Relaciones carnales

Como los hermanos, Quiroga pelea por el amor en desventaja.

Redacción

Por Redacción

Omar Gutiérrez ya tiene característica de gobernador mimado de la Casa Rosada. Adelantos de coparticipación que colocan a Neuquén entre las tres más beneficiadas con auxilio financiero y un lugar en la cena que habrá con el presidente de Estados Unidos Barack Obama el próximo miércoles marcan tendencia de un vínculo que se va consolidando en “relaciones carnales”, apelando a una definición muy de los 90. El gobernador neuquino se mueve como operador externo de la gestión del presidente Mauricio Macri en temas neurálgicos, como sucedió recientemente con la militancia activa que asumió para ayudar a eliminar las leyes Cerrojo y de Pago Soberano que le permiten al gobierno nacional pagarles a los fondos buitre. En este tema, Gutiérrez se posicionó bien temprano en el debate con declaraciones a favor del proyecto del oficialismo y después se sumó a la tarea de “ablande” de los gobernadores en el Senado, donde se librará la batalla decisiva. Gutiérrez también ofició de vocero en la Casa Rosada de la negociación en marcha con los gobernadores para devolverles a las provincias el 15% de la coparticipación que se les retiene para la Anses. Y sigue sumando autorretratos con Macri para demostrar que se encuentra en el lugar de la política que más cómodo le resulta. De paso, la exhibición secuencial le sirve para marcar territorio frente a aliados locales del macrismo con mayor antigüedad. Tal es el caso del intendente de la capital Horacio Quiroga que, como suele ocurrir entre los hermanos, disputa en desventaja el amor de los padres. La relación de proximidad de Macri con Gutiérrez no es tanto por los votos que tiene el MPN en el Congreso de la Nación –que por supuesto el gobierno nacional los necesita en un escenario político dividido–, ni tampoco por el peso electoral de una provincia que tiene menos habitantes que un partido del conurbano bonaerense. La atracción se produce a partir de una forma de hacer política de un partido que no responde a estructuras nacionales, que tiene su fuerza en la territorialidad y que se mueve en un marco ideológico tan flexible que es capaz de enterrar de un día para el otro su alineamiento con el kirchnerismo sin que esto provoque discusiones internas, el señalamiento de traiciones ni otros debates por el estilo. ¿Cuánto le pide el macrismo al MPN y cuánto está dispuesto a dar el partido por la nueva causa? El límite de la lealtad y fidelidad lo definirá el entrenado sentido de la oportunidad y pragmatismo que desarrolló esta fuerza política a lo largo de más de cinco décadas de existencia. Por ahora Gutiérrez duerme tranquilo porque tiene una canilla abierta para cubrir agujeros financieros y una promesa de mejoramiento del precio del gas que, de aplicarse en abril, reportará mayores ingresos de regalías. Además teje una relación de confianza que va creciendo precisamente por compartir el foco con el que el macrismo mira la política y la economía. Otra pregunta para formularse es si el gobernador ya está tomando decisiones por su cuenta o continúa vigente el pase de posta con su antecesor Jorge Sapag. La respuesta hay que buscarla en el silencio omnipresente del exgobernador y en sus intervenciones quirúrgicas en temas que lo siguen movilizando, casi todos referidos a la política petrolera. Excepto el protocolo antipiquete que el gobierno neuquino no avaló, la gestión de Gutiérrez está en plena sintonía con Macri. La fricción en el vínculo se puede esperar por el rumbo que tome la política energética y el impacto que pueda llegar a tener alguna decisión que afecte el desarrollo de Vaca Muerta. El rol de YPF también es materia sensible en la construcción de este vínculo, e inclusive el recambio en la conducción activó una carrera por ocupar espacios de poder en la compañía petrolera. La puja está planteada entre los “hermanos” Gutiérrez y Quiroga, que quieren “mojar el pancito” en la principal empresa del país, como así también ejercer el control en las filiales de Neuquén de los organismos nacionales.

