El mago que resucitaba lo efímero

Un libro recorre la vida de Manuel Puig. Es un éxito de ventas en Estados Unidos.

Buenos Aires (Télam).- Bajo el guiño cómplice de una amistad que nació en 1969 y se extendió hasta 1990, la ensayista y traductora norteamericana Susan Jill-Levine recorre en la biografía «Manuel Puig y la mujer araña» los aspectos más velados del autor de «La traición de Rita Hayworth».

Recién lanzado en la Argentina por el sello Seix Barral, el libro se convirtió en éxito de ventas en Estados Unidos -donde la literatura latinoamericana no suele encabezar rankings de venta- y obtuvo notables críticas en los principales medios, como el New York Times, que publicó un artículo alusivo firmado por el peruano Mario Vargas Llosa.

Lo que diferencia a la flamante obra de otros abordajes anteriores de la vida de Puig, es la manera en que sortea cuestiones que el entorno del escritor siempre decidió preservar, como el tema de la homosexualidad, un aspecto que la biográfica recrea al detalle.

Sin duda, fue la amistad entre retratista y retratado, surgida en 1969 y continuada hasta la muerte del autor -el 22 de julio de 1990-, la que posibilitó un acercamiento tan profundo y al mismo tiempo demostró cómo se puede lograr un retrato auténtico sin caer en la pretensión voyeurística o pornográfica.

Con simpatía y humor, reproduciendo incluso cierta tensión entre el deseo de experimentación y la fascinación por las formas populares convencionales -eje de toda la narrativa de Puig-, Jill Levine se deja habitar por el fantasma puigniano y despliega una biografía que es también una historia de la literatura norteamericana entre los 60 y los 90.

«(Puig) moldeó su narrativa a partir de lo provisorio, lo devaluado, y aunque, como muchos escritores, siempre estaba creándose a sí mismo, aquel ser era más un niño de celuloide que un hombre de letras. Era el escritor como imitador juguetón (…) Manuel era un actor, un mago que podía resucitar lo efímero», define la biógrafa.

Jill-Levine se desempeña como profesora en la Universidad de California en Santa Bárbara y ha traducido la obra de Alejandra Pizarnik, Silvina Ocampo, Guillermo Cabrera Infante, Adolfo Bioy Casares, Jorge Luis Borges, Severo Sarduy, Julio Cortázar y Alejandra Pizarnik.

«Lo que hizo de Manuel Puig una figura fascinante en la moderna literatura latinoamericana fue que se tratara del primer novelista literario pop en el continente. La distinción ya no es destacada cuando entramos al nuevo milenio en un entorno cultural que ha borrado lo clásico, pero en los 60, él se atrevió a desafiar el elitismo innato de la intelligentsia argentina y española, tanto de derecha como de izquierda», destaca la autora.

«Estamos fascinados con las vidas de los escritores porque queremos ser escritores. La vida del escritor parece ideal, libre; él o ella parece tener necesidades materiales mínimas -y puede viajar, vivir en cualquier parte- para trabajar», reflexiona Jill- Levine en la introducción del libro.

La biógrafa trabajó sobre la idea de que, del mismo modo que con sus personajes, el autor de «Boquitas pintadas» modeló su vida en torno al mito del escritor. La curiosidad biográfica del lector, según su óptica, quizá sea descubrir «la verdad» detrás de las ficciones, comparar la vida real y la vida escrita, comprender por qué el escritor se siente impulsado a rehacer su vida en la ficción.

En otra dirección, Jill-Levine explora los aportes de Puig a la literatura, particularmente la manera en que el cine, las telenovelas y las canciones populares se transformaron en una herramienta para combatir los estereotipos acerca de cómo un escritor, en especial un escritor latinoamericano, debía presentarse a sí mismo en el escenario mundial.


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