ANALISIS: Otro golpe al triunfalismo

Redacción

Por Redacción

Dick Cheney comprobó de primera mano que la seguridad en Afganistán está lejos de ser satisfactoria. Un atacante suicida logró penetrar hasta la entrada del campamento donde el vicepresidente de EE.UU. había pasado la noche, en la base militar estadounidense más importante y mejor protegida de Afganistán.

«El objetivo era Dick Cheney», anunciaron los rebeldes seguros de sí mismos. Es probable que los talibán no hayan contado con que su suicida llegara tan lejos. Pero son conscientes de la fuerza simbólica de un ataque como éste en la prensa mundial.

Los talibán nunca antes habían llegado tan cerca de un funcionario tan alto de su odiado imperio archienemigo. Además, lograron humillar al vicepresidente, que debió ponerse a salvo de un peligro que sus propios oficiales daban por eliminado.

El lunes por la noche se supo que la visita sorpresa de Cheney en Afganistán se prolongaría hasta el martes. En realidad, sus planes de viaje suelen mantenerse en secreto por temor a atentados. Cheney había aplazado su reunión en Kabul con el presidente afgano, Hamid Karzai, por una nevada. Y los talibán aprovecharon la inusual oportunidad. Necesitaron horas para escoger a uno de los 2.000 hombres de su ejército de suicidas.

El hecho reflejó la desoladora situación de seguridad en el devastado país asiático. Estados Unidos y sus aliados quieren impedir que los rebeldes lleven el país al borde del precipicio con su anunciada ofensiva de primavera. Con ese objetivo se está desplegando en el Hindukush una fuerza de más de 50.000 soldados extranjeros. EE.UU., Gran Bretaña, Dinamarca y Australia enviarán más efectivos. Se espera que Alemania haga lo mismo.

Los talibán esperan que el avance de los «infieles» inflame los ánimos de los afganos y engrose sus filas, de unos 6.000 combatientes. «Cuanto más crezca la cantidad de soldados judíos y cristianos que nos combaten, mayor será la motivación para unírsenos», dijo hace poco el líder rebelde, el mullah Dadullah. (DPA)


Dick Cheney comprobó de primera mano que la seguridad en Afganistán está lejos de ser satisfactoria. Un atacante suicida logró penetrar hasta la entrada del campamento donde el vicepresidente de EE.UU. había pasado la noche, en la base militar estadounidense más importante y mejor protegida de Afganistán.

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora

Comentarios

Estimados/as lectores de Río Negro estamos trabajando en un módulo de comentarios propio. En breve estará habilitada la opción de comentar en notas nuevamente. Mientras tanto, te dejamos espacio para que puedas hacernos llegar tu comentario.


Gracias y disculpas por las molestias.



Comentar