Corbatta, la vida del mítico wing

“Tuvo una vida de boxeador más que de futbolista, y esa vida se hizo patente en la Patagonia”, dice el periodista Alejandro Wall, autor de “Corbatta. El wing”.



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El periodista Alejandro Wall (Buenos Aires, 1979) escuchó hablar por primera vez de Oreste Osmar Corbatta una tarde de domingo sin partidos de fútbol, cuando su papá le mostró el libro “La Academia de campeones” y le contó historias del mítico “Equipo de José”, el Racing campeón de América y del mundo en 1966.

“Este es Corbatta. Le pegaba como los dioses y además era un gambeteador. Un crack. Pero perdió todo y ahora vive en la cancha, abajo de la tribuna”, le contó a Wall su papá. Desde entonces, el extraordinario wing derecho se instaló como una fábula que lo acompañó durante su infancia. Con el paso del tiempo, el periodista percibió que cada vez menos hinchas hablaban de Corbatta y no quiso que la historia del futbolista que vivió su destierro en la Patagonia -entre Río Negro y Neuquén- quedara en el olvido.

Durante cuatro años Wall se dedicó a perseguir el fantasma en que se convirtió Corbatta para recrear la vida de un ídolo, cuyo mayor anhelo terminó siendo recibir cariño. El cronista realizó numerosas entrevistas y recurrió a archivos en busca de pistas y datos del crack que brilló en Racing y en la selección argentina, y que luego jugó en Boca, antes de emigrar a Colombia. En un rastreo minucioso, Wall también recorrió las provincias de Buenos Aires, Río Negro y Nuequén, y viajó a Colombia. “Como podría ocurrir con cualquier otra vida, reconstruir la de Corbatta se transformó en una lucha personal contra los falsos recuerdos”, señaló Wall en el primer capítulo de “Corbatta. El wing” (Aguilar), un libro en el que se esforzó por desentrañar los mitos que rodearon la vida y la historia del crack.

Entre decenas de detalles, por ejemplo, Wall aclara -con documentación- que Corbatta se llamaba Oreste Osmar, y no Orestes Omar, ni Omar Oreste. El vibrante relato, que dedica dos capítulos enteros al paso de wing por la Patagonia, aporta luz sobre el mito.

“Corbatta siempre era, en esos relatos de mi viejo, un genio inigualable… Que encima había terminado mal. Quise ir en busca de esa historia, recuperarla y completar las que me contaba mi viejo. Sentí que al desmistificar algunas cuestiones, al desentrañar otros mitos y al humanizar al wing, siempre tan lleno de anécdotas, revaloricé mucho más su lugar en el fútbol y comprendí más su sufrimiento posterior, y el camino que lo llevó a su muerte”, le dijo el periodista a “Río Negro”.

P- El Corbatta que llegó a la Patagonia ya era una sombra del que había brillado en Racing y en la selección. De todos modos, en Río Negro y Neuquén es recordado con cariño y admiración, ¿por qué creés que sucede esto?

R- En primer lugar, por la clase de persona que era Corbatta, un tipo bueno, generoso aún en su pobreza. Hacía un culto de la amistad y eso lo recuerdan todos. En la reconstrucción de su vida en General Roca pude saber cómo fueron sus días en la pensión de Corina, una mujer que le alquilaba habitaciones a Tiro Federal para hospedar a jugadores y técnicos. A Corbatta le gustaba salir y tomar, y muchas veces se perdía en la noche, pero también ayudaba a Corina con el cuidado de su hija, con la comida, con las compras, era como un hijo más para ella. Y creo que eso lo hizo inolvidable para esa familia. Después está el jugador. Corbatta ya estaba en plena decadencia, pero aún así era un futbolista excepcional para el fútbol de la Patagonia. No hubo otro como él ahí, con un paso en equipos grandes y en la selección, con tanta historia. Eso lo convirtió en un ídolo, y por eso también es que quienes lo conocieron o lo vieron jugar por ese tiempo todavía lo recuerdan con admiración.

P- En un momento del libro decís que la reconstrucción de la vida de Corbatta en la Patagonia fue un trabajo arqueológico, ¿por qué?

R- Fue difícil, en principio, porque los clubes en los que jugó ya no existen. Tiro Federal entró en la fusión con la que se creó Deportivo Roca. Y Colonia Confluencia, el equipo donde jugó en Neuquén, tampoco existe más. De hecho, todavía hay notas periodísticas que dicen que Corbatta jugó en Italia Unida, y eso nunca ocurrió. Todo esto hacía muy difícil la reconstrucción, que me requirió, por supuesto, trabajar en el lugar.

P- ¿Qué te encontraste al llegar a la Patagonia?

R- Cuando viajé a Río Negro tuve la enorme ayuda de Ángel “Nene” Travecino, que fue su compañero en Tiro Federal. El Nene me fue abriendo todas las puertas tanto en Roca como en Neuquén. Visité a otros compañeros, a Corina, a gente que lo conoció en su vida cotidiana, y me encontré con que Corbatta, en realidad, había jugado en muchos equipos de la zona, quizá por un solo partido, por un plato de comida. Así encontré rastros en Jacobacci, Allen, Bariloche, Río Colorado, Choele Choel, y otros pueblos. Lo primero que leí de Corbatta en el sur fue una crónica de Osvaldo Ardizzone en El Gráfico, en 1972, cuando Ardizzone viaja a Neuquén para entrevistar a Corbatta. La nota me sirvió como primera referencia, pero faltaba demasiado para completar el mapa. Y tenía que apelar a la memoria de la gente que me daba testimonio, y eso siempre tiene su dificultad. No sólo por el paso de los años, sino también porque muchas veces no recordamos lo que realmente sucedió, sino que vamos repitiendo mitos y leyendas, o episodios que se imponen.

P-¿Qué fue lo que más te llamó la atención del paso de Corbatta por la Patagonia?

R- El hecho de que fuera atracción de restoranes y cabarets como otra forma de supervivencia me llamó la atención, sobre todo, por la analogía con Gatica, que terminó como atracción de cantinas en La Boca. Corbatta tuvo una vida de boxeador más que de futbolista, y esa vida se hizo patente en la Patagonia. Salvo su paso por Tiro Federal y Colonia Confluencia, no sabía nada más. Todo lo demás significó un enorme descubrimiento, al menos para mí. Además de los testimonios, fue de mucha ayuda el archivo del diario Río Negro, donde pude trabajar varios días revisando los ejemplares de esos años. Pude corroborar fechas y lugares gracias a algunas crónicas, pero algunos rastros eran demasiado difusos porque Corbatta, en sus últimos años en el sur, iba de ciudad en ciudad. Salvo por la referencia de que había jugado en la zona, todo el paso de Corbatta por la Patagonia era una parte casi desconocida de su historia.

Entrevista Podio

Datos

“No les pido nada’, dice Corbatta, ‘sólo cariño’. Y hablamos de 1985, cuando ya no tenía nada…”
Wall y el conmovedor pedido de Corbatta cuando jugó en Colombia.

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