron una vida familiar bastante alejada de la imagen de alfombras rojas, desfiles y grandes eventos que rodeaba sus carreras.
Entre las diferentes propiedades que tuvieron en esta privilegiada franja de la costa de California, hubo una que se destacó especialmente por su arquitectura y ubicación: una enorme casa sobre Encinal Bluffs, frente al océano Pacífico, que la pareja compró en 2015 y transformó en un refugio familiar.
La propiedad volvió a quedar en el centro de la atención tras la muerte de Presley Gerber, a los 27 años, aunque su historia arquitectónica permite descubrir otra faceta de una familia que siempre tuvo una relación particular con sus casas y con el diseño.
Según reconstruyó ABC, la residencia fue uno de los hogares vinculados con la infancia y juventud de Presley y su hermana Kaia y llegó a estar valuada en decenas de millones de dólares.
Una casa diseñada para mirar el Pacífico
La ubicación condiciona prácticamente toda la arquitectura.

La propiedad se levanta en uno de los sectores más exclusivos de Malibú, sobre un terreno elevado frente al mar. En lugar de competir con ese paisaje, el diseño busca incorporarlo a cada ambiente.
Los grandes paños vidriados y puertas corredizas permiten que el océano aparezca constantemente en el interior y, al mismo tiempo, conectan las áreas sociales con las terrazas.
El proyecto fue diseñado por el arquitecto Oscar Shamamian, mientras que el interiorismo estuvo vinculado al reconocido diseñador estadounidense Michael S. Smith.
La propuesta mezcla elementos de inspiración mediterránea con una estética contemporánea y relajada, muy asociada al estilo de las grandes residencias costeras de California.
Madera, piedra y una paleta neutra
La madera, la piedra, los textiles naturales y los colores claros construyen espacios sofisticados pero pensados para ser usados. Cremas, blancos, beige y algunos tonos azules funcionan como hilo conductor y dialogan con el paisaje exterior.

Es una idea que Crawford explicó alguna vez al hablar sobre sus casas. Para ella, el hogar debía funcionar como un refugio después de años viajando permanentemente por trabajo. También reconoció que, especialmente cuando sus hijos eran chicos, la comodidad y la funcionalidad pesaban tanto como la estética.
Ese concepto aparece claramente en esta vivienda.
El living y la cocina funcionan como grandes espacios familiares y el mobiliario busca mantener cierta informalidad pese a las dimensiones y al valor de la propiedad.
Una cocina abierta como corazón de la casa
Uno de los ambientes que mejor resume esa filosofía es la cocina.

Lejos de quedar aislada, fue integrada al área familiar mediante una gran planta abierta, con una importante isla central y espacio suficiente para cocinar, reunirse o recibir amigos.
Los tonos crema se combinan con detalles azul marino y madera, mientras que las aberturas permiten que la luz natural domine durante buena parte del día.
La vivienda incluso apareció en el popular segmento 73 Questions de Vogue, en el que Crawford realizó un recorrido por diferentes sectores de la propiedad.
Terrazas, piscina y vida al aire libre
En una casa de Malibú, el exterior es casi tan importante como los interiores.

La residencia fue diseñada para borrar buena parte de esa frontera. Desde los ambientes principales se accede a grandes terrazas orientadas al Pacífico, con diferentes sectores para comer, descansar o recibir invitados.
Una mesa exterior con capacidad para alrededor de diez personas ocupaba uno de esos espacios, acompañada por un sector de descanso, fogón y vegetación adaptada al clima californiano.
Un nivel más abajo aparece otro de los grandes protagonistas: la piscina, integrada visualmente al océano.
La propiedad también contaba con cancha de tenis, gimnasio, sala de cine y acceso privado a la playa, además de cuatro dormitorios y cinco baños completos más un toilette.
Casi 500 metros cuadrados frente al mar
La vivienda tenía aproximadamente 490 metros cuadrados cubiertos, pero la sensación de amplitud era todavía mayor por la continuidad entre interiores, terrazas y paisaje.

El concepto se repetía incluso en los espacios privados: dormitorios con grandes aberturas, abundante entrada de luz natural y visuales privilegiadas hacia el entorno.
Más que llenar cada ambiente de objetos, el interiorismo dejaba que las vistas fueran una parte fundamental de la decoración.
Y esa decisión quizá sea una de las claves para entender por qué, pese a su enorme valor, la casa transmitía una estética bastante más relajada que la habitual en una mansión de celebridades.
De una compra millonaria a una venta por US$45 millones
La historia inmobiliaria de la residencia también resulta llamativa.

Crawford y Gerber la compraron en 2015, la remodelaron y poco tiempo después decidieron ponerla en el mercado.
Llegó a ofrecerse por alrededor de 60 millones de dólares.
Finalmente, la pareja la vendió en 2018 por aproximadamente US$45 millones, una cifra que igualmente la ubicó entre las grandes operaciones inmobiliarias de la zona. Architectural Digest registró la propiedad dentro del amplio portfolio inmobiliario que Crawford y Gerber construyeron durante décadas.
No fue, de hecho, su única casa en Malibú. La pareja tuvo diferentes propiedades frente al mar y también construyó o compró residencias en Beverly Hills, Nueva York, Canadá, México, Miami y La Quinta.
La particular mirada de Cindy Crawford sobre sus casas
Hay algo que conecta muchas de esas propiedades: Crawford siempre mostró un fuerte interés por la arquitectura y el interiorismo.

Su filosofía, sin embargo, parece bastante alejada de la idea de una casa únicamente para mostrar.
En sus residencias aparecen recuerdos familiares, fotografías, obras de arte y objetos vinculados con sus hijos mezclados con piezas de diseño.
Para la supermodelo, después de una vida marcada por aeropuertos, hoteles y producciones alrededor del mundo, la casa debía convertirse justamente en lo contrario: un refugio.
Y aquella residencia de Malibú llevó esa idea a gran escala: casi 500 metros cuadrados donde madera, piedra, luz natural y grandes superficies vidriadas tuvieron un objetivo principal: hacer que el Pacífico estuviera presente prácticamente en cada rincón.
Cindy Crawford y Rande Gerber hicieron de Malibú uno de los lugares centrales de su vida familiar. Una de sus propiedades más impactantes combinaba interiores cálidos, enormes ventanales, piscina, terrazas y vistas abiertas al océano. Llegó a ofrecerse por 60 millones de dólares y terminó vendiéndose por 45 millones.
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