«Arcones»: Las cosas que guardamos en los libros
Un libro es un artefacto mágico, eso ya lo sabemos. Un objeto más entre tantos que nos rodean; pero basta abrirlo y leerlo para que el prodigio se produzca y lo que parecía letra muerta sobre el papel cobra vida y se trasplanta en nosotros. He visto al Doctor Jekill, Otelo y tantos personajes encarnarse en la vida cotidiana, como así también a la Maga y Demian y Alejandra…
Curiosamente ese objeto también nos sorprende muchas veces al abrirlo porque suele contener otros objetos en su interior. A la manera de una caja de Pandora o de un viejo baúl donde guardamos cosas que eran preciadas en su momento, aparecen entre sus hojas testimonios del pasado que nos interrogan. Son verdaderas cápsulas de tiempo. Se cuenta por ahí que Marguerite Duras hojeaba y ojeaba un antiguo libro y encontró una vieja fotografía que disparó susrecuerdos y provocó el génesis de su conocida novela “El amante”. Borges encuentra en un libro “…en sus páginas la ajada/ violeta, monumento de una tarde/ sin duda inolvidable y ya olvidada…”
¿ Lectora, lector, qué cosas guardás entre las hojas de los libros? ¿Con qué propósito lo hacés? ¿Qué objetos has encontrado entre ellos que te han provocado risa o una lágrima furtiva? Muchas veces guardamos cosas ocasionales como tarjetas de presentación, una factura comercial o algunas anotaciones de urgencia sobre un pedazo de papel que luego olvidamos retirarlas. Más interesantes son los objetos archivados a propósito, con la idea de conservarlos.
Entre mis libros aparecen, de vez en cuando, viejos boletos “capicúa” de colectivo, mapas de ciudades que visitaba en el momento de leerlos, recién encontré uno de Comodoro Rivadavia; también servilletas y sobrecitos de azúcar del “Café Tortoni” y de otros cafés famosos; muchísimos y variados señaladores, algunos curiosos y raros; cartas y notas de gente muy querida; un grupo de fotografías en blanco y negro del niño que fui; tréboles de cuatro hojas, pétalos de rosa, diversas variedades de flores disecadas sobre el papel. Y lo que dio origen a esta columna: dos hojas de roble de 2015, mudos testigos de los últimos paseos de mi padre en su camino hacia la muerte.
Comentarios
Estimados/as lectores de Río Negro estamos trabajando en un módulo de comentarios propio. En breve estará habilitada la opción de comentar en notas nuevamente. Mientras tanto, te dejamos espacio para que puedas hacernos llegar tu comentario.
Gracias y disculpas por las molestias.
Comentar