Amigos en el túnel del tiempo de la ficción

La nueva producción de Polka, “Mis amigos de siempre”, propone la fórmula ya conocida de la comedia costumbrista que intenta integrar todos los públicos con algo de nostalgia.

Reencuentro de amigos que intentan salvar un club con muchos de los guiños habituales en la tiras de Polka.

Tres amigos que se reúnen después de una década para salvar el club de barrio que los vio nacer; y viejos amores frustrados y la crisis de los 30 y pico como telón de fondo, son los condimentos de “Mis amigos de siempre”, la nueva ficción de Polka que sin demasiada novedad y notorias reminiscencias a viejas propuestas televisivas desembarcó el martes en la pantalla de El Trece. Con Nicolás Cabré, Gonzalo Heredia y Nicolás Vázquez en la piel de erráticos galanes, “Mis amigos de siempre” está compuesto por un plantel de actores y actrices surgidos del semillero de Adrián Suar (y otros tantos del de Cris Morena) puestos a interpretar roles por los que ya transitaron a los ojos del televidente. La tira, de emisión diaria y escrita por Claudio Lacelli y Jorge Maestro, cuenta la historia de Simón (Cabré), Julián (Heredia) y Manuel (Vázquez), tres amigos que se conocieron a los ocho años en el club del barrio cuando compartían el equipo de fútbol infantil. Pero el pasado, como contexto igualador donde eran todos simplemente chicos y discurrían con tan sólo ser amigos, fue derribado por el presente, ese impiadoso devenir que nunca tiene las mismas cartas para todos: Julián se convirtió en futbolista profesional en el extranjero y, en su regreso a Buenos Aires, se enamora de Bárbara (Emilia Attías), que también practica el mismo deporte. Por su parte, Simón se gana la vida como fletero, está distanciado de su padre (Osvaldo Laport), tiene una hija y está en plena crisis matrimonial con Rocío (Agustina Cherri). Su vida se complica aún más cuando conoce a la seductora Tania (Calu Rivero), prima de Bárbara. En contrapartida, Manuel lleva una vida holgada como dueño de un bar, es un eterno melancólico y no deja de añorar las épocas donde no había preocupaciones ni abultadas cuentas que pagar. Así es cómo, el “futbolista-frívolo-engreído”, el “pibe que nunca pudo dejar el barrio –con problemas familiares irresueltosfrustrado” y el “chico de buen pasar –con angustias– querendón”, se volverán a ver en un evento benéfico para intentar salvar el club al mejor estilo “Luna de Avellaneda”, filme de Juan José Campanella del 2004. Si bien al principio el evento devela un sinfín de resquemores irresueltos catapultados desde un pasado que ya no existe, basta una pelota, un par de palmadas en la espalda y algún recuerdo para generar un reencuentro que promete una reedición del viejo equipo de fútbol. Así es cómo esta historia coral de amores cruzados, otros tantos no correspondidos y el barrio como elemento infaltable en el imaginario colectivo de las ficciones de Polka, “Mis amigos de siempre” irrumpe en la pantalla de verano de El Trece con una trama que parece amalgamar viejos y exitosos títulos. A excepción de los espectadores sub 30, ver la nueva ficción dirigida por Sebastián Pivotto y Rodolfo Antúnez significa rememorar, sin alusiones directas pero con cierto tufillo innegable, algunos clásicos como “La banda del Golden Rocket” (1991), “Verano del 98” (1998), “Gasoleros” (1998) y “Campeones” (1991), por sólo citar algunas. Habrá que desentrañar si la comedia costumbrista, que de acuerdo a las primeras estimaciones de Ibope anotó un muy buen rating de 15.2 puntos, logra condensar esos guiños en un producto capaz de reinventarse y mantener el interés de los espectadores. (Télam).


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