El gigante con pies de cemento ajeno a la crisis europea

Por Redacción

Mientras los países de la Unión Europea anuncian recortes y austeridad con sus economías en el pozo de la crisis financiera internacional, Brasil está pudiendo capear el temporal gracias al fortalecimiento de su economía y a la solidez política de los últimos años.

Al igual que España, Italia o Grecia, Brasil también anunció recortes en el gasto público, por valor 30.000 millones de reales (16.000 millones de dólares), pero lo hizo con una realidad muy diferente: evitar que su economía crezca en 2010 demasiado rápido, que lo haga entre un 5,5 y un 6 por ciento para que no haya riesgos a largo plazo.

“Esta crisis europea no afecta a nuestro crecimiento, que es interno. Si no, no estaríamos tomando medidas para enfriar el crecimiento”, ha dicho en varias ocasiones el ministro brasileño de Economía, Guido Mantega, uno de los hombres fuertes de un país que en los últimos años ha cosechado numerosos éxitos económicos y la admiración internacional.

A esa tesis se sumó este martes el director del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Kahn, de visita en el país: “Todo depende de cómo evolucione la situación, pero hasta ahora creo que (la crisis en Europa) no tendrá mucha influencia sobre Brasil”.

El único factor preocupante sería según él el tipo de cambio, ya que la desvalorización del euro frente al real podría perjudicar la competitividad en el exterior de los productos brasileños. “Pero no será muy grande (el efecto del cambio en la economía)”, dijo.

“La economía brasileña no estuvo fuertemente sacudida por la crisis debido al esfuerzo hecho con anterioridad. El país equilibró el presupuesto, implantó políticas correctas, y eso trajo beneficios”, añadió.

Al contradictorio gigante sudamericano, que cerró 2009 con un leve crecimiento negativo (-0,2%), ya no se le cuelga sólo la etiqueta de violencia “favelera”, de jardín de placeres o de pulmón del planeta, sino también de paraíso de oportunidades de inversión.

En pocos años, Brasil ha pasado de ser receptor a donante en el Fondo Monetario Internacional, ha consolidado su liderazgo en el sello “bio”, ha descubierto ingentes cantidades de petróleo que se suman a sus ilimitados recursos naturales, ha visto crecer la clase media de su país, disminuir el paro, crecer las exportaciones y dispararse el consumo entre sus ciudadanos.

Y no dejan de brotar un sinfín de datos alentadores, como que en 2025 la renta per cápita de los brasileños podría doblarse y situarse al nivel de la de los portugueses o húngaros y que en 2040 podría alcanzar el nivel de Holanda o Islandia.

Todo en un clima de estabilidad política que estimula a los inversores, y más viendo en el horizonte la organización del Mundial de fútbol del 2014 o de los Juegos Olímpicos de 2016, que necesitarán de muchas infraestructuras nuevas, o la segunda etapa del Plan de Aceleración del Crecimiento (PAC), el multimillonario proyecto del gobierno que prevé inversiones en ferrocarriles, canales, puertos, viviendas, escuelas…

“No hay más espacio para retroceder. Brasil ha aprendido a ser serio y ustedes son testigos”, dijo el presidente Lula a los empresarios españoles la semana pasada en Madrid. (DPA)


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