El gobierno luce disociado de la gravedad de la crisis

La gestión económica parece no tener respuesta ante la delicada situación cambiaria, que ya se traduce en temores generalizados, aumentos de precios y tensión social. Las medidas anunciadas esta semana no solucionan el problema estructural, y ya se habla de una mega devaluación del oficial. 

Sin respuesta. El equipo económico luce impotente ante la magnitud de la corrida cambiaria.

Al recurrir a los sitios médicos especializados, una de las definiciones más comunes de “trastornos disociativos” indica que se trata de aquellos “que suponen una desconexión y falta de continuidad entre pensamientos, recuerdos, entornos, acciones e identidad”. Se agrega además que “alguien que sufre trastornos disociativos escapa de la realidad de formas involuntarias y poco saludables, lo que causa problemas con el funcionamiento diario”.


Cada uno de estos síntomas son los que parecen afectar al gobierno mientras transcurren los días más complejos que la economía nacional haya transitado en al menos dos décadas.
Desde los días en que la convertibilidad estalló por los aires en el año 2001, no se observaba semejante nivel de zozobra generalizada.


La sensación ya no pertenece solo a quienes viven y operan en el mundo de las finanzas. La incertidumbre y los temores ya abrazan a quienes viven de a pie, con la economía corta, a quien tiene un comercio y no sabe si podrá reponer la mercadería, a quien lucha por sostener su emprendimiento, o simplemente a quien visita el supermercado y ve cómo se derrumba el poder de compra de sus ingresos fijos en pesos.


Desde que asumió Silvina Batakis en la primera semana de julio, el dólar blue acumula una suba de $98. Un incremento del 40% en solo 15 días hábiles. No existen motivos económicos para semejante salto. En términos reales, se trata del dólar más caro en 30 años. El precio de hoy es sencillamente la caja de resonancia de la inhabilidad política.

«Es una exageración el énfasis en la brecha cambiaria. El mercado del dólar blue mueve apenas u$s 3 millones frente a los u$s 1.000 millones que se transan a diario en el canal oficial»

Ministra de Economía – Silvina Batakis


La secuencia que se desató en el mencionado lapso desde que llegó Batakis, incluye remarcación de hasta el 30% y 40% en listas de proveedores, dificultades para sostener la cadena de pagos, y empresas que comienzan a desarmar posiciones financieras para dolarizarse por cobertura.


Con semejante escenario, cuesta comprender la postura que asume el Presidente Alberto Fernández y su equipo económico, soslayando la gravedad que reviste la situación económica y pretendiendo relatar los hechos, en lugar de gestionarlos.


Casi como quien no identifica la distancia entre su pensamiento y la realidad. O peor aún, como quien entiende la gravedad de la situación, pero se asume impotente para resolverla.
Dos síntomas claros ponen al gobierno en ese lugar.


El primero es el discurso oficial estructurado en torno a la idea de que el dólar blue es un mercado marginal, insignificante, de escaso volumen, y que no mueve el amperímetro de la economía real. La Ministra de Economía Silvina Batakis en su primera conferencia de prensa, el Ministro de Seguridad Aníbal Fernández a la entrada de la reunión de gabinete del último miércoles, y la vocera presidencial Gabriela Cerruti el pasado jueves, repitieron el mismo libreto.


El mercado paralelo, acotado, especulativo y volátil del que habla Batakis existe desde que hace cuatro años el ex Presidente Mauricio Macri reimplantó el cepo cambiario antes de dejar el poder. Pero pocas veces en estos cuatro años sucedió que el dólar blue subiera $98 en tres semanas como acaba de suceder. La señal es inequívoca.
Por más chico y especulativo que sea el mercado del dólar blue, la explosión de la cotización paralela indica que las variables nominales comienzan a desbocarse.


El segundo síntoma de desconexión absoluta con el pulso de la economía, es el discurso del Presidente Alberto Fernández en la cumbre del Mercosur. Sin dudas se puede considerar como parte del escenario presente, el hecho de que a nivel global existe un despertar inflacionario que no se observaba desde los años ‘80.


Pero acudir a “la angustia de los trabajadores alemanes que ven como su salario crece menos que los precios”, no solo es irreal, sino que hasta parece una provocación frente a los trabajadores formales argentinos que hacen malabares para escapar a una canasta de pobreza de $104.000, y a los informales que intentan escapar a una canasta de indigencia de $46.000.


Al día siguiente, el mandatario ensayó un discurso en el que reconoció la crisis, aunque volvió a apelar a la confrontación con quienes “pregonan y siembran incertidumbre”, al tiempo que prometió «poner el pecho» y hacer todo lo que este a su alcance para que para que “el 7,4% de crecimiento de mayo no se caiga”. Nuevamente, sus palabras parecieron disociadas de la gravedad que reviste el escenario.


Sin embargo, lo más alarmante no es el relato que intenta proponer el gobierno, sino la evidente ausencia de una mínima idea acerca de cómo abordar la crisis.


Durante las cuatro horas que duró la reunión de gabinete económico del pasado jueves en la que se elaboraron las medidas que anunciaría el gobierno para contener la corrida cambiaria, se especulaba con una conferencia de prensa de la Ministra Batakis. Mientras tanto, el blue no dejaba de subir. Finalmente, la Ministra nunca habló. Las medidas se dieron a conocer a los periodistas por whatsapp.


La primera determinación fue permitir el pago de insumos en tránsito que fueron despachados de origen hasta el 27 de junio pasado. El objetivo es “mejorar las condiciones de acceso al mercado de cambios para el pago de importaciones de insumos para sectores estratégicos y así garantizar la continuidad de distintos procesos productivos”.

