De traer Angus cuando solo había ovejas en Río Negro a debutar como anfitriones de un clásico remate anual
Tras nueve años de remates compartidos con Don Fioto en Carmen de Patagones, la cabaña La Laguna de la familia Lavayén de General Conesa cumplió el sueño de hacerlo en su propio campo. El hito tuvo lugar en un año que ya venía marcado por el reconocimiento a su genética Angus en Palermo.
Julián Lavayén, junto a su padre Néstor, durante el primer remate celebrado en su campo. Foto: gentileza.
En 1969, cuando la ganadería bovina todavía era casi una rareza en la Patagonia, el padre y el abuelo de Julián Lavayén llevaron las primeras vacas Aberdeen Angus a su región. Llegaron desde la cabaña Don Alfredo, de Fortabat, en Olavarría, y fueron el punto de partida de una historia que casi seis décadas después encontró uno de sus momentos más importantes: el pasado 3 de octubre, por primera vez, el tradicional remate anual del que la cabaña La Laguna es parte se hizo en el propio establecimiento de la familia, en General Conesa.
No fue un año cualquiera para los Lavayén. Meses antes de abrir las tranqueras de su campo para recibir a productores, amigos y familias de toda la región, La Laguna había alcanzado uno de esos logros que quedan para siempre en la historia de una cabaña: la Mejor Vaca con Cría Angus en la Expo Rural de Palermo, además de ingresar a la fila final, entre apenas siete ejemplares seleccionados de unos 700. Después de años de trabajo, el décimo remate junto a la cabaña Don Fioto fue también el momento elegido para dar el paso que Julián había imaginado desde el comienzo: hacerlo en casa.
Los Lavayén, prioneros con sus primeros Angus
Cuando los Lavayén llevaron aquellas primeras vacas Aberdeen Angus a la región, el escenario ganadero era muy diferente al actual. No se trataba de elegir entre Angus y Hereford: en buena parte de la Patagonia todavía había muy pocos bovinos y la producción ovina tenía un protagonismo central.
En ese contexto, el padre y el abuelo de Julián (ambos llamados Néstor) fueron pioneros en la ganadería bovina de la zona. La decisión de apostar por Angus terminó convirtiéndose en el primer capítulo de una trayectoria familiar que se extendió durante generaciones y que, con el tiempo, incorporó producción, genética e innovación.
Hoy La Laguna trabaja bajo un sistema de ciclo completo que incluye cría, recría y engorde, además de la cabaña. Una parte central del esquema es producir en el propio establecimiento, bajo riego, casi toda la comida que necesita la hacienda.

La historia de la cabaña propiamente dicha comenzó en 2001, cuando Julián regresó después de recibirse de médico veterinario y se incorporó al trabajo familiar.
“Empecé con la cabaña haciendo Angus MaS para llegar al Puro Controlado. Después comencé con el Pedigree, comprando en la cabaña La Bellaca y una vaca de Tres Marías en una Expo Rural de Bahía Blanca”, recuerda en diálogo con Río Negro Rural.
El nombre también nació de ese vínculo con el territorio. La Laguna tomó su denominación de la chacra ubicada sobre la margen sur del río Negro, donde Julián instaló los primeros corrales para los toros. Allí hay una laguna y allí, todavía hoy, continúa buena parte del trabajo de pedigree.
Crecer con la innovación en la ganadería de Río Negro
Casi 30 años después de aquellos primeros pasos, la genética cambió profundamente. Pero, para Julián, hay algo que permaneció intacto: la necesidad de avanzar.
“En 30 años han avanzado muchísimo las técnicas reproductivas. Antes se hacía inseminación casi exclusivamente; después aparecieron el flushing y las transferencias embrionarias. Hoy se hace fertilización in vitro y ya son obligatorios el ADN y la genómica”, explica.
La innovación, para él, no es una elección secundaria sino una condición para sostener una empresa ganadera a lo largo del tiempo. “Para los que estamos en estos temas no es opción no hacerlo, porque es la manera de perdurar. Y vengo de una familia que nunca se quedó quieta”.

