El luthier de Bariloche que “tiene suerte” en Europa

El prestigioso luthier barilochense Francisco Pecchia, radicado en Barcelona, sigue trabajando más allá de la pandemia. ¿Su especialidad? La viola da gamba, un instrumento del Renacimiento.




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Ni la pandemia logró frenar su trabajo. Tampoco el hecho de que sus principales encargos provienen de los músicos, uno de los más golpeados por el parate de actividades durante la cuarentena.
El prestigioso luthier barilochense Francisco Pecchi, radicado en Barcelona, considera que solo “ha tenido suerte”.


“Construyo instrumentos por encargo y los encargos que tenía para este año se han mantenido. Pero tengo colegas en una situación muy crítica. Algunos que construían, ahora hacen solo reparaciones y otros están a punto de quebrar”, confiesa.


Este barilochense reconoce que la relación es directa: “Dependemos de los músicos. Si ellos no tienen trabajo o ayuda, tarde o temprano, esto repercute en los luthiers. Cada país se ha comportado de una manera diferente respecto a los trabajadores de la cultura y aquí no ha sido el mejor de los casos”.
El próximo año, Pecchia realizará un contrabajo para el músico Hernán Maisa, contrabajista principal interino de la Orquesta Sinfónica Nacional, que también formó parte de Cofradía en Bariloche.

El encargo lo recibió en 2014 pero en ese momento, Pecchia tenía siete años de espera. “No es que tuviera muchísimos instrumentos encargados sino que trabajo siempre solo y me tomo mis tiempos para cada laburo. Por no decir que voy lento (hago tres violas al año). Finalmente llegó su momento”, bromeó.
La especialidad de este prestigioso luthier es la viola da Gamba que, según detalla, es “una familia bastante grande de instrumentos que estuvieron en uso durante el Renacimiento y Barroco por toda Europa”.
“Como instrumento antiguo –definió– aún está siendo redescubierto. Se emplea para interpretar un vasto repertorio de más de dos siglos pero ya hay algunos músicos que la emplean para la música contemporánea y folclórica”.
Lo consideró como “un instrumento sumamente completo que nunca se termina de conocer y que ofrece muchas posibilidades al músico y también al lutier. Por eso, la elegí”.


Pecchia define la construcción de cada instrumento como “un proceso tan largo que la vida se organiza en torno a él y se convierte en un modo de vida en sí mismo. Constante, solitario e intenso”.
“Sólo cuando uno termina y sale de ese proceso, percibe cuánto tiempo y concentración hubo que dedicar para que el instrumento quede como uno quería. O parecido. Me cuesta mucho interrumpir la construcción de un instrumento porque es muy difícil retomarlo después”, reconoció.
Para sus instrumentos, Pecchia emplea las maderas que se usaban en los instrumentos originales o las que se usan “en los instrumentos de la familia del violín”, como el abeto, arce y ébano o las frutales, como el nogal o el cerezo, o las maderas duras, como el boj o el sorbo, y maderas más blandas, como el cedro, el álamo o el sauce, casi todas de origen europeo.


Sus clientes son mayormente músicos profesionales o estudiantes avanzados aunque también recibe encargos de alguna escuela de música.
“No hago un seguimiento de los instrumentos aunque mantengo contacto con varios de los músicos que los tocan. De vez en cuando me entero por internet de alguna reventa de una de mis violas o que se registró algún concierto o una grabación con ellas”, señaló.
“Es muy emocionante ver y escuchar los instrumentos en acción, pero suele ser una sorpresa inesperada. Mayormente les pierdo el rastro”.

Su vínculo con
la música

En su casa, recuerda, sonaban Los Beatles, Serrat y mucho folclore argentino. De muy pequeño, se sumó a los talleres de iniciación con flauta que dictaba Liliana Gorraiz “en el kilómetro 8”, poco después saltó a los instrumentos de cuerda y confiesa, “nunca más los dejó”.


Antes de partir a Europa, estudió luthería y sonorización en la Universidad de Tucumán durante 5 años. “Esos años, decidí presentarme a una beca en Italia, básicamente porque lo que estudiaría allá no había manera de aprenderlo en América”, explicó. “En Argentina había dos distancias con la cultura musical del barroco europeo, la geográfica y la histórica. Viniendo a estudiar a Italia lograba sortear la primera”.

Ya en Italia, recién logró empezar a vivir de la luthería en el 2008, después de 9 años de estudio académico. “Aunque ya había vendido algunos instrumentos, recién a partir de ese año, tuve continuidad y a ser reconocido como luthier de viola da gamba”, esgrimió.


Con tantos años de residencia en Europa, Pecchia aseguró que mantuvo cercanía con los músicos de Cofradía en Bariloche. “También tengo un hermoso recuerdo de Rodrigo Dalziel. Participé del Coral Melipal junto a mi padre, cuando me preparé para la beca. Rodrigo me escribió una sincera recomendación y nunca olvidaré su talento y calidad humana”.

¿Qué es una viola da gamba?
las formas y la historia

El nombre viola da gamba tiene un origen italiano y significa “viola de pierna” porque el músico coloca este instrumento entre sus rodillas, en posición vertical. Se toca con arco.


Este instrumento es de dimensiones similares al cello y suele tener seis cuerdas afinadas, como una guitarra.
Su época de esplendor fue entre el Renacimiento y el Barroco en Europa occidental. Compositores como Henry Purcell, Georg Telemann y Sebastian Bach han escrito para este instrumento.
Su extinción hacia mediados del siglo XVIII, explicó Pecchia, “se debió en parte, al cambio de gusto que la llevó paulatinamente a quedar fuera de las formaciones orquestales. Igual suerte corrieron los laúdes y posteriormente, los claves”.
Sin embargo, en las últimas décadas la viola da gamba fue rescatada por músicos y apasionados del mundo antiguo.
“En mi generación tuvo particular influencia la película francesa ‘Todas Las Mañanas del Mundo’ , con Gerard Depardieu, que narra la relación entre dos grandes compositores franceses, de Sainte-Colombe y Marais. La música es interpretada por quien hoy en día quizás sea el violagambista más reconocido del mundo, Jordi Savall”, detalló el barilochense.


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