La ola gremial
El reto de las ataduras salariales: las subas para Unter y UPCN. Weretilneck abrió un canal con Nación.
Nación no tiene paz y Río Negro flota en ese mar demasiado enrarecido. No hay que hacer más olas. Ese desafío recaerá esta semana en el gobernador Alberto Weretilneck, con las negociaciones por las subas salariales. No está nada fácil. Mañana será un día decisivo para acordar con Unter, el actual desvelo gubernamental. Ese panorama se complicó el viernes cuando Nación negó su propuesta (un alza 40% en cargos iniciales), que Ctera aceptaba, y puso al gremio en pie de guerra. Ese contexto acuerdista, con pautas y mandatos, ya influía en Río Negro cuando todo, sorpresivamente, se diluyó en Capital Federal. La oferta rionegrina llegó al 28% para las categorías menores y mucho menos en las superiores. La Unter quiere –por lo menos– un alza general, superior al 30% y con plazos más cortos, pues llegan a septiembre. Educación dispone de otro ofrecimiento para mañana. El porcentaje estaría entre el 31 y el 32% en los cargos inferiores, con índices menores en los otros cargos. El alza media rondaría el 25%, con una progresividad de cuotas más reducida que finalizaría en julio. Weretilneck avaló ese último diseño de la ministra Mónica Silva. Le puso una condición. “Esas subas sólo se pagan si Unter acepta la propuesta”, le dijo. Cualquier oferta será evaluada en el congreso docente, convocado para el miércoles a Villa Regina. Esos límites delinearán la discusión con UPCN, cuyo esquema se divide en sumas fijas para los haberes menores y porcentajes para los mayores. El titular gremial Juan Scalesi está focalizado en los montos fijos. Recita públicamente su pretensión de entre 3.000 y 4.000 pesos. La charla gubernamental se circunscribe a entre 2.700 y 3.000 en escalas inferiores. Esa franja parece lógica. Ocurre que una suba del 31% en el maestro inicial (que hoy percibe 9.001 pesos) significa unos 2.800 pesos. La disponibilidad, como siempre, es limitada. Vale entonces todo argumento. El gobierno nacional aportó un elemento para su negociación: la reducción de Ganancias, que pronostica mejoras iniciales del 10 al 20% en los salarios gravados. Alivia –mayormente– a los docentes y profesionales de Salud. Weretilneck recogió rápidamente ese motivo para la discusión con Unter. “Favorece a 1.900 docentes”, declaró al otro día en LU19. El impacto se diluye en un espectro de 22.000 docentes. Ese beneficio no llega al 10% de la planta de educadores. Es cierto también que esa camada se compone de cargos de conducción, es decir supervisores y directores, allí donde la presión se siente más. El cambio de Ganancias ofrece su contracara: el impacto impositivo negativo para Nación tendrá su incidencia en las provincias. El 64% de ese tributo va a la masa coparticipable. Economía provincial todavía evalúa esa pérdida. La AFIP estima la merma en 49.000 millones y ciertos estudios calculan que la baja rionegrina superaría los 300 millones anuales. Una visión optimista confía en que ese perjuicio tendrá una compensación con un mayor consumo, con subas tributarias por ventas (IVA desde Nación e Ingresos Brutos en la provincia). Números reales y proyecciones. Ese mundo negador de la política que, igualmente, puede ponerla en crisis cuando se mezcla con los conflictos. Weretilneck también se enfocó en el roce con Nación. Transitó, entre jueves y viernes, despachos nacionales con ministros y funcionarios. Llegaron con problemas de soluciones demoradas, desde viviendas hasta obras viales, fondos frutícolas e inversiones agrícolas. Al regreso existía satisfacción por la simple apertura de gestiones y las expectativas de ciertas concreciones. El ministro de Energía Juan Aranguren recibió al rionegrino, con varios temas y la urgencia de la conclusión del gasoducto Cordillerano, que tiene a Bariloche a la espera de la ampliación de esos servicios. Weretilneck fue solo. Ya no tenía “ministro” de Energía, pues Marcelo Echegoyen había renunciado por cansancio y “razones personales”. Cierra, llamativamente, su ciclo con esas razones, a pesar de que hace un mes y medio juró su continuidad. Seguro que hay otros motivos. La reunión de Weretilneck y el ministro Rogelio Frigerio, aun el repaso de la gestión, rondó una charla política y bastante sincera. Participaron dos operadores que se conocen mucho más: el secretario de Interior, Sebastián de Luca, y el legislador Facundo López. El arrimo relajó, pero no mucho más. El gobernador no logra sacudirse su aprensión por el poder macrista y sus miembros también tienen sus cuidados. Saben de su lado escurridizo. Ellos el miércoles anotaron otro suceso donde Río Negro fue y vino. La Provincia firmó el protocolo de actuación de las fuerzas en las manifestaciones públicas pero cuando la ministra Patricia Bullrich estaba en vuelo a Capital Federal el gobierno rionegrino ya se distanció del procedimiento “antipiquetes”. El gobernador anuló su osadía y prioriza su cautela. Vigila cada paso que concreta junto al gobierno de Macri. Silencia reuniones y promesas nacionales. Por caso, no existió información oficial de su periplo por Casa Rosada. Tampoco se difundió la firma del convenio con Agroindustria por los fondos para los productores frutícolas, que llegarían esta semana. Weretilneck no quiere abrazar más problemas. Primero, procura apartar al gobierno de los apuros gremiales que asoman. Trabaja para seguir con los problemas de siempre.