Esa búsqueda tampoco quedó limitada al Angus. Durante su etapa como presidente de la Sociedad Rural de General Conesa, Julián trabajó para que la localidad recibiera la Nacional Hereford y luego impulsó la realización de la Nacional Patagónica Hereford, en el marco de la inauguración del actual edificio de la entidad.
Es otro capítulo de una trayectoria vinculada a la ganadería regional y a la construcción de instituciones que acompañaran el desarrollo de la actividad.
El sueño de rematar en casa
El sueño del primer remate propio, sin embargo, no apareció de un día para otro. Julián asegura que lo tuvo presente desde el comienzo, aunque sabía que para hacerlo realidad había que esperar el momento adecuado.
Durante nueve años, La Laguna realizó su remate junto con la cabaña Don Fioto, de Luciano Correndo en Carmen de Patagones. “Nos une una gran amistad y una manera muy parecida de ver las cosas. Nos uníamos en Carmen de Patagones: él es de Stroeder y yo de General Conesa”, cuenta Julián.
Con el décimo remate llegó también la sensación de que el momento había madurado. “Yo tuve presente el remate en casa desde el primer día, pero, como todo, es un proceso que lleva años. Justo ahora que celebrábamos el décimo remate juntos, era como si todo hubiera madurado para hacerlo”.

La decisión implicaba mucho más que cambiar de escenario. Significaba llevar a productores, compradores, amigos, proveedores y buena parte de la comunidad ganadera al lugar donde se había construido la historia de la familia.
“Yo nunca dejé pasar el tren en nada. A veces sale y a veces no, pero me subo. Y acá pasó lo mismo. Salió todo más que bien”, sostuvo.
Durante esos nueve años junto a Correndo, ambos fueron los responsables de llevar adelante el único remate anual de cabañas de la región. El décimo encuentro marcó así un cambio de etapa: después de años de compartir la organización, La Laguna abrió las tranqueras de su propio establecimiento.
Un año para el recuerdo para la cabaña rionegrina
El remate llegó después de un año particularmente especial. En Palermo, la principal exposición ganadera de la Argentina y una de las más importantes del mundo, La Laguna consiguió la Mejor Vaca con Cría Angus y logró ingresar a la fila final de siete ejemplares entre unos 700.
Para Julián, ese resultado tuvo un significado diferente al de cualquier otro logro. “Palermo es muy difícil y el reconocimiento fue muy gratificante. Es como para los futbolistas llegar a jugar un superclásico en una final, e incluso una final del mundo”.
El remate en La Laguna fue otra clase de desafío. Allí había una variable que sí estaba en manos de la familia: la posibilidad de pensar cada detalle, recibir a la gente y hacer que quienes llegaran al establecimiento se fueran conformes, hubieran comprado o no. “Es algo que uno trabaja, salió todo bien y la gente se fue muy contenta, pero eso está en nuestras manos”, evaluó.

La jornada reunió a unas 400 personas, con la hacienda como protagonista, pero también con un fuerte componente familiar y afectivo. Hubo almuerzo, reconocimientos y encuentros, además de una oferta genética que incluyó toros y hembras Angus de distintas categorías. Entre los animales destacados estuvo un colorado PP, cuyo 50% alcanzó los 26 millones de pesos (US$16.800 al tipo de cambio oficial de Banco Nación vigente ese día), mientras que también se vendió el 50% de la campeona de Palermo en 21 millones de pesos (US$13.600)
Los números fueron importantes. Pero, para la familia, representaron apenas una parte de lo que significaba ese día. Porque detrás de aquel remate estaba la historia iniciada en 1969 con las primeras Angus que llegaron a la región. Estaban los años de trabajo, la construcción de la cabaña, la incorporación de nuevas tecnologías, los remates compartidos con Don Fioto y la búsqueda permanente de genética.
Y estaba, finalmente, “El Tropezón”. El campo donde se hizo la historia familiar. Donde se cría, se recría y se engorda la hacienda, y donde se produce buena parte de la comida bajo riego. El mismo lugar que durante años Julián imaginó como escenario de su propio remate, y donde hizo realidad su sueño.

“Sin el grupo de gente que trabaja desde hace muchos años para ponerle la frutilla al postre, nada se podría hacer. Lo más importante de todo es el equipo de trabajo”, destaca.
En 2026, ese equipo pudo finalmente abrir las tranqueras de El Tropezón para recibir a todos en casa. Y después de casi seis décadas de Angus en la familia Lavayén, un premio en Palermo y nueve remates compartidos, el décimo tuvo un significado distinto.
No fue solamente un cambio de escenario. Fue la llegada a un lugar que, en realidad, habían estado construyendo durante toda una vida.
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En 1969, cuando la ganadería bovina todavía era casi una rareza en la Patagonia, el padre y el abuelo de Julián Lavayén llevaron las primeras vacas Aberdeen Angus a su región. Llegaron desde la cabaña Don Alfredo, de Fortabat, en Olavarría, y fueron el punto de partida de una historia que casi seis décadas después encontró uno de sus momentos más importantes: el pasado 3 de octubre, por primera vez, el tradicional remate anual del que la cabaña La Laguna es parte se hizo en el propio establecimiento de la familia, en General Conesa.
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