Francia y otros se preocupan por combatir la obesidad

Por Redacción

La obesidad es un tema serio, que tiene ciertamente que ver con nuestra salud. Por ello algunos gobiernos se ocupan de ese tema en procura de proteger a sus administrados, aunque con suerte varían.

Por ejemplo, en la ciudad de Nueva York, en los Estados Unidos, en el 2012 las autoridades municipales locales aprobaron una iniciativa promovida por el entonces alcalde Michael Bloomberg, que prohibía la venta de gaseosas en grandes cantidades en los restaurantes y lugares de comida de la ciudad. Pero, poco después, esa medida fue dejada sin efecto por la Justicia local. El alcalde apeló la sentencia que así lo disponía, sin éxito. Hoy los llamados “refills” (una segunda llenada del vaso, sin cargo) están de nuevo a la orden del día.

En Japón, una ley nacional dispone que las empresas y los gobiernos municipales deben medir las cinturas de los ciudadanos entre los cuarenta y los setenta y cuatro años de edad que emplean y luego alentarlos a que hagan gimnasia. Nuevamente, con efecto relativo.

México, por su parte, dispuso un sobreprecio del 10% para las gaseosas azucaradas en el 2014, con el propósito declarado de combatir la diabetes. Al cabo de un año, las ventas de esas bebidas cayeron muy fuertemente, un 12%, y, en cambio, las de agua mineral embotellada crecieron un 4%.

En los Estados Unidos, la ciudad de Filadelfia impuso a las gaseosas un gravamen similar y generó fuertes protestas. Lo cierto es que esa es una recomendación específica de la Organización Mundial de la Salud que, según ese ente asegura, da buenos resultados. Lo de México parece confirmarlo.

Los franceses también hacen lo suyo para combatir la obesidad. Y ciertamente no es poco. Desde hace rato ya están reglamentariamente muy activos en esta delicada cuestión. En el 2004 prohibieron las máquinas de venta de bebidas y alimentos instaladas en las escuelas y colegios. En el 2011 dispusieron que en los comedores escolares sólo se permita servir papas fritas una vez a la semana. No más. En el 2012 impusieron una tasa especial a las bebidas gaseosas azucaradas para desalentar su consumo. Y acaban de prohibir que, en los bares y restaurantes galos, se sirva un adicional gratuito de gaseosas a quien lo solicite.

Los franceses, cabe apuntar, tienen un 15,3% de obesos entre los adultos mayores de 18 años. No está mal. El promedio del Viejo Continente es algo peor, del 15,9%. Malta tiene el más alto porcentaje europeo de adultos obesos: el 26%. Más que uno de cada cuatro adultos, entonces.

El tema es algo más complicado entre las personas adultas de más de 30 años, atento a que entre ellas los obesos conforman nada menos que el 57% del total, entre los hombres, y el 41% del total, entre las mujeres.

En los EE. UU. la obesidad es obviamente cosa seria, lo que es notorio y salta inmediatamente a la vista de los visitantes. Algunas siluetas lo delatan. Nada menos que un 36,5% de los norteamericanos es obeso. Más que uno de cada tres, lo que sugiere la existencia de todo un problema.

No sería nada malo que el tema de la obesidad adquiriera alguna prioridad también entre nosotros. Es fácil no hacer nada y “no comprarse problemas”. Pero la obesidad es dañina para todos y es necesario, por lo menos, difundirlo.

*Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas


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