“La unidad sanitaria de tu barrio, tan importante como el Garrahan”

Redacción

Por Redacción

En los últimos días, en diferentes medios de comunicación y redes sociales se vieron reflejadas denuncias y agravios en el ámbito de la salud pública: por un lado, manifestaciones en el Hospital Garrahan denunciando recorte presupuestario por parte del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y por otro, imágenes de hospitales bonaerenses con los pasillos inundados y las paredes caídas por las deplorables condiciones edilicias; ambas situaciones –en algunos casos, a mi entender– utilizadas mediáticamente para sacar rédito político preelectoral. Pero hay algo que las une: pertenecen al sistema público de salud, con todo lo que ello significa. El paciente no abona ni un solo centavo, se intenta ejercer una medicina de rigor científico, existen sistemas de formación de profesionales, creando un ámbito docente, lo que en muchos casos ubica el sistema de atención un escalón por encima del privado. Todos ellos son motivos suficientes para que como sociedad estemos de acuerdo en sostenerlo y poner todo nuestro empeño para que funcione y bien. Cabe aclarar que la historia de cada una de las instituciones marca realidades diferentes. El Garrahan (cuyo presupuesto es compartido entre el gobierno nacional y el de la Ciudad de Buenos Aires) responde con más de 25 años a la más alta complejidad de atención, con un nivel de calidad que no tiene mucho que envidiarles a los estándares de atención de los países más desarrollados del mundo. ¿Causas de ello? Un abultado presupuesto destinado a tecnología e insumos, salarios dignos y cargos jerárquicos en manos de profesionales capaces, entre otros elementos que hoy peligran. Por otro lado, tanto los hospitales generales como las unidades sanitarias barriales dependientes de la Provincia como de la Ciudad de Buenos Aires, con condiciones edilicias deplorables, dificultades para conseguir turnos por escaso personal, falta de insumos, etcétera. ¿Causas de ello? Presupuestos escasos, salarios bajos, cargos jerárquicos en algunos casos basados en “amiguismos”… ¿Podríamos atribuir este último panorama sólo a las decisiones que toman los políticos, teniendo en cuenta que en ambas situaciones han gobernado partidos políticos con diferentes ideologías por más de 25 años? Con más de un cuarto de siglo de historia, el Garrahan nunca perdió su prestigio ni calidad de atención –y esperemos que siga recibiendo el presupuesto que recibe para continuar haciéndolo–. Ningún gobierno –ni nacional ni de la Ciudad– quiso pagar el costo político de que el hospital se derrumbara y esto se debe a que la población ejerció y ejerce mucha presión para que ello no ocurra. Entonces, la pregunta siguiente es: ¿hay algo que podamos hacer para que el resto de las instituciones de salud en sus diferentes niveles de atención funcione como el Garrahan? Entender lo que está escrito en todos los manuales de salud pública, que establecen que el acceso a una atención primaria de la salud de calidad es la base para mejorar la salud de la población. Recién allí podremos ejercer la presión necesaria para que la clase política, por razones ideológicas o en el peor de los casos por no querer pagar el costo político, tome las medidas correspondientes (aquellas que llevaron al buen funcionamiento del Garrahan) en el primer y segundo nivel de atención para el buen funcionamiento de los mismos. En otras palabras: un acto civil y democrático para mejorar nuestro sistema de salud no debería ser sólo la emisión del sufragio, sino también la participación ciudadana en instituciones, asociaciones, fundaciones, colectas y manifestaciones que ejerzan presión sobre la clase dirigente para que juntos tengamos una salud pública cada vez mejor. Hernán Epifanio Médico pediatra del Hospital Garrahan

Hernán Epifanio Médico pediatra del Hospital Garrahan


En los últimos días, en diferentes medios de comunicación y redes sociales se vieron reflejadas denuncias y agravios en el ámbito de la salud pública: por un lado, manifestaciones en el Hospital Garrahan denunciando recorte presupuestario por parte del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y por otro, imágenes de hospitales bonaerenses con los pasillos inundados y las paredes caídas por las deplorables condiciones edilicias; ambas situaciones –en algunos casos, a mi entender– utilizadas mediáticamente para sacar rédito político preelectoral. Pero hay algo que las une: pertenecen al sistema público de salud, con todo lo que ello significa. El paciente no abona ni un solo centavo, se intenta ejercer una medicina de rigor científico, existen sistemas de formación de profesionales, creando un ámbito docente, lo que en muchos casos ubica el sistema de atención un escalón por encima del privado. Todos ellos son motivos suficientes para que como sociedad estemos de acuerdo en sostenerlo y poner todo nuestro empeño para que funcione y bien. Cabe aclarar que la historia de cada una de las instituciones marca realidades diferentes. El Garrahan (cuyo presupuesto es compartido entre el gobierno nacional y el de la Ciudad de Buenos Aires) responde con más de 25 años a la más alta complejidad de atención, con un nivel de calidad que no tiene mucho que envidiarles a los estándares de atención de los países más desarrollados del mundo. ¿Causas de ello? Un abultado presupuesto destinado a tecnología e insumos, salarios dignos y cargos jerárquicos en manos de profesionales capaces, entre otros elementos que hoy peligran. Por otro lado, tanto los hospitales generales como las unidades sanitarias barriales dependientes de la Provincia como de la Ciudad de Buenos Aires, con condiciones edilicias deplorables, dificultades para conseguir turnos por escaso personal, falta de insumos, etcétera. ¿Causas de ello? Presupuestos escasos, salarios bajos, cargos jerárquicos en algunos casos basados en “amiguismos”... ¿Podríamos atribuir este último panorama sólo a las decisiones que toman los políticos, teniendo en cuenta que en ambas situaciones han gobernado partidos políticos con diferentes ideologías por más de 25 años? Con más de un cuarto de siglo de historia, el Garrahan nunca perdió su prestigio ni calidad de atención –y esperemos que siga recibiendo el presupuesto que recibe para continuar haciéndolo–. Ningún gobierno –ni nacional ni de la Ciudad– quiso pagar el costo político de que el hospital se derrumbara y esto se debe a que la población ejerció y ejerce mucha presión para que ello no ocurra. Entonces, la pregunta siguiente es: ¿hay algo que podamos hacer para que el resto de las instituciones de salud en sus diferentes niveles de atención funcione como el Garrahan? Entender lo que está escrito en todos los manuales de salud pública, que establecen que el acceso a una atención primaria de la salud de calidad es la base para mejorar la salud de la población. Recién allí podremos ejercer la presión necesaria para que la clase política, por razones ideológicas o en el peor de los casos por no querer pagar el costo político, tome las medidas correspondientes (aquellas que llevaron al buen funcionamiento del Garrahan) en el primer y segundo nivel de atención para el buen funcionamiento de los mismos. En otras palabras: un acto civil y democrático para mejorar nuestro sistema de salud no debería ser sólo la emisión del sufragio, sino también la participación ciudadana en instituciones, asociaciones, fundaciones, colectas y manifestaciones que ejerzan presión sobre la clase dirigente para que juntos tengamos una salud pública cada vez mejor. Hernán Epifanio Médico pediatra del Hospital Garrahan

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