Massa no será «Superministro», pero tal vez sí «Primer Ministro»

El nuevo gabinete trastocó las relaciones de poder al interior del gobierno. Las primeras señales y la reacción de los mercados, suponen un giro ortodoxo.

Nueva relación de poder. El flamante Ministro suma resortes de gestión, el Presidente se desdibuja.

La secuencia tuvo lugar en septiembre del año pasado. El entonces Canciller Felipe Solá se dirigía rumbo a México para participar de la cumbre de la Celac. El gobierno acababa de recibir una paliza electoral en las PASO. Fue durante una escala de su viaje en El Salvador, cuando Solá se enteró de que su puesto ya no le pertenecía. El encargado de darle la noticia fue su propio reemplazante, Santiago Cafiero.


Sucedió nuevamente esta semana. La ex Ministra de Economía Silvina Batakis se anotició de su reemplazo por Sergio Massa en la escalerilla del avión que la traería de regreso desde EEUU, donde a estas alturas se puede afirmar, viajó para hacer el ridículo frente a las máximas autoridades del Fondo Monetario Internacional y el Tesoro de los Estados Unidos.


No fue la única que padeció el destrato. El ex Presidente del Banco Nación Eduardo Hecker, supo de su reemplazo por Silvina Batakis cuando miró su teléfono segundos antes de subir al estrado a dar un discurso en medio de un acto oficial.


Tal es el telón de fondo de la llegada de Sergio Massa al Ministerio de Economía. Poco importará si en lo inmediato logra encauzar las expectativas y contralar las dos bestias negras de la economía nacional: la inflación y el dólar.

El líder del Frente Renovador tendrá en sus manos una cartera que recuperará los tradicionales resortes de gestión que supieran tener Domingo Cavallo o Roberto Lavagna.


La política, las finanzas, y los organismos multilaterales, le dieron una calurosa bienvenida. Los gobernadores peronistas protagonizaron un “operativo clamor” para el desembarco del tigrense en economía. Los activos argentinos se recuperaron en la mañana del viernes, se desplomó el dólar blue, mientras que el Departamento de Estado de los Estados Unidos y el FMI manifestaron públicamente su apoyo al cambio en el gabinete.


El líder del Frente Renovador tendrá en sus manos una cartera que recuperará los tradicionales resortes de gestión que supieran tener Domingo Cavallo o Roberto Lavagna. Agrupará bajo su órbita el ex Ministerio de Desarrollo Productivo, el ex Ministerio de Agroindustria, la AFIP, y la Secretaría de Asuntos Estratégicos, encargada de la relación directa con los organismos multilaterales.


En la práctica, vuelve a unificarse la gestión económica en una sola cabeza. La política fiscal, comercial, productiva, e incluso monetaria y cambiaria, volverán a ser coordinadas con una sola conducción.


Lo que sucederá con energía aún es una incógnita. Se trata de un área clave con capacidad de generar decisiones propias, que hasta el día de hoy responde políticamente al kirchnerismo de manera directa. Lo padeció Martín Guzmán durante dos años y medio. Parece improbable que Massa esté dispuesto a tragar de la misma pócima amarga.

Mensaje al exterior

El desembarco de Sergio Massa en un mega Ministerio de Economía supone no solo un intento de re encauzar la gestión de gobierno, sino un fuerte mensaje al exterior, tanto a los organismos multilaterales como a los inversores financieros.


Llegó el momento. Los estrechos vínculos que desde hace años Massa supo construir en Estados Unidos, son balas de plata que el nuevo ministro podrá ahora capitalizar de manera estratégica.
A su conocida llegada con la Embajada de los EEUU, Massa suma su extensa relación con el partido republicano de la mano del ex alcalde de New York Rudolph Giuliani, y sus interlocutores propios dentro del Tesoro de los Estados Unidos y el Fondo Monetario.


