Empezar a hablar
Fabián Wotnip
fwotnip@gmail.com
Hay heridas que no sangran, pero pesan. Heridas que no se ven, pero alteran el curso de la vida. El trauma psíquico pertenece a esa categoría: es la fractura invisible que ocurre cuando alguien es obligado a callar una experiencia que debería haber sido compartida. Lo traumático no es solo el hecho en sí, sino el silencio que lo cubre, el exilio de la palabra.
En la vida de muchos profesionales -médicos, enfermeros, docentes- las heridas no provienen del bisturí o del contagio, sino de algo más profundo: una injusticia moral, una acusación falsa, un despido arbitrario, una voz silenciada. Cuando se pierde el trabajo, el reconocimiento y el honor, lo que se desmorona no es únicamente la estabilidad económica, sino el relato que sostenía la identidad.
Definir el trauma psíquico implica ir más allá del síntoma. Puede entenderse como la herida resultante de verse forzado a silenciar, negar o disociar experiencias vividas con alto impacto emocional, experiencias que deberían haberse elaborado junto a las figuras de apego padres, colegas, comunidad— para adquirir sentido. Cuando esa posibilidad se interrumpe, el sujeto queda sin testigos. Y un sufrimiento sin testigos es una forma de muerte simbólica.
Superar el trauma no significa borrar lo ocurrido, sino reinsertarlo en el relato de la vida. Cada palabra pronunciada es una piedra colocada en el puente que une el dolor con la comprensión. “Empezar a hablar” no es un gesto literario. Es un acto de supervivencia espiritual.
Fabián Wotnip
fwotnip@gmail.com
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