Gerardo Bilardo gbilardo@rionegro.com.ar

panorama de neuquén


Omar Gutiérrez ya tiene característica de gobernador mimado de la Casa Rosada. Adelantos de coparticipación que colocan a Neuquén entre las tres más beneficiadas con auxilio financiero y un lugar en la cena que habrá con el presidente de Estados Unidos Barack Obama el próximo miércoles marcan tendencia de un vínculo que se va consolidando en “relaciones carnales”, apelando a una definición muy de los 90. El gobernador neuquino se mueve como operador externo de la gestión del presidente Mauricio Macri en temas neurálgicos, como sucedió recientemente con la militancia activa que asumió para ayudar a eliminar las leyes Cerrojo y de Pago Soberano que le permiten al gobierno nacional pagarles a los fondos buitre. En este tema, Gutiérrez se posicionó bien temprano en el debate con declaraciones a favor del proyecto del oficialismo y después se sumó a la tarea de “ablande” de los gobernadores en el Senado, donde se librará la batalla decisiva. Gutiérrez también ofició de vocero en la Casa Rosada de la negociación en marcha con los gobernadores para devolverles a las provincias el 15% de la coparticipación que se les retiene para la Anses. Y sigue sumando autorretratos con Macri para demostrar que se encuentra en el lugar de la política que más cómodo le resulta. De paso, la exhibición secuencial le sirve para marcar territorio frente a aliados locales del macrismo con mayor antigüedad. Tal es el caso del intendente de la capital Horacio Quiroga que, como suele ocurrir entre los hermanos, disputa en desventaja el amor de los padres. La relación de proximidad de Macri con Gutiérrez no es tanto por los votos que tiene el MPN en el Congreso de la Nación –que por supuesto el gobierno nacional los necesita en un escenario político dividido–, ni tampoco por el peso electoral de una provincia que tiene menos habitantes que un partido del conurbano bonaerense. La atracción se produce a partir de una forma de hacer política de un partido que no responde a estructuras nacionales, que tiene su fuerza en la territorialidad y que se mueve en un marco ideológico tan flexible que es capaz de enterrar de un día para el otro su alineamiento con el kirchnerismo sin que esto provoque discusiones internas, el señalamiento de traiciones ni otros debates por el estilo. ¿Cuánto le pide el macrismo al MPN y cuánto está dispuesto a dar el partido por la nueva causa? El límite de la lealtad y fidelidad lo definirá el entrenado sentido de la oportunidad y pragmatismo que desarrolló esta fuerza política a lo largo de más de cinco décadas de existencia. Por ahora Gutiérrez duerme tranquilo porque tiene una canilla abierta para cubrir agujeros financieros y una promesa de mejoramiento del precio del gas que, de aplicarse en abril, reportará mayores ingresos de regalías. Además teje una relación de confianza que va creciendo precisamente por compartir el foco con el que el macrismo mira la política y la economía. Otra pregunta para formularse es si el gobernador ya está tomando decisiones por su cuenta o continúa vigente el pase de posta con su antecesor Jorge Sapag. La respuesta hay que buscarla en el silencio omnipresente del exgobernador y en sus intervenciones quirúrgicas en temas que lo siguen movilizando, casi todos referidos a la política petrolera. Excepto el protocolo antipiquete que el gobierno neuquino no avaló, la gestión de Gutiérrez está en plena sintonía con Macri. La fricción en el vínculo se puede esperar por el rumbo que tome la política energética y el impacto que pueda llegar a tener alguna decisión que afecte el desarrollo de Vaca Muerta. El rol de YPF también es materia sensible en la construcción de este vínculo, e inclusive el recambio en la conducción activó una carrera por ocupar espacios de poder en la compañía petrolera. La puja está planteada entre los “hermanos” Gutiérrez y Quiroga, que quieren “mojar el pancito” en la principal empresa del país, como así también ejercer el control en las filiales de Neuquén de los organismos nacionales.

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