Conversación con un fiscal

J osé Manuel Requejo García es el presidente de Damovo SA, la principal contratista del plan de seguridad que, en Neuquén, nos protege contra la delincuencia. Aclaro: el lector de esta columna no debe alarmarse ante la posibilidad de que vuelva a escribir sobre ese plan cuya tramitación ha sido hasta hoy, con Jorge Sobisch y su sucesor Jorge Sapag, puesto bajo un riguroso secreto. No lo haré. Pero me referiré nuevamente al caso Temux, y eso sí no tiene remedio. Y no lo tiene porque, tal como viene la mano, no sería aventurado pronosticar que, a la hora de dictar sentencia, se elija un chivo expiatorio -o dos- y no paguen los principales responsables del fraude.

El miércoles pasado habló conmigo el fiscal que hizo el requerimiento de instrucción, Pablo Vignaroli. Tuvo tiempo para hacerlo debido a que esta semana los imputados de Temux, citados a prestar declaración indagatoria, se han negado a declarar, lo que ha posibilitado que el fiscal, por falta de interés, no asistiera al acto.

En la conversación, Vignaroli mostró su expectativa de que, concluidas las indagatorias, pueda pedir la elevación de la causa a juicio si el juez le pasa en vista las actuaciones. Con tal motivo se produjo un intercambio de ideas porque el propósito de mi visita era el de conversar sobre la posibilidad de investigar las razones que tuvo Damovo para depositar doce, creía yo, o siete millones de pesos según él, en las cuentas del grupo Temux. Eso, dado a la opinión pública por el diputado provincial justicialista Ariel Kogan, había sucedido -sin que las autoridades bancarias dieran la más mínima información al respecto- en los primeros días de febrero del 2005, cuando se sucedían las reuniones con gente de Temux -la que ahora está siendo indagada- en procura de un arreglo. Fue toda una sorpresa, porque era hasta entonces inimaginable algún tipo de vínculo entre ambas empresas.

En el diálogo Vignaroli recordó que los cheques librados por Damovo habían sido dados en pago a subcontratistas de trabajos del plan de seguridad. Fueron esos pretendidos subcontratistas los que hicieron el aporte al depositar los cheques en las cuentas que las empresas del grupo Temux tenían en la sucursal Buenos Aires del BPN. Eso era cierto, pero también lo era que la aparición de esos subcontratistas motivó una segunda sorpresa, porque hasta entonces no se sabía de su existencia.

Para identificarlos, me tomé el trabajo de ir a Buenos Aires y buscarlos en las direcciones y teléfonos estampados en los recibos otorgados a Damovo. Para no abundar en datos ya detallados en un informe publicado en este diario el 27 de junio de 2007, sólo digo que no encontré a nadie. Los buscados, mencionados en subcontratos y recibos, eran Guillermo Pozzetti, Pedro Santiago Soria, Domingo Núñez, Miguel De Vicente, Eduardo Rodríguez, Raúl Ibarra, Oscar Armagno, Víctor Hugo Martínez, Gabriel Mercado y María de los Ángeles Herrera. Requejo era, por supuesto, ubicable, pero no conseguí que me atendiera.

No nos atendía pero estaba al tanto de lo que veníamos publicando. A tal punto lo estaba, que se consideró obligado a hacer una presentación escrita, «espontánea», para decir que su empresa no tenía ningún vínculo con Temux y que los cheques en cuestión habían sido dados en pago de trabajos a los supuestos subcontratistas del plan de seguridad. Naturalmente, si uno pudiera preguntarle a Requejo por qué ese dinero fue a dar a las cuentas de Temux justo en los días en que se estaba discutiendo cómo reducir los descubiertos él contestaría que no tenía por qué saberlo y que las presuntas empresas subcontratistas podían hacer lo que se les diera la gana con el dinero. Coincidiría, tal vez, en que había sido una sorprendente casualidad que el destino final de los siete u once millones haya sido el grupo Temux.

Es posible que Requejo hubiera podido ayudar a ubicar a los ejecutivos de las «subcontratistas» para que el juzgado, a pedido de la fiscalía, los citara a declarar y les preguntara sobre los motivos de que llevaran esa plata -que, por montos mucho, muchísimo mayores, había salido inicialmente del Estado neuquino- a Temux. Se me hace difícil en este caso imaginar la respuesta, porque la pregunta es difícil.

Por razones escasamente convincentes Vignaroli -fue lo que informó- decidió que el delito cometido en esta parte del caso Temux podría ser el de lavado de dinero. Y como ése es un delito federal, decidió enviar los antecedentes a la Justicia federal de la ciudad de Buenos Aires. No supo decir a qué juzgado fueron a dar los papeles porque se desinteresó del asunto.

A mi modesto entender, la investigación queda así ensombrecida por una insoslayable sospecha. Porque si, aun antes de que se descubrieran estos depósitos, existían motivos para pensar que había un hilo conductor, el de la corrupción, que relacionaba el contrato con Damovo y los descubiertos de Temux, entonces no había que sorprenderse ante el hallazgo de los depósitos. Tampoco tiene por qué ser motivo de sorpresa que se encuentren prácticas corruptas en estos casos. Sí sorprendió que el ex gobernador Sobisch dijera que, si tiene que elegir entre un corrupto y un pelotudo, se queda con el corrupto. Lo que no podemos conocer son los nombres de los corruptos que prefirió, pero estamos seguros de que si se investigara la relación Damovo-Temux aparecerían unos cuantos.

 

JORGE GADANO

jagadano@yahoo.com.ar


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