El gobierno sale a la caza de diputados

Por GABRIEL RAFART

Especial para «Río Negro»

El pase a las huestes presidenciales del pediatra y aún diputado en la Legislatura de la Ciudad Autónoma Eduardo Lorenzo «Borocotó» no sólo obliga a Macri y a sus arquitectos del PRO a hablar desde el verbo de la traición; también nos permite observar cómo sigue un escenario tan móvil transcurridas las primeras semanas de los comicios de octubre. Es por ello que estamos en condiciones de formular varios interrogantes: ¿se viene una nueva transversalidad, una redefinición realista de un proyecto deseado que se demostró impracticable? ¿El kirchnerismo se propone nuevas alianzas, ahora por derecha? ¿Estamos ante otro caso de transfuguismo de un típico outsider de la política? ¿A la tríada de dirigentes Macri-López Murphy-Sobisch le esperan nuevas desafecciones y un anémico futuro político?

Para el macrismo no es novedad ver adelgazado su cuadro legislativo porteño. Antes que «Borocotó», fue el diputado Jorge Argüello quien decidió dar un portazo a su anterior compañero de ruta para inscribirse entre los nuevos socios de Kirchner. En todo caso, el presidente del club de la ribera sabe que sus fuerzas siempre estarán en riesgo de perder efectivos frente a este tiempo de multialianzas sin credos visibles ni tradiciones destacables, que tampoco se proponen hacer profesión de lealtad. Aunque es cierto que el pediatra amigo del ministro Fernández podría haber esperado un tiempo mayor o, en todo caso, haberse despedido de manera más elegante una vez acomodado en el sillón de la nueva banca de diputado nacional, lo cierto es que, a pesar de la derrota de Bielsa, el jefe de Gabinete quiso cumplir su palabra: serían cuatro los diputados del distrito para el bloque kirchnerista, aunque el cuarto arribo al puerto kirchnerista fuera desde la proa del PRO.

Los operadores «K» son más que optimistas y dan por seguro que marchan hacia la mayoría propia en la cámara baja. Ciertamente, el partido del presidente está tejiendo alianzas en todos los frentes con el propósito de sumar por lo menos dos docenas de nuevos diputados a los ciento siete, entre los que pertenecen a la Legislatura vieja y los que obtendrán su nuevo diploma recién en diciembre. En principio, cuentan las cinco bancas del partido del intendente cordobés Juez, que aportara lo suyo sin mucha negociación. Es posible que desde San Luis hubiera un aporte algo menor desde los seguidores de un ex gobernador y ahora senador que aún mastica bronca por su semanita presidencial del 2001. Y todos apuestan a que no pocos duhaldistas, abandonados por su jefe y sin un capataz propio, empiecen a buscar un nuevo patrón político. Sin duda, es una bancada apetecible con un total de veinticinco asientos que parecen no querer perder una identidad territorial.

También están quienes sospechan que entre los cuarenta y un diputados radicales vendrán nuevos pases para el equipo «K». El buen diálogo con los gobernadores del frentecivismo catamarqueño, santiagueño y correntino seguramente le dará alguna recompensa adicional a la casa presidencial.

Donde sí se sabe que no habría un plan de caza -en lo inmediato, porque no hay que olvidarse de la mudanza de la actual titular del PAMI- es con los trece diputados del «contrato moral» de la líder del ARI. Tampoco con los escasos menemistas, los cuatro que le deben obediencia al gobernador neuquino y, por supuesto, quienes conforman el bloque macrista, debilitado por la fuga del pediatra diputado. En cuanto al pequeño bloque del socialismo comandado por el santafesino Binner, se lo sabe comprometido en el juego de la negociación bien entendida y criticando, cuando sea necesario, sin recurrir a un proceso de disciplinamiento para ese tipo de socialismo campeón de la moderación política.

En estos días son varias las voces que se levantan ofendidas frente al perfil ideológico del nuevo socio kirchnerista. Sin embargo, es un trofeo del plan de caza aunque «Borocotó» carezca de atributos de centroizquierda y pueda entenderse mejor con Rattín o Patti por su pasión antiabortista o por la pasada disposición a integrar una misma lista de candidatos con la envejecida artista Elena Cruz, entusiasta defensora de Videla.

Nadie tiene que sorprenderse por la pieza obtenida en esta temporada de caza. No nos olvidemos de que el triunfo de «Kristina» en Buenos Aires se debió a otro tiempo de safari. En esa ocasión, las presas fueron los intendentes de todos los pelajes. Es que Kirchner no ha cambiado de objetivo: ganar poder, acumular recursos políticos y gobernar sin deudas a la vista ni obstáculos imposibles de remover. Por ello se sorteó octubre; ahora le queda saber cómo cierra la temporada de caza de diputados.

Es cierto que, controlando ambas cámaras, Kirchner podrá acceder a lo que en la jerga institucionalista se llama un «gobierno unido», sueño de todo mandatario de un país cuando quiere disponer de un cuadro legislativo favorable a proyectos que entiende fundacionales. Por ello es importante recurrir a este tiempo de caza, aunque gran parte de la tarea ya había sido emprendida cuando, salvo escasas ocasiones, ambas cámaras jugaron a favor de la voluntad presidencial y gran parte del cuadro de gobernadores provinciales fue seducido. Y Kirchner está en condiciones de obtener el mayor «gobierno unido» que supo tener la Argentina de estos tiempo de democracia.


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