Detrás de la moda, conciencia
Que hoy haya bigotes por todas partes no es producto del azar. Que ese simpático dibujo negro que –¿quién no?– dibujamos sobre una foto del diario o un afiche de la calle se haya convertido en moda no es producto de la telepatía entre varios diseñadores. En realidad, todo comenzó en 2003, en Australia, entre un grupo de amigos que querían concientizar sobre el cáncer de próstata. La idea era bastante sencilla: proponía que el primero de noviembre (“Shave de date”), los hombres dejaran de afeitarse y se dejaran crecer un bigote. ¿Para qué? Justamente para que les preguntarán por qué se lo habían dejado y ellos pudieran así hablar del cáncer de próstata, un tema que aún es tabú entre los hombres aunque constituye la segunda causa de muerte entre ellos. De ahí, el lema de la campaña: El conocimiento es poder y el bigote es el rey. El primer Movember australiano (así se llamó el movimiento, por una contracción de Mostachos + Noviembre, en inglés) tuvo apenas 30 inscriptos. Pero hoy, el movimiento llegó a todos los países del mundo (en Argentina pueden sumarse a la página de Facebook https://www.facebook.com/pages/Movember-Argentina) y ha convertido la idea del bigote en algo global. Las estrellas de Hollywood se suman cada noviembre a la campaña (George Clooney, David Beckham, y hasta mujeres que juegan con el bigote, como Natalie Portman); hay tiendas que diseñan remeras especiales (como la francesa Eleven Paris, que se ven en el margen superior de la página) cuyas ventas van destinadas a la fundación Movember; programas de fotos para agregarse bigotes y una enorme variedad de productos de diseño (hay libretas, pañuelos para el cuello, adhesivos para las uñas). En total, llevan recaudados 125.984.664 dólares que no sólo están destinados a la investigación sino y sobre todo a la concientización del tema. Está claro que no todo lo que tiene bigotes pertenece a esta campaña, ni todo el que los usa lo hace para poder hablar de cáncer de próstata con sus amigos y conocidos. Pero esa sí es la razón por la que los bigotes se convirtieron en parte del paisaje y de las vidrieras.
Verónica Bonacchi vbonacchi@rionegro.com.ar