El juego de las listas y una ley de lemas informal

Redacción

Por Redacción

Se cerró el capítulo de presentación de listas para el turno electoral del 28 de octubre y, como en el juego de las sillas, quien no alcanzó a ocupar un asiento en una de las tantas nóminas se quedará sin su banca. En cambio, si se logró conquistar un buen lugar para ocupar una plaza legislativa, se consolidará el «espacio político» de los actuales acuerdos electorales que, en una política consecuente, deberían continuarse en firmes coaliciones legislativas o, eventualmente, como parte de una estrategia ya acordada y por qué no imprevista, en condiciones de relanzar desde la arena legislativa sellos partidarios que a la vista del electorado parecían destinados a los pliegues del presente de una democracia con partidos de papel.

En este juego, se ha inventado el nombre de listas «colectoras». Estas suponen converger en una única y gran arteria electoral. Las colectoras, junto a las listas de «unidad» en la concertación plural oficialista o de las alianzas opositoras, prometen dominar la futura competencia electoral. Igualmente, el término «unidad» merece un doble encomillado, especialmente por desplazamientos de conveniencias futuras. Lo cierto es que cada una de estas fórmulas, algunas intermedias y otras sobrevivientes de la «pureza» de una política de partidos institucionalizados, cree que basta con el efecto de la tracción por las respectivas candidaturas presidenciales del personalismo apocalíptico u oficialista. También de los otros opositores, que de antemano no están convencidos de que su juego es ganador.

Curioso juego el que se puso en movimiento, ya que algunas de esas listas parecen haber trasladado hacia abajo la muy vilipendiada ley de lemas y en nuestro mundo de democracia electoral ha devenido en informal práctica, cuya aplicación estaba destinada a escenas electorales de rango inferior a las presidenciales. Ciertamente, no pocas contiendas provinciales y municipales realizadas durante este disperso calendario del 2007 tuvieron numerosas listas colectoras, fieles expresiones del informalismo electoral de estos tiempos.

Muchos creyeron que quedaría sin efecto para el venidero turno presidencial. Sin embargo, las presidenciales ya cuentan con un pasado de ley de lemas. Fue en el 2003, cuando se inauguró ese informal esquema. Para la ocasión resultó práctico al decidir una interna dentro del peronismo irresuelta con la caída de De la Rúa y, a su vez, destinada a elegir un presidente. Lo cierto es que en aquella oportunidad la informal ley de lemas se aplicó avalando tres candidaturas peronistas encabezadas respectivamente por Menem, Kirchner y Rodríguez Saá. Los radicales no se quedaron atrás en ese abril de hace cuatro años, ya que ofrecieron al mercado electoral otros tres candidatos a presidente: Carrió, López Murphy y Moreau.

Esa legislación informal sigue vigente, fundamentalmente en sectores de la oposición. Y los comprende en las candidaturas máximas. De hecho, la mayor parte de sus candidatos, al razonar sobre su solitaria candidatura, sostienen que dicha presentación es la manera de posicionar un mejor segundo para luego disputar el ballottage. Ese informalismo también se hace presente en las listas vinculadas con esas candidaturas presidenciales, el armado de las diversas nóminas para los cargos legislativos nacionales. Asimismo, su aplicación es válida en ese poderoso país electoral que es Buenos Aires, tanto para conformar sus dos cámaras legislativas como con sus intendencias y cuerpos deliberantes. En este último renglón distrital, el oficialismo K juega una de sus partidas decisivas para evitar que muchos votos se salgan del caudal central de su arteria Daniel Scioli-Cristina Fernández.

Y, por si fuera poco, un aspecto que parecía exclusivo de empresas partidarias de izquierda, de exigua convocatoria o de frentismos testimoniales que se repite en esta contienda sólo con el cineasta Pino Solanas, candidato en un mismo tiempo a presidente y a senador por Capital Federal, la oposición del continente centroderechista sumó las dobles candidaturas, y no precisamente pretendiendo los mismos cargos. Como muestra está el caso del ex ministro de De la Rúa López Murphy, ahora candidato a presidente y a diputado nacional por Buenos Aires después de fracasar en su intento más atractivo de ser senador por la ciudad de Mauricio Macri. También del ex ingeniero Blumberg, cabeza de la lista para diputado nacional y simultáneamente candidato a gobernador por Buenos Aires. Estas constituyen la máxima novedad de quienes muchas veces promocionan una nueva política y por ello asumen un programa de reforma política que contempla la eliminación de esas dobles candidaturas. Resulta llamativo que el principal aliado de Sobisch en la provincia de Buenos Aires niegue en los hechos lo que gobernador neuquino promovió en su provincia. Sin duda, el realismo electoral también participa del juego de las listas.

Si bien el oficialismo de la fórmula Cristina Fernández-Julio Cobos (la reunión del peronismo mayoritario y el radicalismo que gobierna) ha prescindido de esa iniciativa, ya que dejó en los márgenes el resto de los postulantes de su misma identidad, no ha podido evitar que la informalización les llegara a las restantes nóminas de candidatos. Y aún más: habrá distritos que proveerán al nuevo cuadro legislativo oficialista que, de acuerdo con necesidades propias y ajenas, resuelvan dar por terminados los acuerdos existentes o, en todo caso, cuyos nuevos legisladores naveguen en las aguas de la ambigüedad parlamentaria junto a sociedades de intereses entre ejecutivos de distinta escala. Es el caso de los socios radicales de varios distritos que hoy acompañan al oficialismo. En ese sentido, tanto Río Negro como Neuquén están lejos de ofrecerle garantías de estrecha colaboración legislativa. Menos probable es que ocurra con el único legislador de prosapia radical candidato por Neuquén, quien una vez asentado en su poltrona de la cámara baja aumentará su margen de autonomía en el caso de que la alianza que representa en la ciudad capital y que apuesta a continuar en gobierno municipal sea derrotada el 28 de octubre. De allí que es posible el regreso de un numeroso bloque radical conformado por listas colectoras y de «unidad» que abonan esas dos fórmulas que tienen de vices a dirigentes que todavía se identifican con la herencia de Yrigoyen.

Tal es el juego de las listas para el próximo turno electoral, que los cambios de escenario de muchos de los legisladores electos dejarán muy atrás el episodio olvidado de mudanza del médico diputado Borocotó y de los ex duhaldistas hacia el oficialismo ocurrido después de las elecciones del 2005.

 

GABRIEL RAFART (*)

Especial para «Río Negro» 

(*) Profesor de Derecho Político de la UNC


Se cerró el capítulo de presentación de listas para el turno electoral del 28 de octubre y, como en el juego de las sillas, quien no alcanzó a ocupar un asiento en una de las tantas nóminas se quedará sin su banca. En cambio, si se logró conquistar un buen lugar para ocupar una plaza legislativa, se consolidará el "espacio político" de los actuales acuerdos electorales que, en una política consecuente, deberían continuarse en firmes coaliciones legislativas o, eventualmente, como parte de una estrategia ya acordada y por qué no imprevista, en condiciones de relanzar desde la arena legislativa sellos partidarios que a la vista del electorado parecían destinados a los pliegues del presente de una democracia con partidos de papel.

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