«Hay que escuchar a los trabajadores de Alemania, que ven como su salario crece a una velocidad menor a la de los precios».

Presidente Alberto Fernández durante la Cumbre del Mercosur


La medida ayuda a solucionar el cuello de botella que ya experimentan algunas industrias ante la falta de insumos, pero no resuelve el problema de fondo. Quienes importaron en julio siguen enfrentando las mismas restricciones que hasta el miércoles.


La segunda medida es aún más incomprensible e inefectiva. Se anunció que los turistas extranjeros podrían liquidar sus divisas en las entidades financieras, obteniendo el precio que se opera en el MEP y por un monto máximo de hasta u$s 5.000.


Como requisito previo, los viajeros deben acreditar identidad, firmar una declaración jurada, no estar incluidos en la lista de las Naciones Unidas respecto a la lucha contra el terrorismo, no residir en “países donde no se aplican las recomendaciones del Grupo de Acción Financiera Internacional”, y no haber realizado operaciones cambiarias por más de u$s 5.000 en los últimos 30 días.


Luego de superar esa lista de condiciones, los turistas pueden vender sus dólares al precio MEP, que al cierre del viernes cotizaba en $311. En la puerta de la entidad financiera mientras tanto, los arbolitos le reciben los mismos dólares al mismo turista pagando $337 y sin preguntar siquiera el nombre de quien desea vender. Nadie entiende cuál es la clase de incentivo que pretendió generarse.


Como si ello fuese poco, es difícil hallar la intención que persigue la medida.
Si el objetivo fuese fortalecer el ingreso de divisas al canal formal y engrosar indirectamente las reservas del Banco Central, no se explica la razón del cupo de u$s 5.000. Si alguien de verdad accediera a entregar sus billetes a $311 pudiendo recibir $337, qué mejor que pedirle que entregue todos los dólares que desee.


Si en cambio la intención era complicar la operatoria del mercado paralelo evitando que los dólares de los turistas vayan al blue, la medida es aún más extraña. Si a un mercado de escaso volumen como el que describió la Ministra Batakis, se le restringe aún más la oferta frente a una demanda que luce desatada, lo más probable es que el precio suba todavía más.


Lo que flota en el aire, es la sensación de que el gobierno perdió por completo la brújula. Ya ni siquiera la propia interna del oficialismo sirve como rectora de las decisiones.

Cumbre del Mercosur. El Presidente una vez más señaló la crisis internacional como la causa de los problemas económicos.


Los tiempos apremian. Entre quienes trazan proyecciones, se señalaba hasta hace poco septiembre como el punto de inflexión. Ese mes los vencimientos de la deuda en pesos superan el billón ($1.000.000 millones). Tras la corrida desatada estas dos semanas, el interrogante es si el gobierno logrará sortear los vencimientos de julio y agosto, de un calibre sensiblemente menor.


En este sentido, una idea que empieza a circular fuerte es la de la unificación del mercado cambiario.
Pese a la suba del “impuesto país” anunciada la semana pasada, que llevó la alícuota del 35% al 45% para los gastos de argentinos en el exterior, los números de hoy son un enorme incentivo a viajar.

Un argentino que gasta con tarjeta de crédito en el exterior paga un dólar de $239, frente a un dólar blue de $337. En pocas palabras, quien tiene atesorados los dólares antes de viajar, recibe hoy un subsidio de $98 por cada dólar que gasta en el exterior. Con los datos disponibles hasta el primer semestre, ya se estima que la salida de divisas por turismo de argentinos en el exterior podría ascender en 2022 a los u$s 7.000 millones.


A ello se suma la reticencia de los exportadores cerealeros a liquidar sus divisas al tipo de cambio oficial menos retenciones, frente a un dólar blue que no deja de escalar. El Presidente Alberto Fernández los señaló con nombre y apellido el viernes, y según dijo, el sector mantiene unos u$s 20.000 millones sin liquidar.


Naturalmente, la liberación del cepo cambiario en un momento como este implicaría una fuerte devaluación del tipo de cambio oficial.
Pero significaría al mismo tiempo un enorme incentivo para el ingreso oficial a las reservas del Banco Central de esos u$s 20.000 millones que están pero “hoy no están”. Un punto intermedio podría ser la suspensión temporal de las retenciones a la exportación.


La distancia entre el precio oficial y el paralelo, genera enormes y crecientes tensiones, las cuales se moderarían considerablemente si el mercado volviese a arbitrarse en su conjunto vía precio único.
El principal argumento del gobierno para resistirse al final del cepo, es el posible impacto inflacionario que significaría la devaluación del tipo de cambio oficial.


Sin embargo, con brecha cambiaria del 170% y dólar paralelo en $337, el sablazo inflacionario ya está teniendo lugar y lo que hasta hace poco parecía inverosímil hoy se ve cada vez más cerca: la inflación de fin de año se parece cada vez más al 100%. El daño a la estructura de precios, ya es un dato. Y probablemente lo sea también el enorme golpe que ya padece el entramado social.


El precio de una devaluación es sin duda altísimo, y llevarla a cabo hoy sería sinónimo enormes padecimientos sociales y de renunciar a cualquier chance electoral en 2023.
Pero quizá el costo sea todavía mayor si esa misma devaluación llega impuesta y empujada por la dinámica de las fuerzas del mercado.

Dato

$337
El precio del dólar blue al cierre de la jornada del viernes.

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