“Cosas de cóndores”





La corriente neoliberal que ha impregnado todos los intersticios de nuestra historia ha inventado una cronología fundacional sobre la que debería haberse basado –sin excepciones ni anomalías– la historia de nuestra patria. Fue su estrategia maquillar una Argentina sin controversias, unida desde el principio por supuestos ideales aglutinadores capaces de limar cualquier aspereza. Lo mismo pretendió la historiografía oficial para el resto de la América del Sur. Muy a su pesar han surgido personajes extraordinarios como José Gabriel Túpac Amaru II, Inca, es decir José Gabriel Condorcanqui (1738-1781), que se educó con los jesuitas en el colegio de San Francisco de Borja de Cuzco (NR: los jesuitas eran los únicos que aceptaban indios entre sus alumnos). Ya mayor hizo fortuna en negocios de transporte, minería y tierras (¿contrafigura de nuestra inexistente y añorada burguesía nacional?). Su prestigio entre los indios y mestizos le permitió encabezar una rebelión contra las autoridades españolas del Perú en 1780, que estalló por el descontento de la población contra los tributos y prestaciones obligatorias de trabajo que imponían los españoles (mitas, obrajes, repartimientos, servicios) y contra los abusos de los corregidores. Un 23 de diciembre de 1780 José Gabriel Condorcanqui “(…) hace saber a los paisanos criollos, moradores de la provincia de Chichas y sus inmediaciones, que viendo el yugo fuerte que nos oprime y la tiranía de los que corren con este cargo, sin tener consideración de nuestras desdichas, y exasperado de ellas y de su impiedad, he determinado sacudir este yugo insoportable. Vivamos como hermanos, y congregados en un cuerpo, destruyendo a los europeos por ser todos paisanos y compatriotas, como nacidos en nuestras tierras, y de un mismo origen de los naturales, y haber padecido todos igualmente dichas opresiones y tiranías de los europeos (…)”. Y como una protuberancia que disloca el libreto neoliberal que nos fuera trazado allende nuestras fronteras, emerge Néstor Kirchner –desde la oscuridad de la desesperanza–, proponiéndonos superar nuestras desdichas a los que habíamos sido sometidos por otro imperio distinto de aquél ante el que se rebeló Túpac Amaru II. Y desde la fragilidad de un país incendiado, estafado, robado, exasperado, se eleva para encarar la ruptura de ese yugo insoportable que nos apretaba el cuello (para alegría de pocos y sinsabores de muchos). Así fue el rechazo al ALCA, cosa de cóndores. Y por eso el silencio interno y la condena externa, ésa que es como “el rayo que no cesa”. En la IV Cumbre de las Américas en el Auditorio del Hotel Provincial, Mar del Plata, un 4 de noviembre de 2005, el presidente Néstor Kirchner manifestó: “(…) Nuestros pobres, nuestros excluidos, nuestros países, nuestras democracias ya no soportan más que sigamos hablando en voz baja; es fundamental hablar con mucho respeto y en voz alta, para construir un sistema que nos vuelva a contener a todos en un marco de igualdad y nos vuelva a devolver la esperanza y la posibilidad de construir obviamente un mundo distinto y una región que esté a la altura de las circunstancias. Sin enfrentar eficazmente la pobreza y la exclusión y dando trabajo, no habrá bienestar. La falta de bienestar en nuestros pueblos es la raíz de las mayores inestabilidades. La gobernabilidad estará en riesgo si no creamos trabajo. No se trata de ideología, ni siquiera de política, se trata de hechos y de resultados (…)”. Se revuelca el imperio en sus postrimerías, presa de sus infortunios interiores. En su desesperación de muerte no soporta la resistencia y en una metamorfosis sin antecedentes muestra nuevas formas que reemplazan a las naciones Estado, por monopolios internacionales del poder y del dinero. La gloria de José Gabriel y de Néstor seguirá creciendo como crecen las sombras de los grandes cuando el sol ya tibio de los imperios empieza su camino inexorable hacia la declinación final por occidente. Miguel Núñez Cortés, DNI 4.408.060 Buenos Aires

Miguel Núñez Cortés, DNI 4.408.060 Buenos Aires


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