El legado de Dora, la última hablante del tehuelche

El antropólogo barilochense Javier Domingo trabajó con la mujer durante meses para aprender y difundir una lengua que se perdía. Hoy, a casi un año de la muerte de la integrante de la comunidad Camusu Aike, recuerda ese período y cuenta qué ocurrió.



Tiempo atrás, un antropólogo barilochense logró entablar contacto con Dora Manchado, “la última hablante de tehuelche”, integrante de la comunidad Camusu Aike, entre Río Gallegos y Calafate. El investigador se estableció en Santa Cruz y se propuso aprender y difundir de alguna manera la lengua.


El desafío se concretó, pero tres meses después, Dora murió.
“Al principio, ella me preguntaba a dónde me iba a llevar esas palabras, y yo le explicaba que todo esto iba a ser para sus nietos. Así lo entendió. Murió el 4 de enero de este año. Fue tres meses después de concluir la documentación”, sintetizó el antropólogo Javier Domingo que estudió en Italia y hoy trabaja en la Universidad de Montreal, en Canadá.


Reconoció que en el 2016, “buscando material en internet para hacer un trabajo, me enteré que existía un proceso de revitalización de la lengua tehuelche. Me fui a Santa Cruz a ver cómo era ese proceso donde todo giraba en torno a Dora Manchado”.


Desde el Ministerio de Educación, se promovía la enseñanza del tehuelche pero Domingo lo definió como un “proceso tan interesante como incongruente y lleno de contradicciones”. “Muy pocas personas iban a clases, dictadas con tiza y pizarrón. Se parecía a la enseñanza de las lenguas mayoritarias, como el inglés, el castellano. Dora era la maestra: una persona mayor que no tenía instrucción formal, que no sabía leer ni escribir. Después de 50 minutos, le preguntaban: ‘Doña Dora, ¿cómo se decía puma?´. ‘¿Ehh?, les respondía la mujer”, relató el antropólogo.
Muchos querían recuperar la lengua y tenían algún recuerdo, pero lo cierto es que la lengua no se practicaba en la cotidianeidad. Domingo decidió aprovechar su otro título de profesor en Contextos Interculturales y se ofreció a enseñar técnicas para aprender la lengua de manera “más divertida”.


Su relación distante con Dora terminó de fortalecerse cuando Domingo regresó de Montreal, luego de armar un proyecto de trabajo y lograr el apoyo de la Universidad de Montreal, el Endangered Languages Documentation Programe (ELDP) de la Universidad de Londres y Yale.
“Se fue generando una relación con Dora. Eso significaba compartir tiempos, complicidades, la comida. Llegamos a tener una relación muy fuerte como madre e hijo”, describió.


En un primer momento, Dora no quería que la filmaran porque sentía verguenza. Poco a poco, fue divirtiéndose y hasta le mostrábamos los videos.
El proyecto de documentación consistió en “una especie de manual de lengua”, a través de videos breves y didácticos que ya fueron difundidos con el apoyo de la comunidad. Se filmaban situaciones cotidianas en la cocina o en paseos en auto, entre otros.


“Todo era muy contextual y había que improvisar. Nunca era como vos querías y eso fue lo bonito también. Si yo le preguntaba: Dora, ¿abro la puerta?, ella me respondía en tehuelche: ‘no porque hace frío´. Si yo hablaba en tehuelche, me respondía en castellano. Si le preguntaba algo que ya sabía, me decía enojada: ‘Si sabés ¿para qué preguntás?”, recordó.
Algunas comunidades quieren recuperar la lengua para las ceremonias religiosas, ciertos ritos, entender ciertos cuentos o simplemente decir pequeñas frases. “No para todas las funciones del lenguaje porque son lenguas que ya dejaron de usarse”, señaló Domingo.

El deseo de Dora


No hay una única explicación del por qué se pierde una lengua. En algunos casos, por discriminación y vergüenza aunque Domingo resaltó que “mucha gente, ante estas situaciones, se hizo más fuerte y la mantuvo”.
“Recuerdo que una vez, unos amigos de Río Gallegos la invitaron a comer y ella no quería ir. Me dijo que solo la invitaban para ver cómo comía una india. Fue algo muy fuerte”, relató.


El trabajo de documentación de la lengua se extendió durante cuatro meses en 2018.
Dora y Domingo se juntaban todos los días de la semana, a partir de las 11 hasta las 19 o 20 horas. A veces, más tarde.


Por la mañana, el investigador se comunicaba con la mujer para preguntarle si necesitaba algo. Muchas veces, hacía las compras, la ayudaba a limpiar la casa y se quedaban hablando mientras comían.
“Gran parte de la confianza pasa por ocupar otros lugares en la vida también y por el hecho de usar la lengua. Yo trataba de usarla en pequeñas fórmulas de complicidad. Decirle algo al oído que la hiciera reir o malas palabras o un chisme sobre alguien. A Dora la divertía”, describió.
En el último video, Domingo le agradeció a Dora por todo el trabajo y el tiempo compartido. Ella simplemente dijo: “Ojalá que algún día, alguien vuelva a hablar en tehuelche”.


“Al ver el video, se entiende que los dos sabíamos que ella se iba a morir. Lo cierto es que los materiales ya están disponibles y se que algún día, las nuevas generaciones, los chiquitos van a poder mirar eso y así poder acercarse”, dijo.


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