El paro docente muestra el fracaso de una política

Ante la falta de ideas para cambiar tendencias, desde la administración Sapag se optó por el camino más fácil: se siguieron aumentando las partidas presupuestarias destinadas al sistema.

Un modelo que necesita urgentes cambios

Otra vez las aulas vacías.

Un nuevo fracaso de la política.

Es innegable que en los últimos años todos aquellos que tuvieron cierto poder de decisión dentro del sistema educativo neuquino prefirieron no realizar modificaciones sobre su diezmada estructura.

Las causas de este “laissez faire” en Educación han sido múltiples y diversas, pero ninguna de ellas puede justificar el daño, irreversible en muchos casos, que le han generado al sistema.

No hubo política de Estado para Educación. Ante la falta de decisión para definir cambios de estrategias, se optó por el camino más fácil: seguir aumentando las partidas presupuestarias destinadas a un perverso sistema que muestra un progresivo y preocupante deterioro.

La estadística oficial, reflejada en los infogramas de las páginas siguientes, avala estos conceptos.

• En el 2003 la inversión en Educación representaba el 18% del gasto total ejecutado en el presupuesto provincial. El año pasado ese indicador creció al 28% del total de las erogaciones.

• En valores absolutos, la inversión en Educación se multiplicó por diez en esta última década, al pasar de los 332 millones de pesos en el 2003 a los 3.197 millones, tal lo refleja el cierre proyectado para el 2012.

• Durante la gestión Sapag, el costo mensual promedio por cargo educativo (políticos, supervisores, docentes y administrativos) se incrementó en algo más del 220%.

• La inversión anual por alumno pasó de los 5.799 pesos en el 2007 a los 18.495 proyectados para el cierre del año pasado.

Todos estos indicadores colocan a Neuquén entre las tres provincias del país con más inversión sobre este tipo de servicio.

Como contrapartida a este “bienestar económico”, paradójicamente tenemos un sistema que no garantiza los mínimos niveles de calidad y contención para el alumno.

Un trabajo de Unicef realizado en el 2010 para Neuquén, llamado “La educación en cifras”, refleja con total crudeza la realidad de la provincia en esta materia.

A continuación se detallan algunos conceptos volcados en este estudio.

• La presencia del abandono escolar a partir de los 15 años de edad se reconoce en la caída sistemática del total de inscriptos.

• La disminución sistemática de la cantidad de alumnos que asisten con edad teórica es expresión del fracaso escolar.

• De cada tres jóvenes de 17 años, aproximadamente uno asiste a la escuela en edad teórica, uno va con rezago y otro permanece fuera de la escuela.

• A los 12 años de edad, cinco de cada siete alumnos asiste en edad teórica, es decir, ha logrado transitar los primeros 6 años de la primaria sin repetir ni abandonar.

• A partir de los 13 años, el crecimiento de la sobreedad manifiesta la intensificación del fracaso en el inicio del nivel secundario.

• A lo largo de toda la secundaria, los niveles de promoción son bajos: en promedio, aproximadamente uno de cada cuatro alumnos no logra pasar de curso.

• Estos últimos se manifiestan principalmente en el inicio de la secundaria: en el 8º grado, uno de cada tres inscriptos no promueve a fin del ciclo escolar.

• Algunos alumnos que no alcanzan a promover, se inscriben como repitentes al año siguiente. Muchos otros, desistirán de continuar sus estudios.

• Entre los grados 8º y 11º, uno de cada cuatro alumnos no promovidos abandona la escuela. Esta proporción representa cerca de 2.400 alumnos que desertan de un año a otro luego de una experiencia de fracaso escolar.

Con todos estos conceptos mencionados uno puede interpretar claramente que el problema en Educación no está en la necesidad de inyectar mayores fondos a la actual estructura, sino en la falta de ideas para poder reencauzar la anarquía que hoy existe en todo el sistema.

El conflicto

Esta semana, dicho en forma vulgar, en Neuquén los alumnos de familias pobres que acuden a las escuelas públicas no comenzaron las clases. Los chicos cuyos padres pueden pagar un establecimiento privado sí lo hicieron, tal como tradicionalmente ocurre en cada inicio del ciclo lectivo.

La desigualdad existente en la provincia sigue mostrando su costado más vergonzoso, pese al relato progresista que se escucha de gran parte de los funcionarios que hoy están al frente de Educación.

Este año gremio y Estado provincial no llegaron a ningún acuerdo para dar un inicio normal de clases.

Los argumentos que esgrimen unos y otros reflejan cuán internalizada está la política en el terreno educativo.

Claramente, se perdieron las metas básicas para lo que fue creado este importante servicio en la provincia. Esto no deja de lado la responsabilidad del gobierno neuquino al continuar postergando las reformas que necesita el sistema para volver a reencauzarlo dentro de sus objetivos más nobles.

Una de las limitantes más comunes al plantearse los procesos de reformas en Educación es la continua contradicción que se presenta entre las necesidades de los tiempos políticos y los ritmos en los que se mueve la realidad.

Los cambios en el sistema educativo llevan su tiempo y las gestiones políticas pasan relativamente rápidas.

Esta discordancia sólo puede superarse a partir de acuerdos globales que establezcan políticas educativas de Estado de largo plazo y no propuestas coyunturales en cada una de las diferentes gestiones.

Una política de Estado sirve a los efectos de marcar cuáles son los aspectos esenciales a acordar, los que deberán ser sostenidos por los diferentes gobiernos que se sucedan. Este esquema ayudaría a superar la permanente contradicción que enfrenta la coyuntura y el proyecto.

Sapag, al igual que muchos otros gobernadores, vive hoy atrapado, preocupado y enredado en la política del día a día. Es lo que él mismo privilegia. Se mueve en un mundo de cosas inmediatas.

No puede elegir entre preocuparse por los problemas terminales del sistema educativo y sumirse en lo cotidiano de los problemas intermedios del sistema político. Lamentablemente, hoy el contexto elige por él.

Tampoco cuenta con equipos técnicos que lo orienten en un armado de una estrategia para sortear dificultades coyunturales sin desviarse de los objetivos de largo plazo que se necesitan hoy para reorientar la crisis educativa.

Es que lamentablemente este gobierno no tuvo nunca al tope de su agenda la posibilidad de hacer una seria reforma educativa.

El debate quedó siempre restringido a los aumentos que se debían otorgar sobre salarios docentes. Algo que se subsanó estos últimos años con las transferencias percibidas por la prórroga de las áreas hidrocarburíferas, el mayor endeudamiento público y la suba de tributos provinciales.

Pero los ciclos económicos están bien marcados en la Argentina y la realidad volvió a golpear las puertas de la gobernación.

Los problemas fiscales estructurales que presenta la provincia hacen inviable hoy la posibilidad de otorgar aumentos masivos sin hacer correcciones sobre el sistema. Llegamos a la paradoja que con muchos más recursos volcados estamos mucho peor que hace años atrás.

Cuando los adultos no nos ponemos de acuerdo en este tipo de cosas, los que se perjudican son los chicos.

(Redacción Central)


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