El vicio de editar

La revista «Humor», como pequeña trinchera irreverente frente a manejos autoritarios del poder, tiene una historia en la persona de Andrés «el tano» Cascioli, quien impulsó proyectos varios en ese sentido.

El primer emprendimiento fue la revista «Satiricón», encabezada por Oskar Blotta y con la dirección de arte de Cascioli, que sufrió clausura en 1974 bajo el gobierno de Isabel Perón.

Blotta sacó más tarde «El ratón de Occidente» y fue secuestrado. Cascioli, colaborador en esa última revista, puso entonces en los quioscos «Chaupinela», pero fue detenido y el proyecto no prosperó. De cualquier manera ya había un sello editorial -La Urraca- y un equipo formado por Carlos Abrebaya, Jorge Guinzburg, Tomás Sanz y otros periodistas.

En 1976, «Satiricón» ganó el juicio contra su clausura y reapareció, pero duró poco: el golpe castrense de 1976 la dejó nuevamente fuera de juego.

Es entonces cuando Cascioli reagrupa a su equipo bajo el alero de otra intentona, la revista «Perdón», de vida efímera por problemas financieros sumados a amenazas y el exilio de algunos de sus integrantes.

En el renglón de esta clase de publicaciones hay que mencionar en 1977 a «Mad», cerrada por el gobierno militar, por lo que su director, Osvaldo Ripoll, marchó al destierro.

A inicios del '78 Cascioli convoca a varios periodistas y dibujantes como Sanz, Aquiles Fabregat, Fontanarrosa, Crist, Maicas, Limura y Fati, entre otros muchos para sacar «Humor», cuyo primer número fue calificado por la censura «de exhibición limitada».

De todos modos la revista siguió y sumó a su staff a plumas de la calidad de Alejandro Dolina, Gloria Guerrero (dedicada al rock y las expresiones de la juventud), Hugo Paredero en espectáculos y Mona Moncalvillo en entrevistas.

«Humor» pasó de mensual a quincenal, con una venta que fue de 20.000 ejemplares por mes a 70.000 por quincena. Al mismo tiempo también creció en páginas -en 1980 tenía cien- y empezó a difundir, además de sus crónicas culturales y denuncias políticas, tiras cómicas que hoy son clásicos como «Las puertitas del señor López» de Carlos Trillo y Horacio Altuna, y «Boogie el aceitoso» de Fontanarrosa. (Télam)

Nota asociada: «Humor», una 'zona liberada' de la censura

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