López Anadón: «Sin Vaca Muerta estaríamos importando energía los 365 días»
El presidente del Instituto Argentino del Petróleo y el Gas (IAPG) aseguró que el país ya es exportador de petróleo y gas, proyectó que la formación podría superar los 1,8 millones de barriles diarios y advirtió sobre los desafíos de evacuación, logística y proveedores.
El presidente del IAPG destacó la importancia de Vaca Muerta en la balanza comercial energética de Argentina. Foto: Gentileza.
El presidente del Instituto Argentino del Petróleo y el Gas (IAPG), Ernesto López Anadón, no tiene dudas de que la industria atraviesa un punto de inflexión. En una entrevista exclusiva con EnergíaON, el referente afirmó que hay «un antes y un después» de Vaca Muerta y que, sin la formación shale, Argentina dependería de las costosas importaciones de gas y petróleo durante todo el año.
Con la mirada puesta en 2030, López Anadón analizó las proyecciones de producción, repasó los proyectos de infraestructura y gas natural licuado (GNL) que se vienen y detalló cuáles son, a su criterio, los tres grandes desafíos que enfrentará el sector. También se refirió a las expectativas que se depositan sobre Vaca Muerta y fue claro: es una pieza clave, pero no la solución absoluta para la economía del país.
P- ¿Es hora de cambiar la forma de ver a la Argentina, de un país «con petróleo» a un país «petrolero»?
R– La Argentina va a pasar de ser un país cuyo destino era importar petróleo y gas, a ser un país exportador de ambos recursos. De hecho, ya lo somos. Sin Vaca Muerta estaríamos importando gas y petróleo durante los 365 días del año.
P– En su experiencia en el sector, ¿Creyó que la Argentina iba a llegar al nivel de desarrollo y exportaciones que se prevén para 2030?
R– Es evidente que hay un antes y un después de Vaca Muerta en este país. Antes de su desarrollo no podíamos decir que íbamos a llegar a estos niveles de producción. A partir de entonces, siempre hemos bregado para que la actividad se incrementara, algo que afortunadamente se ha venido logrando en los últimos años.

Pero es cierto que, antes de Vaca Muerta, era difícil creer en eso porque los yacimientos venían declinando y la necesidad de importar gas y petróleo era cada vez más perentoria. Con respecto al gas, fue lo primero que empezó a impactar en la balanza comercial.
A partir del desarrollo de Vaca Muerta, si bien al principio el proceso fue lento, posteriormente, con la aceleración que tuvo y las mejoras en la eficiencia, se logró una mayor actividad. Y eso está demostrado en las cifras. En muy pocos años pasamos de importar a exportar cerca de 300.000 barriles diarios. En petróleo, además, este año tenemos un saldo positivo de unos 8.000 millones de dólares.
Entonces, es muy importante separar las dos cuestiones. Por un lado, antes del desarrollo de Vaca Muerta uno no podía pensar que la Argentina iba a poder estabilizar el declino de su producción, porque los yacimientos eran antiguos y la exploración no estaba dando resultados. A partir de Vaca Muerta cambiaron las proyecciones. Y lo que también cambió es la posibilidad no solo de detener esa caída, sino de generar producción suficiente como para exportar.
P– Las proyecciones indican que el país podría alcanzar unos 1,8 millones de barriles diarios hacia 2030. ¿Cómo ve ese escenario, teniendo en cuenta que venimos de décadas en las que se priorizaba el autoabastecimiento?
R– Creo que, si se mantiene el crecimiento actual de la actividad tal como se está proyectando hoy, Vaca Muerta puede llegar a producir 1.800.000 barriles por día, y quizás más. Algunas proyecciones hablan de 2.000.000 de barriles por día y otras de 2.500.000. ¿Por qué no?
Va a depender mucho de que se mantenga este nivel de actividad y, por otro lado, de que la capacidad de evacuación y de tratamiento de esos crudos esté disponible a tiempo. Lo veo muy ajustado para 2030, pero en un plazo posterior sí es posible.
Para 2030 falta muy poco, pero nos va a encontrar con proyectos terminados y otros muy avanzados, como infraestructura para la evacuación de crudo y ampliaciones de las redes de transporte. TGN se presentó con una nueva iniciativa privada y TGS está avanzando con la suya. A esto se suma el proyecto de GNL de SESA (Southern Energy) en 2027, al que le seguirán el de YPF y el de Camuzzi, anunciado recientemente.
Así que 2030 nos va a encontrar con un escenario diferente. Y, a este ritmo, en 2035/2040 uno puede estar pensando en una producción de 2.000.000 de barriles diarios.
P– Con todo este auge que se espera, ¿Cuáles son los desafíos que percibe para los próximos años en el sector del oil & gas?
R– Los desafíos son muchos y se están enfrentando paso a paso. Uno de los más importantes, como dijimos, es el de la evacuación, tanto de petróleo como de gas. Esos proyectos ya están en marcha. El proyecto de GNL de YPF, por ejemplo, se estaría firmando antes de fin de año. Y todo eso implica una generación de infraestructura muy importante.
El segundo desafío es la logística. Para seguir aumentando la producción hay que buscar métodos más eficientes para transportar la arena. También se necesitan más caminos y una mejor infraestructura para movilizar todo el equipamiento que requiere el desarrollo de Vaca Muerta.
Hoy estamos en menos del 10% de la superficie de la formación y esta actividad se va a ir extendiendo a gran parte de la cuenca. Por lo tanto, eso va a requerir una logística cada vez más amplia y eficiente.
El tercer gran desafío será el de los proveedores. Aunque parezca mentira, vamos a necesitar generar nuevos proveedores de materiales y servicios, además de fortalecer a los actuales, para que puedan acompañar una actividad mayor que la que tienen hoy.

La provisión de materias primas y materiales es un tema importante porque, a medida que se perforan más pozos, se requieren más insumos. Eso implica plazos de entrega que deben planificarse adecuadamente. El buen funcionamiento de todo el sistema depende de una cadena de proveedores aceitada.
P– A veces se sobredimensionan algunas cosas. ¿Qué le diría a quienes plantean que Vaca Muerta es la solución para la economía argentina?
R– Esta misma pregunta puede plantearse respecto del agro. Habría que preguntarse si el agro fue la única solución para la economía argentina. Y no lo fue. Es una actividad muy importante, que ha generado divisas y ha agregado actividad económica, pero no se puede poner sobre sus hombros el peso de toda la economía argentina. Del mismo modo, tampoco se puede poner sobre los hombros del gas y del petróleo.
El sector energético puede contribuir a aumentar las exportaciones, mejorar el saldo de la balanza comercial y generar un mayor ingreso de divisas. Además, tiene una enorme cadena de valor que alcanza a numerosas provincias. Pero no es la solución absoluta.
Lo que sí pueden permitir, trabajando de manera complementaria, el agro, la minería y los hidrocarburos, bien gestionados, es reducir la carga impositiva y mejorar el acceso al crédito. Ningún sector por sí solo puede constituirse como solución para la economía de un país.
El presidente del Instituto Argentino del Petróleo y el Gas (IAPG), Ernesto López Anadón, no tiene dudas de que la industria atraviesa un punto de inflexión. En una entrevista exclusiva con EnergíaON, el referente afirmó que hay "un antes y un después" de Vaca Muerta y que, sin la formación shale, Argentina dependería de las costosas importaciones de gas y petróleo durante todo el año.
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