Si bien la cara visible siempre fue Guzmán, la gestión del tigrense fue clave para la firma del acuerdo con el FMI. Previo a la rúbrica del mes de marzo, Massa viajó en al menos dos oportunidades al país del norte para recoger apoyos y articular políticamente el entendimiento.

Vínculo. El de Sergio Massa con el ex alcalde de New York Rudolph Giuliani.


En este sentido, los movimientos políticos de esta semana que incluyeron no solo el arribo de Massa a Economía sino la salida de Gustavo Beliz de la Secretaría de Asuntos Estratégicos, podrían significar la entrada de dólares frescos para Argentina.


El Presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) Mauricio Claver-Carone es enemigo político declarado de Gustavo Beliz, con quien disputó la conducción del organismo multilateral el año pasado.
El BID ya tenía aprobada una línea de crédito para la Argentina por u$s 800 millones destinados a programas educativos e infraestructura, pero Claver-Carone se negaba a liberar el desembolso.

Si bien el funcionario esgrimía la falta de “transparencia e integridad” de la Argentina, todo hacía suponer que se trataba de una revancha política por la oposición diplomática de Argentina a su designación.


La llegada de Massa y la salida de Béliz, pueden ahora implicar que esa traba política desaparezca. En efecto, el organismo acaba de aprobar esta semana otra línea de crédito para el país por un total de u$s 1.140 millones, con un primer desembolso de u$s 200 millones.

Primer Ministro

La señal que se pretende dar es la de un re ordenamiento político de la gestión. Pero más que un simple maquillaje, lo que acaba de tener lugar esta semana en el gobierno es un reacomodo de las relaciones de poder.
El juego de palabras elegido mediáticamente para describir la asunción del tigrense en la cartera económica fue el de “Superministro”.


No obstante el nuevo rol que jugará el ex Presidente de la Cámara de Diputados se parece mucho más al de un Primer Ministro a la europea. Alguien que tiene en su mano los principales resortes de la gestión, que concentra en su persona las alianzas políticas dentro de la interna y con la oposición, y puede entablar diálogo con interlocutores nacionales o internacionales en nombre del país.


Con ese escenario, el principal perdedor es sin duda el Presidente de la Nación, Alberto Fernández. Su rol y su peso específico quedan desdibujados y desteñidos frente a la acumulación de poder que logra Massa en su desembarco al ejecutivo. Al día siguiente de los anuncios, cuando toda la información ya era pública, el mandatario intentó vía twitter asumir en primera persona la decisión de los cambios. Quedó todavía más expuesto.


Si la nueva gestión económica logra anclar las expectativas y retoma el control de la ecuación cambiaria y financiera, las chances de que exista un proyecto presidencial viable para Massa de cara a 2023, crecen exponencialmente.


A diferencia de Alberto Fernández, Sergio Massa cuenta con estructura política propia en el Frente Renovador, representación legislativa en ambas cámaras y estructura en la mayoría de las provincias. Es un hándicap suficiente para una aventura electoral individual si el apoyo que hoy le ofrece el kirchnerismo tapándose la nariz, desapareciera en el camino.

La deriva que pueda tener la relación con el campo durante los primeros días, será una impresión del perfil que Massa buscará imprimir a su gestión.

Afianzar la base de sustento a ese proyecto, será el camino que deberá comenzar a recorrer Massa desde esta semana.
El primer test que tiene por delante en ese derrotero es la puja latente entre el campo y los movimientos sociales.


Promediando la semana pasada, mientras aún Batakis estaba en EEUU, la llegada de Massa era un rumor y se especulaba con las posibles medidas, el Banco Central anunció una virtual liberación parcial del cepo cambiario para las exportadoras, que durante agosto pueden comprar divisas al precio del “Dólar Ahorro” por el 30% del monto total que ingresen como liquidación.


Los referentes rurales salieron a coro a rechazar la medida. Las entidades hacen lobby desde hace tres semanas por una devaluación del oficial o una suspensión temporal de las retenciones a la exportación.


