“Dolor ciudadano, sin bandera”
A poco más de dos semanas para una elección que a priori debería ser bisagra en la vida de los argentinos, nos vemos envueltos y aturdidos por sinsentidos publicitarios que no hacen más que reforzar la idea del político como producto y no como proyecto. La mejor frase, la que más pegue, la imagen que conmueva serán los criterios que, ante el vacío de ideas y propuestas creíbles y de posible concreción, inclinen entre la gran masa indecisa el destino de un voto tan trascendental. Siempre respetando las decisiones de cada uno de los votantes, da pena observar al ciudadano que se trata de convencer a sí mismo de que un candidato es el mejor, cuando sabe que en realidad lo elegirá sólo para que no gane “el otro”. No lo hará por convicción, no lo hará a gusto, no lo hará por ideología. La paupérrima variedad que nos presenta el menú presidenciable denota y desnuda la escasez de calidad existente entre la clase política que llega a “jugar en primera”, claro está que siempre hay excepciones: gente que realmente tiene vocación de servicio, que sigue de cerca los temas de interés de las personas, pero que al no contar con aparato por decidir abstenerse a “la transa”, oponiéndose de esa manera al ritmo vertiginoso que el sistema impone, difícilmente trascienda en las grandes esferas de este ámbito o tenga la posibilidad de obtener las herramientas necesarias para llevar adelante la parte práctica de lo potable que en sus palabras expresa. En lo personal siento un dolor profundo por encontrarme ante esta instancia que tanto esperamos, con una situación que no está a la altura de la circunstancias. Siento un vacío enorme y un falta de identidad política en la cara de los candidatos, que se potencia cuando hasta los “dirigentes limpios” terminan teniendo la misma conducta de descarte que el ciudadano al que hacia referencia anteriormente en estas líneas: este, como sabe que no tendrá un desempeño que lo ponga ni siquiera cerca de la lucha por el sillón de la Rosada, erróneamente, a través de un tibia pero explícita voz, da a conocer una inclinación hacia lo que considero, aclaro, de manera personal, lo peor de la política, cuando digo lo peor hablo de cualquiera de los que tienen posibilidades de reales de conducir este país. Tendremos que construir mucho, ciudadanos y dirigentes hacia el futuro, en búsqueda de verdaderas opciones políticas que llamen a la unidad sincera y no a aquella que decanta de manera forzada. Habrá que gestar espacios en donde se puedan visibilizar con claridad ideas y posturas que muestren sin “máscaras” para quiénes se desea trabajar, para qué sectores de la sociedad, para unos, para otros o para todos. Nicolás Ariel Abelleira Tapia DNI 32.049.598 Viedma
Nicolás Ariel Abelleira Tapia DNI 32.049.598 Viedma
A poco más de dos semanas para una elección que a priori debería ser bisagra en la vida de los argentinos, nos vemos envueltos y aturdidos por sinsentidos publicitarios que no hacen más que reforzar la idea del político como producto y no como proyecto. La mejor frase, la que más pegue, la imagen que conmueva serán los criterios que, ante el vacío de ideas y propuestas creíbles y de posible concreción, inclinen entre la gran masa indecisa el destino de un voto tan trascendental. Siempre respetando las decisiones de cada uno de los votantes, da pena observar al ciudadano que se trata de convencer a sí mismo de que un candidato es el mejor, cuando sabe que en realidad lo elegirá sólo para que no gane “el otro”. No lo hará por convicción, no lo hará a gusto, no lo hará por ideología. La paupérrima variedad que nos presenta el menú presidenciable denota y desnuda la escasez de calidad existente entre la clase política que llega a “jugar en primera”, claro está que siempre hay excepciones: gente que realmente tiene vocación de servicio, que sigue de cerca los temas de interés de las personas, pero que al no contar con aparato por decidir abstenerse a “la transa”, oponiéndose de esa manera al ritmo vertiginoso que el sistema impone, difícilmente trascienda en las grandes esferas de este ámbito o tenga la posibilidad de obtener las herramientas necesarias para llevar adelante la parte práctica de lo potable que en sus palabras expresa. En lo personal siento un dolor profundo por encontrarme ante esta instancia que tanto esperamos, con una situación que no está a la altura de la circunstancias. Siento un vacío enorme y un falta de identidad política en la cara de los candidatos, que se potencia cuando hasta los “dirigentes limpios” terminan teniendo la misma conducta de descarte que el ciudadano al que hacia referencia anteriormente en estas líneas: este, como sabe que no tendrá un desempeño que lo ponga ni siquiera cerca de la lucha por el sillón de la Rosada, erróneamente, a través de un tibia pero explícita voz, da a conocer una inclinación hacia lo que considero, aclaro, de manera personal, lo peor de la política, cuando digo lo peor hablo de cualquiera de los que tienen posibilidades de reales de conducir este país. Tendremos que construir mucho, ciudadanos y dirigentes hacia el futuro, en búsqueda de verdaderas opciones políticas que llamen a la unidad sincera y no a aquella que decanta de manera forzada. Habrá que gestar espacios en donde se puedan visibilizar con claridad ideas y posturas que muestren sin “máscaras” para quiénes se desea trabajar, para qué sectores de la sociedad, para unos, para otros o para todos. Nicolás Ariel Abelleira Tapia DNI 32.049.598 Viedma
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