Desmantelemos estos órganos vergonzosos

Realmente ha sido un papelón el de la Unidad de Información Financiera (UIF) al pedir la absolución de la vicepresidenta Cristina Kirchner y los demás imputados en la causa del escandaloso direccionamiento de la obra pública a Lázaro Báez con millonarios contratos (para colmo por trabajos no concluidos).


Es un papelón porque la UIF era querellante de la causa. Es decir, fue el organismo de control que -desde los inicios de la causa- sostenía la acusación por tamaña maniobra en perjuicio del Estado. Se ha visto días atrás cómo dio un drástico giro, que naturalmente tiene consecuencias en el interior del llamado “órgano de control”.


Ya habíamos asistido a mediados de junio a la decisión de la Oficina Anticorrupción -otro de los querellantes- de abstenerse de la acusación y desistir de los alegatos contra Cristina.


Creo que -vistas tan vergonzosas actitudes- lo mejor será desactivar tanto la UIF como la OA, ya que no cumplen con sus funciones de contralor del Estado.


En el primer caso, como preventora y muro de contención de las operaciones de lavado de activos provenientes de delitos graves, como los que se juzgan.


En el segundo caso, como cuerpo que se encarga de garantizar la ética pública, la transparencia y la lucha contra la corrupción.


Con desempeños así, contrarios a la autonomía e independencia de las decisiones de los gobernantes que necesariamente debiesen exhibir, no los necesitamos. De paso nos ahorraríamos unos cuantos pesos, considerando el sideral gasto que demandan estos organismos en funcionarios, técnicos, empleados y asesores.

Miguel Arturo Benítez

Neuquén


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