En la vereda de enfrente, los movimientos sociales pugnan exactamente por lo contrario. Piden que se evite una devaluación y se extreme la presión sobre el campo con retenciones más altas frente a precios internacionales récord, habilitando la implementación del Salario Básico Universal como medida de emergencia por la delicada situación que atraviesan miles de personas.

Señales

La deriva que pueda tener la relación con el campo durante los primeros días de la nueva conducción económica, será una impresión del perfil que Massa buscará imprimir a su gestión.
Los datos muestran que en el primer semestre del año el ingreso de divisas por exportaciones ceraleras ascendió a u$s 19.145 millones. Es el registro más alto de los últimos 20 años (ver gráfico).


Ni Eduardo Duhalde, ni Néstor Kirchner, ni Cristina Fernández, ni Mauricio Macri, tuvieron en un solo semestre el espaldarazo de semejante cantidad de dólares que sí acaba de tener este año Alberto Fernández. Aun así el mandatario eligió embestir al campo y acusarlo de generar la corrida cambiaria.


Las estimaciones oficiales indican que el campo mantiene en las silobolsas otros u$s 14.000 millones, y los más optimistas aventuran que el incentivo generado por el Banco Central podría significar que al menos u$s 6.000 millones sean ingresados en agosto.


Sería un empujón más a la buena recepción que mostraron los mercados el viernes, cuando los bonos cotizaron en alza y la cotización del blue perforó la barrera de los $300, retrocediendo $41 en una sola semana y $54 desde su máximo de $350.


Sin embargo, la presión sobre el dólar oficial difícilmente se acabe únicamente por el arribo de Massa.
Quienes conocen de cerca el pensamiento del equipo asesor que desde hace tiempo rodea al nuevo Ministro de Economía, entienden que podrían acelerarse las micro devaluaciones que el Banco Central viene aplicando, lo que sumado a la baja sensible del Blue, volvería a colocar la brecha cambiaria en valores “razonables”, idealmente por debajo del 100%.


Ante la presión de “la calle”, hay quien señala que si se logra una mediana estabilización macro en los próximos meses, probablemente sea más sencillo encontrar el margen para atender las demandas sociales. Hoy ese margen es nulo, y lo que “pide” el escenario es una reducción del gasto.
Si bien las medidas concretas se conocerán el próximo miércoles, la primer “meta señal” va directo en esa dirección.

La fuerte suba de tasas anunciada por el BCRA es todo un giro hacia una política monetaria más dura, al que el gobierno resistía por sus consecuencias recesivas, y que finalmente llega justo en vísperas de la asunción de Massa.


Los reacomodos en las áreas económicas implicaron que dos ministerios pasen a tener rango de secretaría. Se rumoreaba además que el Minsterio de Obras Públicas que conduce el albertista Gabriel Katopodis podría absorber el Ministerio de Transporte, hoy a cargo de Alexis Guerrera. Si bien no quiere decir que el Estado será más chico, si necesariamente significa que se reduce la asignación presupuestaria de esas áreas, que ahora responderán a una única cabeza política, y por lo tanto a una única caja.


Otra de las señales pasó casi desapercibida en medio de la vorágine de anuncios del día jueves. Mientras todas las luces apuntaban a la designación de Massa, el Banco Central decidió subir 800 puntos básicos la tasa de interés de política monetaria, lo que llevó la Tasa Efectiva Anual (TEA) en torno al 69%.


Estrictamente la medida fue adoptada aún durante la gestión Batakis. Es sin embargo todo un giro hacia una política monetaria más dura, al que el gobierno se venía resistiendo por sus consecuencias recesivas, y que finalmente llega justo en vísperas de la asunción de Massa.


Los nombres que se darán a conocer desde mañana, podrían terminar de confirmar la primera impresión de un perfil más ortodoxo. El beneplácito que ya muestran los mercados, es todo un indicio.


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