“El viaje”
Siempre me pasa lo mismo, cada vez que me toca viajar me pongo muy ansiosa. No importa a que destino me dirija, si son muchos o pocos los kilómetros a recorrer; si lo hago en auto, ómnibus, tren o avión; si voy en grupo o sola; en pareja, con amigos; de día o de noche; con escala o de un tirón. El solo hecho de trasladarme me genera ansiedad, incluso en más de una oportunidad me ha costado dormir la noche anterior y no pocas veces no pude pegar un ojo. Si bien mi médico clínico me recetó una pastillita para que me relaje, en muy pocas oportunidades las tomé, las veces que lo hice estuve abombada todo el día siguiente. La acción de ausentarme del lugar de residencia y de la cotidianeidad despierta en mí un entusiasmo que pocas cosas me dan. En realidad no importa mucho hacia dónde me dirija, no soy pretenciosa o exigente. A lo largo de mi vida me desplacé a lugares muy disímiles en características, historia, popularidad, importancia y presupuesto. La economía del país y la mía propia fueron las encargadas de diagramar el destino a elegir. Los patacones, un peso un dólar, la hiperinflación, la deflación o la inflación mentirosa fueron quienes opinaron hacia dónde dirigirme. Lejos de enojarme o amargarme cuando cambiaron los destinos a los cuales tuve que encaminarme. Dos meses, un mes, quince días, una semana, un fin de semana largo o incluso un fin de semana con día puente o túnel, cualquier cantidad de tiempo me parece bien cuando de vacacionar se trata. También me he adaptado a cualquier tipo de alojamiento. Hostal, albergue, estancias, posadas, pensiones, hotel de distintas cantidad de estrellas, hasta el cielo estrellado de la carpa a la intemperie. Cada comienzo de año laboral trae consigo la esperanza y el entusiasmo de saber que, luego de once meses, vuelven las vacaciones y con ellas la posibilidad de viajar. Este año no tengo compañía, nadie quiso unirse a mi plan. El colectivo recorrió 320 kilómetros de los 404 que separan mi residencia en la Ciudad de Buenos Aires y Mar del Plata. En la comodidad del asiento en el que estoy y con las piernas estiradas me dispuse a escuchar música, luego me sumergí en la lectura de “Los hermanos Karamazov” y ahora estoy escribiendo las sensaciones que produce el tomarme el descanso anual. Es cierto que de poder hacerlo hubiera preferido un programa más atractivo. Trabajé todo el año con intensidad y resté tiempo de descanso haciendo horas extras. Si lo pienso bien me da un poco de bronca, porque considero que me merezco otra cosa. Pero tampoco quiero amargarme, porque si encima de lo poco que me tocó me predispongo mal, desaprovecho esta posibilidad. En un poco más de una hora llego a La Feliz. Me quedo en la estación recorriéndola y dentro de cinco horas tomo el micro de vuelta a Retiro. Sergio Ezequiel Garrone, DNI 14.922.495 Sarandí – Buenos Aires
Sergio Ezequiel Garrone, DNI 14.922.495 Sarandí – Buenos Aires