Doce años de prisión a un agente por asesinato

El año pasado baleó a un grupo de personas a la salida de un asado y mató a una. Estaba borracho. Sus problemas con el alcohol eran conocidos. Los jueces opinaron que sus superiores tendrían que haberlo detectado antes.

NEUQUEN (AN)- Un agente de la policía que asesinó de dos balazos a un hombre en agosto pasado fue condenado ayer a 12 años de prisión. Se trata de Héctor Stradi, 25 años y con tres de antigüedad en la fuerza. Su foja de servicios dista de ser pulcra: tiene problemas de alcoholismo, denuncias por apremios ilegales y se cree que le robó el arma reglamentaria a un colega. «Sus compañeros y superiores pudieron detectar sus costumbres de bebedor y haber actuado en consecuencia», dijo en la sentencia uno de los jueces, con tono de reproche.

Stradi fue condenado por el crimen de Néstor Llancapán, de 34 años. Ocurrió el 20 de agosto pasado, a las 5.20 de la mañana, en la puerta de la parrilla La Mancha, ubicada en Montevideo 577 de esta capital. No hubo un móvil conocido; aparentemente el homicida disparó «sin justificación alguna».

Según se probó durante el juicio, el agente policial había compartido con amigos un asado en su casa. Después siguieron de juerga, fueron a un bar y finalmente recalaron en la parrilla. Allí había un grupo de hombres y mujeres (entre ellos la víctima Llancapán) jugando a las cartas después de disfrutar de una comida servida por los dueños.

Algunos de ellos conocían a Stradi y le permitieron ingresar acompañado por su amigo Maximiliano Denardi. Para entonces, los dos estaban algo ebrios por la ingesta de cerveza y vino.

Acaso producto de su embriaguez, Denardi se propasó verbalmente con una de las mujeres que había en la parrilla («le dirigió un piropo subido de tono», expresa el voto redactado por el juez Jorge Sommariva, al que adhieren sus colegas Cecilia Luzuriaga y Roberto Fernández).

Esto motivó la reacción del novio y se inició una discusión que curiosamente fue calmada por el policía Stradi, quien se llevó a su amigo Denardi al exterior del local. «No pasa nada», tranquilizó a todos.

El clima de fiesta de la reunión ya se había roto con ese incidente, y los comensales decidieron irse. Los primeros en salir fueron Llancapán y dos hombres de apellido Bruzzone, quienes dirigieron algunas palabras a Stradi y Denardi.

Inexplicablemente, el agente policial se volvió hacia estas tres personas que estaban a tres metros de distancia, extrajo su pistola reglamentaria, gatilló, la bala no salió, tiró la corredera hacia atrás y ahora sí comenzó a dispararles.

Siete veces apretó el gatillo; dos balazos impactaron en el cuerpo de Llancapán, uno de ellos en su espalda, le destrozó un pulmón y le provocó la muerte en minutos.

Stradi y Denardi escaparon corriendo. El policía llegó a su casa, limpió escrupulosamente el arma homicida y se acostó a dormir. Lo despertó un colega suyo al colocarle las esposas y avisarle que quedaba detenido.

Al allanar su vivienda encontraron otra pistola reglamentaria: era la misma que años antes le habían robado a un compañero de trabajo de Stradi. No pudieron probar si él fue el autor del robo, pero lo condenaron por «encubrimiento».

En su defensa, el policía imputado dijo que no recordaba nada porque había sufrido amnesia producto de su borrachera. Pero los análisis de sangre demostraron que no había consumido tanto alcohol como para haber perdido noción de sus actos.

Al no encontrar atenuantes, los jueces lo condenaron a 12 años de prisión, mientras que el fiscal había pedido 15 años.

Stradi fue juzgado además por los presuntos apremios ilegales cometidos contra un joven durante un operativo. No se pudo probar y lo absolvieron por el beneficio de la duda.

Reproche a la institución policial

NEUQUEN (AN)- Los antecedentes de alcoholismo de Héctor Stradi y la responsabilidad de la institución policial no estuvieron ajenos al debate.

Los jueces no encontraron explicación a la violenta actitud de Stradi, quien vació el cargador de su arma reglamentaria contra un grupo de personas indefensas.

Tuvo «una conducta inexcusable y desmesurada, sin justificación alguna», dijo el juez Sommariva en la sentencia. «Lo que sí demuestra esta conducta intolerable es la manifiesta incapacidad de Stradi para desempeñarse en las fuerzas policiales».

«Bebiendo alcohol, abriendo fuego sin sentido justificable, reaccionando brutalmente ante meras palabras, con desprecio por la vida ya que pudo impactar a varias personas más, puso en evidencia su irresponsabilidad para con su cargo policial».

Para el camarista Roberto Fernández, esto debe tomarse como atenuante. En el fallo, opinó: «Si bien es policía y tal condición le obligaba especialmente, no debe perderse de vista que se trata tan solo de un agente. Una condena gravosa implicaría condenarlo por una situación que muy probablemente pudo prevenirse desde la propia institución, donde sus compañeros y superiores pudieron detectar sus costumbres de bebedor y haber actuado en consecuencia».

«Frente a esta realidad aparece aconsejable que la institución policial tenga presente este caso y otros similares para adoptar los recaudos pertinentes», dijo.


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