Drama con nombre y apellido

Uno de los sectores más golpeados es el de la construcción

NEUQUEN (AN).- Lucero Ciriaco es uno de los 500 albañiles que todos los días pasa por su gremio, la UOCRA, con la esperanza de conseguir un empleo. El hombre tiene 57 años y cuatro hijos que no pudieron terminar sus estudios en el colegio secundario.

«Tuve que cortarles la escuela porque la situación no daba para más», confiesa Lucero con amargura en el corazón.

Los hijos de Lucero tienen entre 19 y 24 años y hacen changas para ayudar a la familia. «Ninguno consigue un trabajo fijo» contó a «Río Negro» este desocupado que vive en Plottier, hace dedo para trasladarse 15 kilómetros y festeja cuando consigue algunas monedas para pagar el colectivo.

Lucero hace 5 años que no tiene trabajo. Vive con lo poco que consiguen sus hijos y ahora golpea donde piensa que tiene que golpear: «los gobiernos se acuerdan de nosotros por cuestiones políticas. Si creen que con un bono de 50 pesos van a calmar la situación de la gente, están equivocados», dice mientras sostiene en su mano izquierda los papeles que demuestran sus antecedentes laborales.

Construcción, servicios y comercio son los tres sectores que más sufren la desocupación. La franja de edad en la que se encuentra Lucero está comprometida casi tanto como la de los jóvenes al momento de ponerse a buscar un empleo.

El drama de las estadísticas se torna tangible: son cuerpos y rostros con historias, personas como Lucero o como José Manuel Sallavedra.

«Hace un tiempo estuve trabajando por dos meses pavimentando la calle Combate de San Lorenzo» dice José Manuel, a quien no le gusta hablar de cuánto hace que no trabaja. Quizás por vergüenza, quizás porque conseguir un trabajo por dos meses «no es un trabajo, sino una changa».

José tiene 9 hijos y cuatro viven en su casa. El recibe 150 pesos por mes de un plan de empleo transitorio y su mujer, una modista que trabaja sin descanso cuando consigue algún cliente, cada tanto aporta algunos pesos en la economía familiar.

Este obrero de la construcción tiene 54 años y un problema en la vista. «Un 42 por ciento de incapacidad visual, según la última junta médica», cuenta con naturalidad. Y por las dudas aclara que esta incapacidad no lo perjudica en su oficio.

Muchos hijos e ingreso escaso es el común denominador de los sectores que sufren el desempleo. Luis Fuentes tiene cuatro hijos y hace cuatro meses que terminó su última changa. Se presenta como chofer de máquinas pesadas, aunque está dispuesto a trabajar «de cualquier cosa».

Con sus 45 años y sus interrumpidas excursiones por el mundo laboral, Luis procura que «por ahora» los chicos sigan estudiando. Los chicos tienen 14, 16, 18 y 20 años. Tres van al secundario y uno empezó la universidad, pero «se les hace difícil» la carrera.

Recién este mes comenzó a percibir la ayuda provincial de 150 pesos «y cada tanto un bono para víveres», dice con la mirada perdida mientras se frota las manos.

Cuenta que vive en una «modesta casa» en Villa Ceferino, en el sector oeste de esta capital, donde el desempleo supera holgadamente la cifra medida por Estadísticas y Censos. En ese sector de Neuquén, la tasa de desempleo llega al 80 por ciento, según datos que maneja la municipalidad.


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