El reloj político del gobierno de Sobisch

Por Gerardo Bilardo

Por Gerardo Bilardo

Seis meses agitados y una bolsa de problemas carga sobre sus espaldas el gobierno de Jorge Sobisch. Su gestión arrancó con la fuerza de un huracán para llevar adelante un programa de reforma del Estado y de ajuste en los gastos de las cuentas públicas, pero la propuesta ha tropezado una y otra vez con unos cuantos obstáculos.

Las autoridades de la provincia se encuentran a mitad de año sin hallar la fórmula para generar consenso suficiente como para poder avanzar por el camino que fue trazado a partir del 10 de diciembre de 1999. Difícilmente puedan lograr dar vuelta el escenario adverso en el segundo semestre, por lo que habría que suponer que existe un programa alternativo que pueda funcionar, al menos con el respaldo de algún sector de la oposición legislativa.

En este corto tiempo de la vida real, pero sustancial en el reloj de la política, al oficialismo se le fueron sumando frentes de conflicto que no han sido desactivados y que además, en algunos casos, hoy están potenciados.

La inflexible posición de los gremios estatales frente al ajuste, una Legislatura donde las especulaciones políticas cotizan en alza y el drama que viven los desocupados fueron cargando poco a poco el clima social de esta provincia y de conflictos irresueltos a las autoridades.

En Neuquén ya no sólo se discute cuál es el mejor rumbo para salir del pozo, sino que ahora también se debate cómo frenar una violencia que es condenada por la sociedad, pero que se muestra en las calles con peligrosa frecuencia.

El trance que vive el gobierno es una prueba del estrecho margen de confianza que los ciudadanos les garantizan a los dirigentes políticos y del poco tiempo que tienen para actuar sin correr el riesgo de quedar atrapados en una telaraña de problemas.

Sobisch no es el primer gobernador de esta provincia que debe enfrentar, a seis meses de haber asumido, fuertes protestas sociales. Su antecesor en el cargo, Felipe Sapag, sufrió un precipitado desgaste cuando miles de vecinos de Cutral Co y Plaza Huincul ocuparon la ruta 22 en junio de 1996.

Así como en el Estado hoy nadie asume la responsabilidad del accidente que le costó la vida a la docente Silvia Roggetti, tampoco existe ánimo en el gobierno y en la oposición por hacerse cargo de una sucesión de desencuentros, una pulseada tan pareja que nadie ha podido anotarse triunfo alguno.

Está muy claro que los integrantes del Movimiento Popular Neuquino, de la Alianza y del Partido Justicialista han elegido la táctica de la guerra fría, un camino sin concesiones en el que se vuelcan esfuerzos inútiles para tratar de imponer voluntades. Este es un juego en el que todos pierden.

Una fuente del gobierno reconoció que en medio de esta lucha política, los únicos que están logrando cumplir con su objetivo son los dirigentes de los gremios estatales, porque el programa de reformas se encuentra estancado en la Legislatura y ésa es precisamente la principal aspiración de los sindicatos.

Con viajes al exterior en búsqueda de inversores, el oficialismo busca generar expectativas frente a la opinión pública y contrapesar el tormentoso e indomable frente interno. La caña ya fue arrojada en Brasil, pero en la industrializada ciudad de San Pablo parece que los peces no andaban muy hambrientos y los funcionarios regresaron con más promesas que proyectos que se puedan palpar.

El gobierno ahora piensa en su próxima misión, la de España, que comenzará la semana próxima. Pero el único papel que está asegurado antes de partir es el que traerá Sobisch a su regreso, después de firmar con Repsol-YPF, en Madrid, un compromiso de inversión de 4.500 millones de pesos durante los próximos 17 años. Y esto a cambio del respaldo que dará la provincia a la renovación de la concesión de dos atractivas áreas de explotación de hidrocarburos de la cuenca neuquina, una decisión que también es cuestionada por la clase política neuquina, especialmente por los referentes del sector que lidera Felipe Sapag.

Las autoridades interpretan este pacto con la compañía petrolera como un gesto de confianza de la principal empresa radicada en el país hacia la provincia. Y a partir de allí pretenden contagiar a otros inversores e invitarlos a observar a Neuquén como una provincia con futuro.

Para poder desplegar el potencial de este proyecto, el oficialismo necesita poner en pleno funcionamiento los tres soportes que sostienen a su plan original. Y esto significa tener respaldo político para reducir los gastos y reformar el Estado, contener a los sectores sociales más pobres en forma constante y atraer inversiones que puedan generar fuentes de trabajo.

Pero sucede que la reforma se encuentra trabada en el sitio que el sistema democrático creó para generar consenso, la Legislatura; los desocupados reclaman con mucho ruido y cortes de ruta y el capital privado, por ahora, figura más en los discursos que en los hechos reales.


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