adrián pecollo adrianpecollo@rionegro.com.ar
Nación no tiene paz y Río Negro flota en ese mar demasiado enrarecido. No hay que hacer más olas. Ese desafío recaerá esta semana en el gobernador Alberto Weretilneck, con las negociaciones por las subas salariales. No está nada fácil. Mañana será un día decisivo para acordar con Unter, el actual desvelo gubernamental. Ese panorama se complicó el viernes cuando Nación negó su propuesta (un alza 40% en cargos iniciales), que Ctera aceptaba, y puso al gremio en pie de guerra. Ese contexto acuerdista, con pautas y mandatos, ya influía en Río Negro cuando todo, sorpresivamente, se diluyó en Capital Federal. La oferta rionegrina llegó al 28% para las categorías menores y mucho menos en las superiores. La Unter quiere –por lo menos– un alza general, superior al 30% y con plazos más cortos, pues llegan a septiembre. Educación dispone de otro ofrecimiento para mañana. El porcentaje estaría entre el 31 y el 32% en los cargos inferiores, con índices menores en los otros cargos. El alza media rondaría el 25%, con una progresividad de cuotas más reducida que finalizaría en julio. Weretilneck avaló ese último diseño de la ministra Mónica Silva. Le puso una condición. “Esas subas sólo se pagan si Unter acepta la propuesta”, le dijo. Cualquier oferta será evaluada en el congreso docente, convocado para el miércoles a Villa Regina. Esos límites delinearán la discusión con UPCN, cuyo esquema se divide en sumas fijas para los haberes menores y porcentajes para los mayores. El titular gremial Juan Scalesi está focalizado en los montos fijos. Recita públicamente su pretensión de entre 3.000 y 4.000 pesos. La charla gubernamental se circunscribe a entre 2.700 y 3.000 en escalas inferiores. Esa franja parece lógica. Ocurre que una suba del 31% en el maestro inicial (que hoy percibe 9.001 pesos) significa unos 2.800 pesos. La disponibilidad, como siempre, es limitada. Vale entonces todo argumento. El gobierno nacional aportó un elemento para su negociación: la reducción de Ganancias, que pronostica mejoras iniciales del 10 al 20% en los salarios gravados. Alivia –mayormente– a los docentes y profesionales de Salud. Weretilneck recogió rápidamente ese motivo para la discusión con Unter. “Favorece a 1.900 docentes”, declaró al otro día en LU19. El impacto se diluye en un espectro de 22.000 docentes. Ese beneficio no llega al 10% de la planta de educadores. Es cierto también que esa camada se compone de cargos de conducción, es decir supervisores y directores, allí donde la presión se siente más. El cambio de Ganancias ofrece su contracara: el impacto impositivo negativo para Nación tendrá su incidencia en las provincias. El 64% de ese tributo va a la masa coparticipable. Economía provincial todavía evalúa esa pérdida. La AFIP estima la merma en 49.000 millones y ciertos estudios calculan que la baja rionegrina superaría los 300 millones anuales. Una visión optimista confía en que ese perjuicio tendrá una compensación con un mayor consumo, con subas tributarias por ventas (IVA desde Nación e Ingresos Brutos en la provincia). Números reales y proyecciones. Ese mundo negador de la política que, igualmente, puede ponerla en crisis cuando se mezcla con los conflictos. Weretilneck también se enfocó en el roce con Nación. Transitó, entre jueves y viernes, despachos nacionales con ministros y funcionarios. Llegaron con problemas de soluciones demoradas, desde viviendas hasta obras viales, fondos frutícolas e inversiones agrícolas. Al regreso existía satisfacción por la simple apertura de gestiones y las expectativas de ciertas concreciones. El ministro de Energía Juan Aranguren recibió al rionegrino, con varios temas y la urgencia de la conclusión del gasoducto Cordillerano, que tiene a Bariloche a la espera de la ampliación de esos servicios. Weretilneck fue solo. Ya no tenía “ministro” de Energía, pues Marcelo Echegoyen había renunciado por cansancio y “razones personales”. Cierra, llamativamente, su ciclo con esas razones, a pesar de que hace un mes y medio juró su continuidad. Seguro que hay otros motivos. La reunión de Weretilneck y el ministro Rogelio Frigerio, aun el repaso de la gestión, rondó una charla política y bastante sincera. Participaron dos operadores que se conocen mucho más: el secretario de Interior, Sebastián de Luca, y el legislador Facundo López. El arrimo relajó, pero no mucho más. El gobernador no logra sacudirse su aprensión por el poder macrista y sus miembros también tienen sus cuidados. Saben de su lado escurridizo. Ellos el miércoles anotaron otro suceso donde Río Negro fue y vino. La Provincia firmó el protocolo de actuación de las fuerzas en las manifestaciones públicas pero cuando la ministra Patricia Bullrich estaba en vuelo a Capital Federal el gobierno rionegrino ya se distanció del procedimiento “antipiquetes”. El gobernador anuló su osadía y prioriza su cautela. Vigila cada paso que concreta junto al gobierno de Macri. Silencia reuniones y promesas nacionales. Por caso, no existió información oficial de su periplo por Casa Rosada. Tampoco se difundió la firma del convenio con Agroindustria por los fondos para los productores frutícolas, que llegarían esta semana. Weretilneck no quiere abrazar más problemas. Primero, procura apartar al gobierno de los apuros gremiales que asoman. Trabaja para seguir con los problemas de siempre.
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