De ver morir sus cerezos a esterilizar moscas: una propuesta para el control de plagas
En 2018, una plaga atacó los cerezos de la casa de Lihuén Soria Mercier en Lago Puelo. Quiso entender qué estaba pasando y ahora estudió un modo de combatir al insecto sin plaguicidas.
En 2018, los cerezos de su casa en Lago Puelo empezaron a morir. Lihuén Adrián Soria Mercier los vio caer uno a uno, igual que los de muchos productores de la Comarca Andina. Esa imagen no se le fue de la cabeza. La plaga que arrasó su patio terminó convirtiéndose en el corazón de su tesis de grado de la licenciatura en ciencias Biológicas, que cursó en la sede en Bariloche de la Universidad Nacional del Comahue.
La culpable del problema tiene nombre científico: Drosophila suzukii. Es una mosca de origen asiático que, en pocas décadas, expandió su población en el mundo entero al viajar junto con las frutas y alimentos que se exportan a miles de kilómetros.
A diferencia de otros insectos, la Drosophila suzukii no espera a que el fruto se pudra. Sus hembras tienen un ovipositor aserrado que perfora cerezas, frambuesas y arándanos sanos justo antes de la cosecha, arruinando su valor comercial.
En la Comarca Andina del Paralelo 42, una de las principales zonas productoras de fruta fina del país, su presencia encendió todas las alarmas. El Bolsón, Lago Puelo, El Hoyo, Epuyén, El Maitén y Cholila: ninguna localidad se salvó.
El problema es que los métodos de control convencionales tienen sus límites. Los insecticidas no siempre funcionan porque las poblaciones de moscas pueden desarrollar resistencia con el tiempo, y los plaguicidas no distinguen entre especies dañinas y beneficiosas.
Eso termina alterando el equilibrio natural del ecosistema. Productores y científicos necesitaban una alternativa que fuera efectiva pero que también respetara el ambiente y fuera compatible con una producción agroecológica.
Por eso Soria Mercier estudió la técnica del Insecto Estéril, conocida como TIE, para hacer su tesis. El método consiste en criar masivamente machos de la plaga, esterilizarlos con radiación ionizante y soltarlos al ambiente para que compitan con los machos silvestres por aparearse con las hembras.
Si el primer apareamiento es con un macho estéril, la hembra produce huevos infértiles y rechaza nuevos intentos de cópula. La población cae generación tras generación, sin necesidad de un solo gramo de plaguicida.
El gran desafío era que los machos irradiados siguieran comportándose como moscas normales. Para lograrlo, Soria Mercier utilizó un equipo de radiación gamma, el mismo aparato que se emplea en braquiterapia para tratar ciertos tipos de cáncer en humanos, detalló Soria Mercier en diálogo con Diario RIO NEGRO.
Se trata de un tipo de radiación ionizante de alta energía proveniente de una fuente de cobalto-60. Es la misma que usan los médicos en radioterapia, pero aplicada aquí para inducir daños en el ADN de los insectos.

Los resultados fueron prometedores. “La radiación indujo esterilidad completa: las hembras que se aparearon con machos irradiados pusieron huevos, pero ninguno desarrolló larvas. La cantidad de huevos producidos no se vio afectada y el comportamiento reproductivo se mantuvo intacto”, dijo.
No hubo diferencias en la probabilidad de apareamiento ni en la cantidad o duración de las cópulas. Los machos estériles competían en igualdad de condiciones con los silvestres, lo que es clave para que la técnica funcione en campo abierto.
La principal diferencia apareció en la longevidad: cerca del 50% de los machos irradiados sobrevivió hasta los 14 días, aproximadamente la mitad del tiempo registrado en los machos no irradiados. Con liberaciones periódicas, ese margen se puede compensar sin afectar la eficacia de la técnica.
Soria Mercier ya defendió su tesis y la aprobó. Contó con la dirección de Diana Lorena Franco, de la Comisión Nacional de Energía Atómica y el CONICET, y Gerardo de la Vega, investigador del Instituto IFAB, que depende del INTA y el CONICET. Además, hizo un resumen de su tesis para la revista Desde la Patagonia. Difundiendo Saberes, de la UNCOMA.
«Este trabajo representa la unión entre mi vínculo con la región, los comienzos de mi formación científica y el deseo de aportar herramientas útiles para un manejo sustentable», escribió en su tesis.
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