Albergues transitorios: un recuerdo en Bariloche

Eran especiales para momentos de amor seguros, pero desaparecieron. Fueron la alternativa ante los robos a parejas en los paisajes naturales. Fueron cerrando con el paso de los años ante la poca demanda.

SAN CARLOS DE BARILOCHE (AB).- Las parejas que hasta hace poco pagaban por un par de horas de fantasía e intimidad para el amor, ya no tienen dónde hacerlo, por lo menos en forma segura y disimulada en Bariloche. Si no tienen su propio refugio deben registrarse como pasajeros en una cabaña o un hotel que no les objete la falta de equipaje, o conformarse con el amor sobre cuatro ruedas en algún rincón solitario del bosque o de la costa.

Los maravillosos paisajes de la región son propicios para el amor, sobre todo en las noches donde la luna llena se refleja sobre los lagos. Pero el amor en los suburbios tuvo funestas consecuencias para muchos enamorados, por la acción de despiadados asaltantes que los despojaban y en ocasiones llegaron a violar a las damas.

El solitario camino del valle del Challhuaco era uno de los preferidos por las parejas, hasta que una banda de malvivientes tomó el circuito como escenario habitual de sus delitos.

Los policías descubrieron marcas de tacos de mujeres en lugares donde los denunciantes aseguraban haber estado solos. Sospecharon que podía tratarse de mujeres de alquiler, que habrían guiado al incauto hasta un lugar determinado. Luego establecieron que una banda operaba en los lugares preferidos por los enamorados, pero las mujeres no denunciaban el abuso para evitar la vergüenza. Así detuvieron al «Perro» Busto, quien fue reconocido por una mujer que denunció la violación, y lo condenaron a doce años de prisión.

A partir de la repetición de asaltos violentos, los parajes solitarios perdieron popularidad, y en 1993 el vacío fue aprovechado por dos empresarios que desempolvaron la ordenanza de albergues transitorios, aprobada en 1987 y nunca antes utilizada. La sociedad construyó dos hoteles de 15 habitaciones con cochera individual en el barrio Valle Verde, separados entre sí por 250 metros, a orillas de la ruta 237, en la entrada a la ciudad.

La novedad fueron los espejos que rodeaban las habitaciones y baños con paredes transparentes e hidromasaje; con luces de colores y consolas de audio y video, por lo que en los primeros días atrajo multitudes. Sin embargo pronto la oferta fue muy superior a la demanda y al cabo de unos meses el «Tu y Yo» cerró sus puertas en forma definitiva.

Continuó funcionando el albergue «Atreverse», caracterizado por dos gatos mimosos enfrentados en la entrada, pero la llama del amor también fue languideciendo allí, y se apagó finalmente en 1998. Ese año, «Atreverse» cambió su nombre por «Inalén», que significa «estar juntos», y optó por la habilitación como hotel de pasajeros, aunque algunas parejas lo siguen utilizando para sus encuentros.

Al contrario de lo que ocurre en otras ciudades, la imposición tributaria para esos establecimientos es del 6 por mil sobre los ingresos brutos, inferior por ejemplo al de una chocolatería. Es decir que la voluntad de cambio no estuvo centrada en un problema impositivo o de costos, sino en buscar el acceso al mercado turístico, más numeroso y regular que el del amor por horas.

Mientras tanto, las parejas volvieron a los autos, asumiendo el riesgo de molestas interrupciones, o a los hoteles de turismo con frentes y conserjerías demasiado iluminadas y sin dudas que eso no es lo mismo que antes.


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