Flamenco

Por Redacción

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La esencia femenina se exalta cuando se enreda en acordes gitanos. No importa su físico, no importa su edad.
La guitarra caló mueve hilos profundos, como si agitara acordes mágicos de un antiguo hechizo andalusí.
Cada nota esculpe la curva justa en la cadera y ese giro lento del brazo, termina en la mano, abriendo los dedos como los pétalos de una flor.
La cintura se quiebra y se repone violenta, con la mirada severa al cielo como desafiando a Dios. Sus pies, como puños, gritan en las tablas su clamor.

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