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“La inseguridad es como la marea. Sube y baja, baja y sube, y no muchos que planifican y pontifican saben por qué sucede ese fenómeno”, reflexionó un ex jefe policial, retirado ahora, en el contexto de elucubraciones sobre el caso de la niña de 14 años que en un boliche bailable, armada y en un horario que colisiona con la ordenanza vigente le pegó un tiro a otro muchacho, un poco mayor que ella, y también acerca de lo que está ocurriendo en la zona de los barrios El Manzanar -y en otros- con robos calificados en domicilios y pillaje contra jovencitos en las calles.

Lo cierto es que en Cipolletti, no con cadencia temporal de horas, días y meses, hay tiempos en que estalla una tormenta delictiva que asusta, otros en que la calma es casi beatífica y un término medio en que la balanza se inclina sucesivamente para uno u otro lado.

Sin embargo, debe reconocerse que si bien se han hecho esfuerzos importantes en la lucha contra el flagelo, aún resta mucho para garantizar la vida y bienes de las personas.

Está, en esa línea, el aporte que realizó la provincia con el envío de más personal policial y elementos, el del municipio en función de lo que recauda en tasas de grandes contribuyentes con lo que se equiparon comisarías, se refaccionaron vehículos e incluso se construyó el nuevo destacamento del barrio Ferri.

También tiene que computarse la tarea del Consejo de Seguridad Ciudadana cuya titularidad ejerce el empresario Héctor Frías. La presencia de jueces y fiscales en la investigación y en los procedimientos de índole diversa, es otro avance.

¿Por dónde, entonces, se filtra el agua del dique de la seguridad, si hay tantos actores que lo controlan?.

La respuesta no parece ser otra que por las fisuras de determinada carencia de operatividad y de organización entre todos los actores -un frente común serio y en serio- y de la inexistencia de compromiso de muchos.

El grito de bronca y dolor llega al cielo cuando la tragedia golpea en particular y la onda expansiva afecta al plano general, pero si hay una convocatoria para un trabajo concreto, los que van hacia otro lado son infinitamente más que los que se acercan con sentimiento solidario.

Por ejemplo, para sacar a los chicos del riesgo de la calle y buscarles salidas con contenido social activan el municipio, un área determinada de la provincia, y contadas entidades que sobreviven por la mano tendida de un segmento limitado de cipoleños. La deducción es una sola. Para garantizar la seguridad comunitaria el primer eslabón es el estado, pero si se buscan resultados a largo plazo se requiere de una responsabilidad compartida, pues la inseguridad es un problema para todos.

No se trata de un imposible. Pueden ser pequeños gestos los que ayuden.

En importante la asistencia a plenarios, comisiones o paneles, pero también lo es un llamado rápido al 101 cuando cerca de la casa del vecino se detecta la presencia de sospechosos. Marcar tres simples numeritos, o avisar de alguna forma a otro poblador lindante respecto de una circunstancia anormal, puede salvar una vida. Así de simple.

 

Julio Alberto Salto

cipolletti@rionegro.com.ar


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