El terrorismo islámico y la conexión latinoamericana

Por Andrés Oppenheimer



No se sorprendan si en las próximas semanas escuchamos más noticias sobre las posibles conexiones de terroristas islámicos en América Latina: funcionarios norteamericanos están estudiando el tema con una lupa y pronto podrían anunciar alguna sorpresa.

Específicamente, funcionarios de Estados Unidos están investigando la Triple Frontera -entre Paraguay, Brasil y la Argentina-, donde se encuentra la ciudad paraguaya de Ciudad del Este. En esa zona viven unas 630.000 personas, incluidos unos 30.000 comerciantes árabes y sus familias, algunos de los cuales han donado fondos para grupos terroristas islámicos.

“Creemos que la región de la Triple Frontera es la más problemática del hemisferio en cuanto a actividades de extremistas islámicos””, me señaló el coordinador de asuntos antiterroristas del Departamento de Estado, Frank Taylor, en una entrevista. “Queremos trabajar con nuestros socios en el área para asegurarnos de que tenemos un buen entendimiento del problema, y las herramientas para neutralizarlo””.

Los funcionarios de Estados Unidos dan pocos detalles. Pero hay pocas dudas de que están investigando posibles nexos del jefe terrorista Osama ben Laden con grupos árabes en la zona.

“Están surgiendo evidencias que vinculan a activistas musulmanes en la región con los ataques del 11 de setiembre contra Estados Unidos””, señaló el boletín Jane”s Terrorism and Security Monitor en su edición de octubre. “Y lo que es peor, están surgiendo evidencias de que se ignoraron los avisos de un informante que alertó sobre el ataque””.

El informe de Jane”s se refiere al caso de Gueddan Abdel Fatah, un estudiante marroquí de 27 años arrestado en el Brasil a comienzos de año bajo cargos de asaltar un taxi en Sao Paulo. Había entrado al Brasil con un pasaporte emitido en Venezuela, y está cumpliendo una pena de 64 meses de prisión.

Según la prensa brasileña, Fatah había contactado a una abogada el 5 de setiembre, pidiéndole que entregara “con urgencia”” una carta a las autoridades del Brasil, Estados Unidos e Israel. Le dijo que quería alertarlos sobre un ataque con “dos explosiones”” que tendrían lugar en Estados Unidos.

El 10 de setiembre, cuando se enteró de que su carta no había sido entregada, Fatah se mostró furioso, diciendo que ya era muy tarde para evitar una tragedia. Tras el ataque terrorista del día siguiente en Nueva York, Fatah dijo a las autoridades brasileñas que se había enterado del plan en una mezquita de Foz de Iguazú, la ciudad brasileña que linda con Ciudad del Este.

Esta es sólo una de las varias historias parecidas que han surgido en las últimas semanas. Los investigadores brasileños y argentinos también están interesados en lo que sabe Al Said Ali Hasan Mukhlis, un egipcio sospechoso en la masacre de 62 turistas en Luxor, Egipto, en 1997, y que fue arrestado en 1999 en la frontera del Uruguay con Brasil. Los investigadores dicen que fue entrenado en Afganistán, y podría estar vinculado con el grupo de Ben Laden.

¿Se trata de casos aislados, o estamos frente a una enorme red terrorista árabe en América Latina? Es difícil saberlo, porque el tema está desfigurado por rencillas internas sudamericanas.

Hay mucho dinero en juego: Ciudad del Este es un enorme centro de contrabando, cuyos comerciantes importan artículos electrónicos y ropa de Miami y Hong Kong, y los ingresan como contrabando en Brasil.

La mayoría de estos bienes termina en mercados callejeros de las grandes ciudades brasileñas, dando empleo a decenas de miles de trabajadores informales del Brasil. Y la mayor parte del dinero que ganan los comerciantes de Ciudad del Este es depositado en bancos brasileños.

Según funcionarios de inteligencia argentinos, la Triple Frontera es una meca del terrorismo y el lugar desde donde el Hizbollah planeó los ataques contra la embajada israelí en Buenos Aires en 1992 y contra la mutual judía AMIA en esa ciudad dos años después, que dejaron un total de más de un centenar de muertos.

Pero funcionarios del Paraguay y Brasil dudan de que la Triple Frontera sea un centro de terroristas. Dicen en privado que quizás la Argentina está desviando culpas para evitar revelaciones de nexos de su propio país con esos atentados, y niegan que están protegiendo intereses económicos de sus países.

¿A quién creer? Los funcionarios de Estados Unidos me dicen que hay evidencias de que los ataques terroristas de 1992 y 1994 fueron efectivamente realizados por miembros del Hizbollah en la Triple Frontera. Y dicen tener evidencias de que la zona es utilizada por el Hizbollah, Hamas y el Grupo Islámico -que tiene vínculos con Ben Laden- para recaudar fondos, reclutar gente y como lugar de tránsito para Estados Unidos.

Todos estos temas serán abarcados en una reunión de altos funcionarios de Estados Unidos, Paraguay, Argentina, Brasil y Uruguay el próximo 17 de diciembre en Asunción. Según los funcionarios norteamericanos, todos los países están ofreciendo una buena colaboración a Estados Unidos.

Sin embargo, fuentes de la región con acceso a las investigaciones de Estados Unidos me dicen que pronto saldrán a la luz serios cuestionamientos sobre el posible papel del Paraguay, uno de los países con mayor corrupción en América Latina, sobre la protección de terroristas árabes. Demasiadas cosas ocurren bajo demasiado secreto en ese país.

(The Angeles Times Syndicate)

El autor obtuvo ayer el premio “Rey de España”, en reconocimiento por su investigación del lavado de dinero y la corrupción en América Latina


Comentarios


El terrorismo islámico y la conexión latinoamericana