Fin de Salentein
Finalmente la firma Kleppe se quedó con parte de las tierras que todavía tenía Salentein Fruit en la región del Valle Medio. El resto de los activos fue entregado a una empresa de cerezas local en un contrato de alquiler con opción a compra. De esta manera, la firma holandesa culminó su proceso de desinversión que había iniciado a mediados del 2010 con la posterior venta del galpón de empaque y las explotaciones frutícolas que poseía en el Alto Valle a la firma cipoleña. En ese entonces Kleppe se quedó con la planta de empaque, frigorífico y unas 500 hectáreas frutícolas. Salentein deja así la producción de frutas en la Argentina, un sueño que tuvo el fallecido empresario holandés Pon cuando, a mediados de la década del 90, llegó al país con la compra de la estancia Las Colas en la provincia de Entre Ríos, donde creó Farming Salentein. A partir de allí sumó a sus negocios la venta de frutas fundando Salentein Fruit, con inversiones en el Valle de Río Negro, Tucumán, Córdoba y Mendoza. En esta última conoció a Carlos Pulenta, quien era embajador honorario de los Países Bajos, y lo introdujo al negocio del vino.
Finalmente la firma Kleppe se quedó con parte de las tierras que todavía tenía Salentein Fruit en la región del Valle Medio. El resto de los activos fue entregado a una empresa de cerezas local en un contrato de alquiler con opción a compra. De esta manera, la firma holandesa culminó su proceso de desinversión que había iniciado a mediados del 2010 con la posterior venta del galpón de empaque y las explotaciones frutícolas que poseía en el Alto Valle a la firma cipoleña. En ese entonces Kleppe se quedó con la planta de empaque, frigorífico y unas 500 hectáreas frutícolas. Salentein deja así la producción de frutas en la Argentina, un sueño que tuvo el fallecido empresario holandés Pon cuando, a mediados de la década del 90, llegó al país con la compra de la estancia Las Colas en la provincia de Entre Ríos, donde creó Farming Salentein. A partir de allí sumó a sus negocios la venta de frutas fundando Salentein Fruit, con inversiones en el Valle de Río Negro, Tucumán, Córdoba y Mendoza. En esta última conoció a Carlos Pulenta, quien era embajador honorario de los Países Bajos, y lo introdujo al negocio del vino.
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